Afuera de la única tienda de videojuegos del Alto Las Condes, hay un Super Mario de plástico del tamaño de un enano de circo que hace el gesto de la victoria. Tengo una imagen grabada: un niño de dos años lanzándose sobre él para darle un cariñoso abrazo. Otra generación hechizada por Super Mario, el “working class hero” de la era gamer, el Mickey Mouse de mi generación.

Mario es un gásfiter, un obrero gordito de vida común y corriente, que de golpe tiene que salvar a un pueblo oprimido (los Toads) por un dinosaurio poderoso y acaudalado (Bowser Koopa) que controla a la milicia (los Koopa Troopa) y arma un golpe de estado secuestrando a la Princesa Peach, tomando así el control de los distintos mundos del Mushroom Kingdom.

En el primer título de la saga Mario Mario (Ese es su apellido. Por algo con Luigi son la dupla Super Mario Bros. ) avanza literalmente por cielo, mar y tierra, castillo por castillo, buscando a la princesa como quien va de celoso tratando de encontrar a la polola perdida en una disco.

Mario para mí es una lección de vida. Cuando cae a un acantilado, es agredido por un enemigo o descubre que su objetivo está en otro lado, sigue adelante, incansable a pesar de su sobrepeso, hasta derrocar al malvado oligarca que deja a sus hijos controlando cada uno de los mundos. (Véase Super Mario 3, Super Mario World, New Super Mario Bros. )

Mario no es solo un cuadradito que hace “piu, piu” como sus antecedentes de Atari. Fue el primer amigo de muchos cuando no sabíamos hacer amigos, y fue el acercamiento directo de toda una generación con la electrónica. (¿Quién no hizo el gesto idiota de presionar A y mover el control hacia arriba pensando que Mario iba a saltar?: es el verdadero antecedente delWiimote).

Con los años Mario evoluciona: En el primer título Miyamoto ahorró píxeles colocándole bigote y gorro. En las entregas posteriores aparece su cara. En Super Mario 64 su mundo pasa a ser tridimensional como el nuestro. Hoy con el estreno de Super Mario Run (la filosofia Nintendo postula que cada sistema tiene su Mario, hoy cruza plataformas) sabemos que es capaz de viajar por distintos planetas. Así pasa de generación en generación sin perder su calidad de ícono.

Mario siempre nos lleva a un lugar mejor porque él ES nuestra infancia. Eso a pesar de tener vicios de grande.

En medio de toda la presión de rescatar a esa pelolais insoportable que es la princesa (que tambien tiene toda su revolución femenina rescatando a Mario en Super Princess Peach), cada vez que toma un hongo Mario se percibe más grande, rodeado de árboles y nubes que le sonríen, se come una estrella y alucina sintiéndose inmortal. Super Mario es un gásfiter súper escapista atrapado en un mundo de ensueños, el único personaje de videojuegos que se parece cada vez más a nosotros.