Conociéndo a Nivie.

Escucharéis, os lo advierto, inmundicias aborrecibles, pero vuestros oídos ya están habituados a ello, vuestros espíritus las aprueban, y aunque el decoro social os impide confesarlo las deseáis ávidamente mi hipócrita lector, mi cómplice, mi amigo. Y sin más demora entro en materia.

El Escritor Ilícito.

Primer Relato

Conociéndo a Nivie.

Nivie no pudo evitar dejar escapar aquella pequeña sonrisa ligeramente perversa al terminar de leer el tercer relato del libro que le había regalado su amigo ilícito, donde se describía lo que solía hacer una cierta fisgona que vivía en uno de los barrios de la ciudad, aquel libro hablaba de mujeres disolutas y de vidas licenciosas, sin embargo aquellas eran de una clase muy vulgar a su parecer, y a su gusto se le antojaban ordinarias; no obstante, no había podido evitar sentir placer y dejar salir una risa vulgar se le había escapado al leer lo que había sucedido con la fisgona contemplando en secreto como otras pecaban a espaldas de sus maridos.

Pero al fin y al cabo la fisgona tenia que ser una historia, en cambio ella era real y tenía sus propios placeres secretos, de mayor categoría, según ella creía.

Verse frente al espejo desnuda con los senos totalmente al descubierto y con apenas sus cacheteros puestos, era uno de esos placeres; dejando suelto su pelo negro, grueso y largo que disfrutaba llevar hasta la altura del delicioso culo. Le excitaba verse así en parte porque se veía hermoso, pero también, secretamente, porque le encantaba que las miradas se dirigieran a su blanco nalgamen y despertaran fantasías indecentes sobre ella quien fingía ser cándida e inocente puesto que malvadamente tales fingimientos hipócritas aumentaban su calor sexual.

Ahora que vivía sola y sin sus padres Nivie podía deambular de esa manera por su apartamento universitario llena de lujuria. Una insospechable faceta en una joven estudiante aparentemente puritana, que hablaba varias lenguas y que trabajaba en un Contact Center multinacional. Ella jamás habría podido sospechar tampoco, viéndose así en sus cacheteros negros de encaje, que podría llegar a mojarse al verse a sí misma desnuda frente al espejo. A decir verdad se le hizo agua la boca al ver en el reflejo del espejo su coño mojado, acto seguido pasó su lengua lascivamente por sus labios al ver su vulva excitada por el sólo hecho de contemplarse a sí misma, se hacía notoria su Delta de Venus bajo sus cacheteros ahora empapados.

Nivie era una chica de contextura aparentemente delgada, solía vestir jeans y buzos de algodón sin querer llamar demasiado la atención en su trabajo de operadora pero en realidad tenía un cuerpo firme. Sus ojos eran grandes, negros, y llenos de fuego enmarcados en unas cejas arqueadas, su boca muy carnosa, y adornada con hermosos dientes, tenía la lengua delgada, estrecha, de un bello color rojo, y su aliento era suave y delicado. Sus tetas eran pequeñas firmes y blancas como el mármol, sus flancos descendían deliciosamente hasta un culo artísticamente formado. Pero lo que más despertaba su voluptuosidad era ver sus largas piernas, que ahora cruzaba con cierto aire de ramera pervertida, o tal vez de mujerzuela privada, riéndose para sus adentros.

Nivie estaba sentada frente al espejo, recordando la noche anterior en la que había gozado de los placeres más lascivos que bordeaban lo repugnante tal y como a ella clandestinamente más le gustaba, sonreía mirándose al espejo recordando su manía jugosa, como ella la llamaba. Su vulva rosada se mojaba cada vez más al recordar lo sucedido, empapando sus cacheteros negros de encaje mientras pensaba con deleite en el sabor de los dos licores prohibidos que más le gustaba degustar. Desde la noche anterior había dispuesto en su habitación de dos espejos que se reflejaban mutuamente de modo que lograba verse sus propias nalgas al hincar su blanco trasero tocándolo vigorosamente ella misma.

Luego de bajarse sus cacheteros hasta la altura de las rodillas Nivie se entreabría ese culo exquisito mirando siempre el reflejo de sus nalgas en el otro espejo con una mirada perversa, entonces una deliciosa rosa estrecha se ofrecía a su propia vista; se reía bribonamente pensando que era una delicia poder verse la rosa del culo y excitarse a sí misma con ella; entonces lentamente subió su mano y se lamió un dedo para luego rascarse muy delicadamente aquella rosa, ¡pero qué estrecha, qué pequeña!, tanto, que sólo con arduos trabajos había podido triunfar el miembro duro de uno de sus amigos, dos o tres veces nada más, en sus embestidas la noche anterior. Luego de haber contemplado su propio culo libidinoso volvió al sofá donde había dejado el libro que su amigo ilícito le había obsequiado y pensó:

-Que malvada soy, más que la fisgona y las demás mujerzuelas que se relata en esa historia. Una malvada que gusta de beber jugos prohibidos. Sin duda no había sabor mas exquisito que aquel que manaba del jugo del coño de su mejor amiga, algo de sal y dulce a la vez, cuyo novio aportaba el semen espeso que era el otro néctar que más le gustaba degustar, ya que al tragárselo después de probar el jugo de su amiga acentuaba el sabor de éste en un promiscuo e indecente cocktail de dos sabores.

La noche anterior había sido radiante: luego de ser follada como una callejera se había arrodillado sobre la alfombra blanca haciendo que su amiga Alejandra y su novio Danilo se quedaran desnudos y de pies; acto seguido se había chupado sus propios dedos largos y finos que estaban adornados con las uñas pintadas de esmalte color sangre toro, ungiéndolos de saliva espesa para poderse adentrar y hurgar con obscenidad en el calor obscuro del coño de su amiga, haciendo un rostro de maníaca de lujuria al hurgar, con el delineador muy ligeramente corrido por el sudor, sintiendo como su corazón se aceleraba explorando el coño abierto; mientras Nivie hacía tales delicias el novio de su amiga le templaba muy duro su cabello negro y grueso de hermosa india que tenía, jalándolo y diciéndole al oído los más deliciosos insultos dignos de una puta privada que erectaban sus pezones al oírlos por la voluptuosidad que le producían embriagándola aún de mayor calor.

La muy libertina de Nivie, comportándose como una ramera de salón la noche anterior sobre ese mismo sofá había pasado la yema del dedo sobre el botón erecto del clítoris de su no menos disoluta amiga Alejandra que dejaba escapar pequeños gemidos soltando al final alegres chorros espesos de jugo de su obsceno coño abierto, oportunidad que esperaba Nivie para abrir su boca, recibiendo el deseado elixir de coño de su amiga, embriagada de lujuria mientras se lo tragaba todo.

Al tiempo que se deleitaba golosamente con el jugo del coño la licenciosa jalaba vigorosamente el miembro duro del novio de su amiga, sonriendo como una bellaca y pasándose la lengua por las comisuras de sus labios aun empapados de jugo, ansiando ahora que el sujeto llegara al punto de eyacular, momento en el cual Nivie se introdujo agresivamente todo el miembro en su boca cuyos labios carnosos se había pintado de color rojo vino tinto para tal ocasión, deglutiéndolo todo con una gula bribona e incontinente, tragándolo enteramente con la avidez de una serpiente y luego succionando; dejando escapar sonidos de gozo y al tiempo de congestión de su tragona garganta ávida de semen, así se saboreaba el jugo de la verga, como ella lo llamaba para combinar su lascivo cocktail de dos sabores. Aquella había sido otra singular noche, conociéndo a Nivie.

Mientras tocaba su vulva de veintidós años recordando aquella noche sonó el timbre súbitamente. Eran sus amigos que esperaba. Dejó a un lado el libro donde había leído el relato de la Fisgona y se puso su bata.

Después de hablar por el citófono diciendo ¿Quien de ustedes, quiere pasar conmigo a la sala? Estoy en bata.- Se fue a maquillarse un poco.

Al parecer había varias personas dos hombres y una mujer, se oyó al otro lado una voz.

-Yo -dijo Danilo, llevándose a Alejandra, a la que manoseaba desde hacía una hora en el viaje en un Uber. Por cierto su amiga llevaba unas trenzas que a Nivie le parecieron de campesina. Con ellos estaba otro hombre amigo de la pareja llamado Cristian.

Un vez entraron a la sala ingresaron formando un círculo en el lugar lleno de cojines, y enmarcado por los espejos que Nivie había dispuesto, y fue entonces cuando se les entregó a todos.

Era imposible imaginar más voluptuosidad al quitarse la bata; zarandeaba su mano con una ligereza… sus movimientos eran de una suavidad y una violencia… ofrecía a aquellos muchachos su boca, su seno o sus nalgas, con tanto arte que indudablemente los que no descargasen sería porque no podían satisfacer una mujer. Danilo y Cristian se empalmaron y Nivie empezó a sacudir con tremenda fuerza sus vergas duras, cada uno en una mano, la conmoción fue inmediata a las varias sacudidas; el semen de Cristian saltó sobre el seno de Nivie y Cristian se extasió manoseándole el trasero a Alejandra con su blanco nalgamen, observación que fue tanto más notable por cuanto durante toda la operación Cristian no se le ocurrió tocarla por delante, eran unos viciosos de la rosa, modo en el cual llaman al ojete del culo.

Entretanto su amiga Alejandra se entreabría su propia rosa que tenía cierta forma de estrella radiante también y la mostraba ampliamente a Cristian abriendo las mejillas de sus nalgas con sus manos obscenamente cuyos dedos adornaban unas largas uñas palo de rosa; Danilo a su vez introdujo su miembro entre la rosa maldita de Nivie diciendo: ¡Pero qué pequeño!,y lo era tanto, que sólo con arduos trabajos podría clavarlo completamente con en sus atracones.

Empezó a sentir el agujero de Nivie muy estrecho -le dijo-, te habrás prostituido furiosamente por el trasero durante tu vida.

- Ja! ¡Obvio, señor!, -le contestó-, los placeres son tan caprichosos y agradables que no hay más remedio que ofrecerse un poco a todo en secreto.

Entonces sorpresivamente Nivie sintió que la verga de Danilo salio de su culo causándole un dolor placentero y la boca de su amiga Alejandra se pegaba herméticamente al agujero entre sus nalgas y que su lengua trataba de penetrar en el orificio; a pesar de gemir de placer y estar flotando en la lujuria Nivie aprovechó el momento con habilidad, como mirando por el rabillo del ojo, y agarrándola con fuerza hizo deslizarse sobre su lengua la verga mejor nutrida que era la de Cristian y la más dura. El procedimiento hizo que se mojara aun más su vulva, entonces supo que era el momento de probar algo que tenía en mente; al fin, después de media docena de mamadas, y mientras los otros jodían a Alejandra Nivie se levantó caminando contoneando las nalgas hacia el rincón de su habitación cerca de donde estaba la cama y les mostró a todos una cubeta de agua en la que se remojaban cuatro manojos de varas de cuero entrelazado. Se trataba de varias disciplinas de cuero.

-Ármense -les dijo la disoluta- con estas armas, aquí tienen mi culo y se hincó abriéndose las nalgas: como ven, es estilizado, rosado y muy tierno. Toquen. Y cuando su amiga y los otros dos obedecieron les dijo: -Ya ven -continuó-, es suave como un durazno la piel de mi culo, se calienta bajo los correazos y mi flor no se abre más que con los excesos más increíbles. Me pondré en esta posición -dijo, tendiéndose a los pies de su cama, sobre el vientre y con las piernas en el suelo-; sírvanse, por turnos, de estos dos instrumentos, las fustas de cuero para darme disciplina en el culo. Tomará un poco de tiempo pero verán una señal obscena de mi trasero anunciando la proximidad del orgasmo. En cuanto vean que a este culo rosado le pasa algo extraordinario, han de estar listos para que les hagan lo que les diga; cambiaremos de lugar, Yo me dedicaré a las sabrosas nalgas de Alicia, tú Cristian le harás lo que me habrás visto hacer, y yo me correré como una fulana.

-Todos se rieron.

Pero, sobre todo, no se impacienten, porque, se lo advierto una vez más, va para largo. Alejandra empezó diciéndole un par de insultos con una sonrisa sardónica. Al tiempo que se friccionaba vigorosamente su coño con una mano mientras con la otra tomaba una de las fustas de cuero entrelazado. Nivie acostada con el blanco trasero expuesto para todos.

¡Vamos! ¡Rómpanme mi culo! Dijo- Sintió el primer fustigazo de la disciplina de cuero sobre sus nalgas.

Alejandra sentía una gran lujuria castigando el trasero de Nivie, en ese momento dio una orden a Cristian para que introdujera un dedo entre su rosa para sentirlo mientras daba azotes, de ese modo los daría con mayor brío, sabía que Nivie quería poner a prueba sus facultades fustigadoras que le habían elogiado prodigiosamente en otras ocasiones y se haría la dura; el placer del dedo entre su rosa la hizo sentir un escalofrío delicioso, la empezó a fustigar con toda la fuerza desde la mitad de la espalda hasta las pantorrillas, y esto hasta que su piel blanca se tornó rosada y luego roja por todas partes. Terminada la operación, la libertina Alejandra de cuando en cuando mamaba y jalaba vigorosamente el miembro de Danilo y Cristian, luego frotaba su coño caliente y mojado sobre las nalgas de Nivie ahora la fustigada y seguía con el castigo.

Nuestra disoluta, inmóvil, no se agitaba más que si estuviese muerta; hubiérase dicho que saboreaba en silencio los movimientos internos de la voluptuosidad que recibía con aquella operación, pero ningún vestigio exterior, estaba desafiando a Alejandra. Por fin, de pronto, se le vio levantar el lomo indecente y delicioso y separar las nalgas, Danilo le dio un par de nalgadas y Alejandra unos fustigazos a ciertos intervalos, mientras los dos jodedores Danilo y Cristian se turnaban para abofetearle ese hermoso culo y ser mamados por la misma Nivie; por fin salió un gemido, Alejandra azotó, sus golpes hacen sacarle gemidos a Nivie que sudaba pero seguía desafiante la muy disoluta. -Vamos, valor -¿no tienes mas? Le dijo Nivie- !Estamos que llegamos a puerto!

Entonces vino a suceder aquello extraordinario que ella predijo. Los cabrones atendían la boca de Alejandra con las trolas levantadas llenos de furor; sus vergas duras se pegaban a sus vientres. — Pega tu coño a mi culo fustigado -le dijo a Alejandra-, y dale unos bofetones, sólo necesito eso para venirme.-

Nivie empezó a mover aquel delicioso culo como una poseída mientras Alejandra sentándose ahora encima de ella hacia fricción sobre éste con su coño. Hay que hacer justicia y decir que Nivie se portó como una verdadera heroína de Gomorra, y nuestra heroína del impudor se empezó a dar dedo metiendo su mano por debajo de su cuerpo que yacía boca abajo. En ese momento vino a decirle a Alejandra que le diera una tripleta de sendas cachetadas en el culo enrojecido. Alejandra la desmontó y a los cabrones les ordenó que le jalaran de su pelo y estuvieran listos para escupir su hermosa y delicada cara, para que la profanaran justo cuando llegara el éxtasis de su orgasmo pero no antes, ellos se alistaron a obedecer y haciendo todo esto muy organizadamente el culo de Alejandra empezó a convulsionar y al caer encima de su trasero el último bofetón de la tripleta que le dio Alejandra soltó un gran pedo al tiempo que se empezó a correr como un animal en un prolongado orgasmo mientras soltaba un liberador alarido. Los dos cabrones hicieron lo que ella había exigido en su delicada cara recibiendo la profanación con expresión de placer y luego los dos jodedores eyacularon en sus nalgas rojas mientras que Alejandra siendo tirada de sus trenzas por los cabrones se encargó de empatarse las tetas con el elixir que ellos derramaban lista a relamerlo sobre el culo irritado de Nivie que daba todavía pequeños brincos de inicuo placer gimiendo.

Luego vino un momento de calma. Despues de una muy corta siesta Nivie le dijo a Alejandra que era un tesoro y que en su vida había sido fustigado tan bien como por aquella ofrecida. Alejandra estaba tan subida de humos y para demostrarle el caso que le hacía, se acercó al cubo de agua que estaba al lado de la cama y empezó a mearse en frente de todos entre el cubo y en su propia mano, luego procedió a frotarle con la orina sus nalgas fustigadas. Nivie dio un pequeño signo de irritación placentera, muy sorprendida por tan bellaca acción, pero la muy disoluta se abrió el nalgamen y le dijo, -No olvides regar unas gotas de tu dorada lluvia sobre la rosa también, cosa que Alejandra hizo con gusto.

Todos se rieron.

Acababa Alejandra de darle lluvia a la impúdica rosa de Nivie cuando Danilo tomo sus robustas tetas para apretarlas y morderlas y su compañero le empezó a tirar de sus trenzas como si fueran las de una criada de taberna. Danilo la puso a mamar hasta tragarse la base de la verga y hacerla toser, entonces él eyaculaba, Alejandra recogía en la mano, cuidadosamente, el semen que él soltaba y se friccionaba sus tetas con aquel bálsamo. En realidad, aquel asunto de la sodomía era lo que más le gustaba a Alejandra y habiéndole calentado un poco aquel hermoso trasero, Danilo colocó a la robusta en una posición muy indecente, sin duda, pero en la cual podía, como se ha visto antes, hacer mamar su miembro duro mientras él chupaba la rosa de su trasero lozano y voluptuoso. Entre tanto Cristian lanzó rugidos que demostraban su felicidad clavando a Nivie sin piedad pues escupió su semen con toda su fuerza entre su coño y en el momento de salir, no dejó la menor duda sobre el templo que había sido incensado. El coño de Nivie estaba enteramente lleno de semen.

En cuanto a la robusta Alejandra, se abalanzó como una loba a succionar el elixir del templo de Nivie abriéndose camino separando las nalgas de esta aun enrojecidas. Una respuesta como ésta, tan llena de indecencia, y procacidad, provocó unas prodigiosas erecciones de nuevo en los jodedores que empezaron a jugar un poco más rudo. Ellos opinaban que por ser Nivie tan obscena se la desvirgase por el culo inmediatamente con una botella de vino que estaba en la mesa, ya que Nivie era una glotona, pero su amiga, recordándoles los inviolables compromisos contraídos con su culo que debía ser violado primero, se contentó con condenarla a que se acercase de rodillas y chupara durante un cuarto de hora la verga a cada uno de ellos. La pobre castigada Nivie riéndose como una bellaca cumplió la penitencia, pero Cristian, a quien la ceremonia le había excitado, y que después de haber sido mamado por Alejandra le había manoseado prodigiosamente el culo a Nivie y soltó villanamente todo su semen en aquella linda boquita, y amenazóla con estrangularla si rechazaba una sola gota, y la corrompida riéndose y burlándose de sus amenazas se lo tragó todo diciendo: Ja- ya fueras capaz de estrangularme cabrón, Jajajajaja.

Nivie, la puritana operadora internacional que vestía con modestos buzos y que no llamaba demasiado la atención en su trabajo en ocasiones sentía gran placer al ser tratada con cierta rudeza como una ramera y gustaba explorar la paciencia de sus jodedores. ¿Quien lo podría siquiera imaginar? Alejandra y Cristian fueron chupados a su vez. La escena fue agradable y voluptuosa, Alejandra meneó y meneó la verga de Danilo e hizo descargar al hombre en la nariz de la otra muchacha.

Tras otra corta siesta, pasaron a la sala de nuevo donde estaban los espejos que se reflejaban mutuamente y donde en ocasiones solía Nivie leer relatos a sus amigas, allí ya se encontraba dispuestos los cojines.

En casa de Nivie había muchos tacones y botas y ella tenía una fijación libertina; sin saber por qué ni cómo, le pidió a Alejandra calzarse unos tacones negros muy altos de plataforma para una ceremonia tan sencilla como bizarra: dispuso que Alejandra se acostara boca arriba. Nivie se puso en cuatro encima de ella como si fuera a hacerle un 69 y le pidió que abriera más las piernas entaconadas mientras le sostenía sus tobillos, los hombres se meneaban la verga un rato, y Danilo se puso detrás de Nivie para encularla. Lo mismo hizo Cristian delante de Alejandra enterrándole su miembro por el orto, que Nivie chupaba después de salir la verga.

¡Oh! ¡Que rico! -dijo Alejandra, que siempre tenía ganas de hacerlo por el culo pues era una amante de la rosa, esto es, de la sodomía-.

Quiero que alguien coja mis cacheteros y se masturbe la verga hasta derramarse y se los ponga durante toda la velada dijo Nivie súbitamente tomando de las piernas a Alejandra que estaba acostada con sus con sus trenzas de campesina y con el orto abierto para el próximo jodedor. Y ordenando a Danilo que acudiera a hacerle este favor, se escuchaba a Alejandra:

- ¡Vamos, sigue! -dijo flemáticamente la más robusta, colocándose cómoda en su cama-. Este asunto de que se pongan nuestros cacheteros después de pajearse con ellos idea de mi encantadora compañera en esta velada me dice lo fetichista que es la muy depravada, en cuanto mí, me acomodo a ello perfectamente.

Y Nivie prosiguió así:

Bueno queridos, dijo, ahí están mis cacheteros negros y en el otro lado los de Alejandra; aun con los miembros duros se aprestaron a coger las prendas interiores de las dos amigas a quienes les encantaba que en esa operación las llamaran mujerzuelas y cada una tomó al jodedor que llevaba la prenda intima de la otra y, envolviendo sus vergas con la prenda les empezaron a menear y jalar con vigor besándose al tiempo entre ellas. Mientras las dos libertinas se besaban se enredaba la hermosa cabellera negra de Nivie con el lindo rostro de la robusta. Después de hacerlos venir en sus rostros los hicieron ponerse los calzones de ellas empatados aún de semen, en ese momento Nivie sintió deseos de hacer algo sobre los rostros de los jodedores también y miró perversamente a su amiga.

Deben tener sed antes de dormir, sus ojos brillaron; tu hazlo a Danilo y yo a Cristian yo me acerco a él; los besaron dos o tres veces muy lúbricamente en la boca, les dijeron que se arrodillaran sin protestar, haciéndose debajo de ellas que se mantuvieron de pies, y mientras tanto, sin dejar de decirles que fueran buenos niños, Nivie les pide que empiecen comerles la vulva. Ella se resiste un poco, sólo con la intención de inflamar sus deseos, ellos insistían, logrando sus propósitos, pero cómo describir el éxtasis que hace presa en Nivie cuando ve el paquete de ellos erecto saliendo la ropa interior de ellas mientras su amiga le estrujaba fuerte y vigorosamente las nalgas y viceversa.

- ¡Abre esa boca, pequeño bribón! ¿Te haz eyaculado en mis calzones?… ¿Cómo puedes hacer tales cochinadas?

Y dicho esto, teniéndole siempre de rodillas y contemplándolo con los calzones de mujer puestos y el miembro duro, se frota el clítoris, se agita, se echa sobre la boca abierta de Cristian y lanza su meada como una lluvia sobre la boca del intemperante jodedor y luego sobre su paquete empalmado y asomado de sus cacheteros, todo esto mientras hunde su lengua en la boca de Alejandra que hace exactamente lo mismo con el otro puto.

- ¡Eh! ¡Qué Rico! -dijo Nivie-. Su mirada se perdió en el vacío alcanzando el clímax de su lujuria y a lo lejos en una esquina pudo ver el libro de relatos que su amigo ilícito le había obsequiado ¿No gozo acaso mas que la del relato de la Fisgona?

Esa debe ser un puro cuento en cambio yo soy real y no oculto ningún detalle.

Mientras pensaba esto disfrutó al ver como sus dos amigos se habían bebido su elixir dorado mientras con el dedo le hurgaban la rosa que tanto les gustaba a ella y a su amiga que se había corrido gimiendo indecentemente.

Ese fue aquel día conociendo a Nivie, la delgada pelinegra que todos creían tan puritana en su trabajo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.