Living in the sprawl

Se ha vuelto necesario discutir la ciudad y no lo digo tan solo por las recientes contingencias ambientales. Es una realidad que se vive todos los días y de muchas maneras. Son los trayectos de 5 kilómetros en una hora, las deficiencias en el servicio de agua (para traerla y para llevarse la de la lluvia), ese tizne que se impregna en los muros grises de las avenidas, el agobio de la multitud, los silencios que poco duran antes de ser interrumpidos por la sirena de una ambulancia.

Somos muchos, eso es tal vez lo único cierto, y al mismo tiempo, el mayor de los problemas. Cuando se dice “Ciudad de México”, suele pensarse en la Condesa, Reforma, Polanco y el Centro Histórico; cuando en realidad, la Zona Metropolitana del Valle de México se compone principalmente de esto:

Las millones de personas que viven en barrios interminables sin la menor planeación urbana, en donde es difícil encontrar árboles, escuelas, trabajo y diversión; dónde la gente sólo va a dormir. Donde llegaron los abuelos hace 40 años y armaron una choza con láminas. Las parcelas que el PRI partió y repartió sin otro criterio que el electoral.


Hace unos días, encontré un mapa que llamó mi atención:

Countries named as their capital cities

Cuando me pongo de necio empiezo a decir que México-país no existe. México es una ciudad. A todo lo demás (Yucatán, Sonora, Jalisco, etc) le pusieron México sin saber muy por qué. México el de los mexicas y eso fue tan sólo el altiplano y algunas zonas del sur. Todo lo demás era otra cosa, sigue siendo otra cosa.

El hecho de que “México” lleve el nombre de la ciudad capital puede entenderse como un símbolo que habla respecto a la concentración del poder. Además de México esta característica es común tan sólo con Guatemala, Panamá (que debe su fundación como país a una obra de ingeniería civil con fines de control geopolítico) y las ciudades-Estado (Monaco, Luxemburgo, Kuwait, Singapur)