Las historias de gatitos siempre son tristes

Tendría unos dos meses de edad, lo encontré junto a la puerta del elevador. Era un azul ruso que se veía muy débil, aletargado, al principio pensé que sería sólo una hipotermia. Al tratar de reanimarlo noté cómo se le alteró el pulso, luego soltó un quejido y vomitó, así que me limité a observar y acariciarlo. Tenía los ojos entrecerrados y respiraba muy despacio, busqué en su pelaje alguna señal de su estado o la causa de su enfermedad. Pensé en buscar un veterinario de 24 horas pero ya era casi medianoche y aparte del gasto me arriesgaba a llegar tarde al trabajo al día siguiente, donde tendría una junta a primera hora. Armé un plan. Me levanto a las 5:30 para evadir el tráfico, lo llevo a la oficina escondido y luego me escapo a un veterinario. Con esa idea me fui a dormir. Lo cubrí con una cobija y lo puse en mi cama, en donde permaneció impasible. Si sobrevive, me lo quedo, eso pensé; incluso le puse nombre en un sueño. 
Al despertar, lo encontré acurrucado junto a mi cabeza, rígido y frío. Lo envolví en una playera vieja y salí a enterrarlo a primera hora de la mañana.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.