“Deja que las cosas fluyan”

Hoy, de eso que un amigo me decía: “Deja que las cosas fluyan”. Y de la estigmergia.

Descubrí la semana pasada que soy lo que Emilie Wapnick llama “una persona multipotencial”. Un término raro para referirse a aquellxs como yo que tienen interés por muchos campos del saber y de la creación, aptitudes transversales, y alta capacidad para la síntesis de ideas, el aprendizaje y la adaptación. Estoy constantemente reflexionando, buscando fallos y límites para poder imaginar puentes y soluciones. Soy idealista, proactiva, y tremendamente reflexiva. (Empiezo por lo bueno)

Y allí va que le doy vueltas y vueltas a cualquier asunto, sea profesional, familiar, o íntimo… Empiezo a identificar las fuerzas, las debilidades, maravillándome por todo lo bueno, pero centrando mis pensamientos en todo lo que no funciona, porque eso es lo que voy a buscar solucionar con obstinación. En el fondo, si el asunto me interesa de verdad, no dejaré que el pez se me escape sin haber indagado en él hasta lo imposible, y a veces sin haberlo intentado factualmente todo, a golpe de éxitos, de fracasos y frustraciones.

Recuerdo a mi padre allí por los 90, tendría yo unos 13 o 14 años, y tocaba marchar de casa por dos semanas para las vacaciones escolares con mi madre y mis hermanas (así fue que me pasé mi infancia con mi padre, grandiosidades de lxs hijxs de divorciados, pero ese es otro asunto). Dos semanas, con su contado de camisetas, jerseys, pantalones, bragas y calcetines… su lote de gorras, gafas, bufandas, botines y guantes… Lo pensé un rato, y finalmente opté por aquel enorme bolso deportivo de mi padre, práctico, según mis cálculos de tamaño ideal, y cuya estética me haría pasar en el aeropuerto por moderna. Mientras iba colocando ropa y accesorios, mi padre observaba: “que no va a caber”. Pero yo, OBSTINADA, pensaba “que TIENE que caber”. Y así los dos un buen rato hasta que rompí la cremallera del mejor bolso deportivo de mi padre, por testaruda. “Ça passe ou ça casse”: puede ser un gran éxito o un rotundo fracaso… Como me dijo un profe de filosofía en el instituto: “Señorita Yap-Chine, usted es capaz de lo mejor, y de lo peor”.

Generalmente, siento cómo el objeto de mi interés pasa a formar parte de mí, paulatinamente. Pienso en él día y noche. Aquel proyecto que tengo de webradios eventuales. Si lo uno, si lo otro, si es que pudiese hacer tal y tal cosa, contactar con ese y con la otra. Invierto mi energía, mi creatividad, mi imaginación, mis recursos técnicos, financieros, personales, sociales, etc. Desde fuera cualquiera que me viera o me escuchara en ese momento diría que aquel dosier y yo, hemos fusionado como átomos. Ya no se sabría quién llegó antes: si el huevo o la gallina, yo o el maldito dosier, porque me han empezado a salir hojas por las orejas y anillas por la nariz.

Y así es como, igualito que las infantas, yo también me he comido muchas ostias. Porque el mundo exterior, los bolsos deportivos, los dosieres y proyectos, lxs clientxs, lxs colaboradorxs, lxs amigxs y los hombres, viven una vida propia, totalmente independiente de mi voluntad. Estáis allí fuera de mi cuerpo, felices como peces en el agua, que yo me agite o me quede quieta parada en la orilla del mar.

Hace algunos años, me descubrí una (nueva) pasión por la música. A alguién como yo, una multipotencialidad obstinada, hay poca cosa peor como descubrirse ya no un interés, sino una pasión, porque lo que pasa en mi mente no es fusión de átomos normal, lo que ocurre es una auténtica y espléndida fusión nuclear. Vibro mil, y me desvivo en ideas y proyectos, poniéndole medios a mi ambición. Así es cómo había dado mucho de mi persona, de mi tiempo, de mi dinero, montando repertorios, buscando salas, números de teléfono de programadores, negociando condiciones, firmando contratos, dibujando carteles, organizando ensayos, imprimiendo coordenadas gps, tomando clases, recogiendo escenarios, descargando equipos, redactando notas de prensa, configurando newsletters... Así era que hacía de taxista, de booker manager, de administradora secretaria, de webmaster, de community manager… de cantante. Me gustaba, me sentía viva, cada día era diferente, lo que alimentaba mis ansias de novedad. Multipotencial espléndida, vamos, aunque lo que me faltaba claramente era sentido contable. Finalmente me llevé una buena ostia al darme cuenta de que no por agitarme mucho se me iba a recompensar más que mis compañeros, ni ellos se agitarían más de la cuenta, por muy simpáticos y talentuosos que fueran, para defenderme en las situaciones de mayor o menor conflicto.

Para entonces estaba muy confundida al creer que podía exigir de los demás que cumplieran con los compromisos que me exigía a mi misma, inclusive los de justicia. Entre otras cosas, porque nunca tuve tanto dinero como para obligarles, pues son raras (y preciosas) las personas que se mueven en este mundo sin ser obligadas por el afán de lo puro metálico. Con la crisis vivida en Europa desde unos años, no sé si subrayar que la especie de personas capaces de entusiasmarse y arriesgarse por las ideas y la belleza escasea. Probablemente sea esa una de mis mayores desilusiones en Europa, y los días de cansansio, la desilusión se convierte en total desesperanza.

Esas situaciones se repetieron muchas veces a lo largo de mi vida, lo que llevó un amigo a darme un consejo: “Deja que las cosas fluyan”. Durante años esta frase la escuché sin entenderla, centrando mi reflexión en objetos ajenos antes que mi propio interés, confundiendo prioridades. “Deja que las cosas fluyan”, o sea, deja de intentar controlar lo que te rodea, no dejes que te afecten las pasiones, letargias y muertes lentas ajenas, escucha tu instinto… pero respétate a ti misma, ante todo.

Cambio de chip.

Para empezar a nivel personal, yo hacía años que esperaba que ese “amigo” se me declarara, esperaba que se pusiera a recorrer kilómetros y a cruzar mares y océanos por mí. Al final, me pidió que por favor dejara de escribirle jejeje. O sea que la fracesita, guay, pero chaval, haberme ahorrado años de espera. “Deja que las cosas fluyan”, o como encubrir infantilmente un “déjame tranquilo que yo paso”.

Sin embargo, me hizo reflexionar sobre el motivo por el cual algunos proyectos avanzan, y otros no, y sobre la relación que yo quería tener con ideas y equipos. Así fue cómo descubrí la teoría de la estigmergia. Lo bueno de esa teoría para una persona como yo, con muchas ideas y proyectos, es que me permite tomar cierta distancia y liberarse de cualquier presión “moral” por cumplir algo o no.

Aquí un extracto de un interesantísimo artículo de Lilian Ricaud sobre la estigmergia (traducción mía):

La estigmergia no es ni competitiva ni colaborativa en sentido común. Con la estigmergia, una idea inicial es dada libremente, y el el proyecto es llevado por la idea, no por una personalidad o un grupo de personalidades. Ningún individuo necesita permiso (modelo competitivo) o consenso (modelo colaborativo) para proponer una idea o iniciar un proyecto. No hace falta discutir o votar una idea, si es buena o necesaria, va a suscitar interés. El interés vendrá de personas activamente implicadas en el sistema y que tendrán la voluntad de esforzarse para llevar el proyecto más lejos. No surgirá de votos vacíos por parte de personas que tienen poco interés o implicación en el proyecto. Mientras el proyecto lo sostiene o lo rechaza una base de esfuerzos contributivos, y no votos vacíos, la contribución de personas implicadas en la idea tendrá mayor peso. La estigmergia también les permite a las personas controlar su propio trabajo, pues no requieren del permiso del grupo para decirles con qué método trabajar o en qué parte contribuir.
La persona que ha tenido la idea inicial puede efectuar o no las tareas para avanzar con el proyecto. La promoción de la idea se hace sobre la base del voluntariado, por un grupo entusiasmado por la idea; no son necesariamente los fundadores de la idea los que la pondrán en práctica. No hace falta buscar fondos y apoyos; si una idea es buena recibirá el apoyo requerido. (en práctica, todavía no es verdad, pues pocas personas ofrecen voluntariamente su tiempo libre a proyectos, pues la mayoría está atada por un trabajo y obligaciones del sistema financiero en el que vivimos. Además, seguimos viviendo en un sistema basado en las personas/personalidades, en el que solamente las personalidades más fuertes son escuchadas). El secreto y la competitividad no son necesarias pues una vez la idea dada, esta misma y todos su desarrollos les pertenecen a los y las que deciden trabajar en ella. Cualquiera puede proponer un trabajo, la idea no se va a morir o para por culpa de personas; la aceptación o el rechazo dependen del trabajo hecho, y no de la persona que lo ha hecho. Se aceptan o rechazan todas las ideas en función de las necesidades del sistema.

Este es el modelo que pretendo seguir libremente de aquí en adelante. Participar y sumarme a los proyectos que me gustan, e invitar a todas las personas que quieran sumarse a mis proyectos a hacerlo libremente, y a ponerse en contacto conmigo para intercambiar sobre vías de trabajo y desarrollo conjuntos o paralelos 👉 coco@cocotheroad.fr / ️Whatsapp 0033635249543 / www.cocotheroad.com

Like what you read? Give Cora Coco a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.