Falsas utopías, campos de batalla y genealogías goyescas

Contracrítica
Nov 6 · 6 min read

El sueño de la razón. La sombra de Goya en el arte contemporáneo

Comisaria: Oliva María Rubio

Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa. Hasta el 24.11.19

Hoy hace 200 años que Goya inició las pinturas que poblaban las salas de La Quinta del Sordo y que actualmente se pueden disfrutar en el Museo del Prado: Las Pinturas Negras. Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa da cuenta de ello y lo celebra con la exposición El sueño de la razón. La sombra de Goya en el arte contemporáneo, que acogerá hasta el 24 de noviembre. En ella, la comisaria Oliva María Rubio ofrece una revisión de la obra de Goya de la mano de diversos artistas con diferencias generacionales (de los 60 hasta la actualidad) y geográficas, que demuestran que efectivamente Goya es un pintor moderno y universal.

Goya, en el contexto ilustrado intenta acabar a golpe de razón con la Leyenda Negra Española y traduce en obra pictórica, con un afán crítico, todo aquello que la perpetuaba. Esta visión crítica del mundo se puede apreciar en mayor medida en las obras de su última etapa: Las pinturas negras, Los disparates, Los caprichos y Los desastres de la Guerra, conjuntos que dan nombre a los cuatro bloques temáticos de la exposición.

Qué representa Goya y cómo lo hace, es fundamental para que este haya sido considerado por André Malraux o Valeriano Bozal, citados en el folleto de la exposición, como un pintor plenamente moderno. Goya, cuya utopía ilustrada queda mermada por la Guerra de la Independencia, representa un mundo sufriente por el sueño de la razón y lo hace de manera muy personal, a través de lo subjetivo, lo onírico e incluso lo grotesco; alejándose de los cánones pictóricos de su tiempo. La modernidad, a pesar de sus promesas de felicidad universal, fue también un periodo marcado por la guerra y el fracaso de las utopías que para ella se planteaban. Por ello, las imágenes de la obra de Goya, producen una simbiosis perfecta con las imágenes documentales de los conflictos bélicos que asolaron el siglo XX, conjugadas ambas en la obra que abre la exposición, Nada-Dance with the Dead de Mounir Fatmi.

Francisco Leiro. Cronos vomitando a su hijo, 2014. Imagen extraída de https://elcultural.com/la-sombra-de-goya-planea-sobre-el-arte-actual

Esta obra da paso al bloque que hace referencia a Las pinturas negras que es quizás el menos interesante de la exposición. Este presenta un predominio de obras pictóricas, algunas de las cuales como El Perro de Goya I de Antonio Saura o la obra de Pablo Serrano Saturno Ed. 68 retoman temas concretos ya representados por el ‘‘maestro’’; otras, en cambio, se aproximan cromática y formalmente al tratamiento de la superficie pictórica que tenía Goya, usando principalmente negros, ocres y rojos, que se combinan mediante trazos caóticos y empastados que llegan, en algunos casos, a la abstracción. La amplia selección pictórica puede llegar a ser un tanto monótona, sin embargo, el cambio de escala y la personalidad formal de la talla de Leiro consigue devolver la atención al espectador y el ritmo a la exposición.

La modernidad se asoma en Los disparates a través de la subjetividad, en ellos Goya plasma libremente toda clase de figuras oníricas y monstruosas, imprimiendo su marca personal. Con la misma libertad, son invitados a realizar su disparate los más de cuarenta artistas, entre ellos Eva Lootz, Alicia Díaz Rinaldi, John Berger o Blanca Muñoz, que han participado en la iniciativa de la Fundación Fuendetodos Goya, que desde 2001 propone trabajar a artistas en su disparate, con la única restricción de mantener el formato que utilizara Goya (38 x 53 cm). Aunque no todos los disparates del proyecto están expuestos, los que se pueden apreciar dan cuenta de la variedad de la colección en la que, la personalidad de cada artista queda patente.

La exposición pasa de lo creativo a lo irónico con Los caprichos. De esta sección la obra protagonista es Asnería de Pilar Albarracín, que ensombrece la reinterpretación de otras estampas de Goya, incluso si estas son de su grabado más conocido, El sueño de la razón produce monstruos, retomado por Yasumasa Morimura en la obra A nightmare is coming, craeling up. Get up! En palabras de la crítica Rosa Martínez Delgado, la producción artística de Pilar Albarracín ‘‘desvela el drama de las estructuras de dominación y pone en evidencia la violencia ejercida sobre las mujeres. Pero no lo hace desde un dogmatismo moralista, sino desde la ironía o el sarcasmo de visiones surreales y apropiaciones jocosas” [1]. Goya también utiliza el tono irónico para poner de relieve las estructuras de poder de su tiempo, y evidenciar cómo en los estratos más bajos de la sociedad, faltos de educación y oprimidos por los grupos de poder, emergen tradiciones basadas en la superstición que son origen de toda clase de monstruos y personajes fantásticos.

Pilar Albarracín. Asnería, 2010.

En las imágenes en las que Goya presenta Los desastres de la guerra (que abarcan tanto la serie homónima de grabados como sus óleos del 2 y 3 de Mayo) se ve su particular visión de la misma, la cual para él no entiende de bandos, pues en ella ambos despliegan sin miramientos una crueldad sin límites, quedando únicamente vencidos. El siglo XX fue un siglo eminentemente bélico, por tanto no es de extrañar que numerosos artistas vuelvan su mirada a Goya. Así los diversos creadores de esta sección, plasman distintos campos de batalla utilizando medios muy diversos, que van desde técnicas mixtas que dan la sensación de pintura en campo expandido en Farsas Goya. Fusilamiento de 27 de Agosto de 1979, obra de Dora Longo, en la que se apropia de una imagen de Jahangir Razmi, que se convirtió en uno de los emblemas de la Revolución iraní; hasta obras de marcado carácter conceptual, como la instalación Réserves: La fête de Pouri de Boltanski, en la que se encierra al mismo tiempo la individualidad y la universalidad del sufrimiento del holocausto, todos podemos ser el niño cuyos rasgos aparecen borrosos en la fotografía.

Dora Longo. Farsas Goya. Fusilamiento de 27 de Agosto de 1979. 2014.

En relación con todos estos campos de batalla, y pasando por alto un ‘‘otros’’ en el que se muestran algunas obras también de inspiración goyesca, pero que enturbian el discurso de la exposición centrada en estos cuatro campos tan delimitados, querría destacar la obra que cierra la exposición Desnudo en el Prado de Cristina Lucas, fotografía de una performance que politiza el cuerpo, y más aún el cuerpo femenino, presentándolo, como ya lo hizo Barbara Kruger, como el nuevo campo de Batalla del siglo XXI. Está obra deja a un lado la modernidad revisitada durante toda la exposición dando un paso hacia la posmodernidad, en la que el cuerpo, además de campo de batalla, y como indica Negri en sus reflexiones sobre el cuerpo, es también instrumento del arte y de la revolución, es ‘‘la materia viva determinada y concreta (es decir, el contenido y el motor) de todas nuestras expresiones’’[2].

Cristina Lucas. Desnudo en el Prado. 2012.

Además de la exposición, el Centro apuesta por un discurso que aúna las artes visuales y escénicas e incluye en su programación teatral Monsieur Goya del aclamado dramaturgo José Sanchis Sinisterra, invitando al espectador a vivir una experiencia goyesca completa.

Blanca Molina.

1. MARTINEZ, Rosa. Pilar Albarracín. Una y mil mujeres en http://www.rosamartinez.com/t_albarracin.htm Fecha de consulta: 04/11/2019

2. NEGRI, Toni (2000), Arte y multitud, Trotta. P.46.

    Observaciones del panorama cultural madrileño en el otoño del 19, desde el Centro de Estudios del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

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