El gordo
El Gordo era un primo de mi padre y también se llamaba Miguel.
Una vez, cuando era niño, subí a un taxi con mamá y cuando se indicó la dirección, el taxista dijo, con voz severa, que no nos podía llevar ahí. Mi mamá se pasmó un momento pero tras un segundo lo reconoció: pinche Gordo, me sacaste un susto. Ese es casi el único recuerdo que tengo de él. Tan sólo se aparecía a veces en alguna reunión pero siempre se mantenía muy distante. Se divorció de su esposa, por motivos que ahora puedo adivinar, luego consiguió una placa de taxi en Tulum y ahí se quedó. Pasé mucho tiempo sin saber de él, más de 10 años, hasta hace unos meses que me encontré una nota en el periódico. Le pregunté a mi padre si era cierto lo que la nota decía y me dijo que sí, que El Gordo siempre había estado metido en mamadas. De cierta forma para mi papá fue muy conveniente que El Gordo se muriera. Acababa de heredar un terreno y El Gordo había empezado a reclamar que él también tenía derecho. Yo sólo sé que era taxista y que tuvo una hija cuyo nombre no recuerdo.