De cabeza en la oscuridad

Luciano Bertone tiene hoy 19 años y vivió lo que fue la experiencia más inesperada de su vida atrapado en un ascensor en el año 2004, cuando apenas tenía 8 años de edad.

Fue en una noche del 24 de noviembre, fueron minutos en los que todo sucedió… Minutos en los que ni Luciano alcanzaba a comprender la gravedad del hecho… Cuando él me va contando la historia lo observo atentamente, mirándolo y pensando en que la vida le dió otra oportunidad para encontrarse al frente mio, respirando, moviéndose, viviendo y lo más importante…, sano.

Luciano relata ese momento como si hubiera sido ayer..; no por nada dicen que las cosas más impactantes en la vida son las que a uno lo marcan y no se borran jamás.

“¿Lo peor que me pasó? (…) fue cuando era chico, tenía sólo 8 años, pero no me lo olvido más” , afirma Luciano.

El comienzo de un casi final…

Luciano al principio me cuenta todo muy rápido, entonces no llego a comprender del todo la situación y también porque no ayuda que no nos encontremos en el lugar del hecho “(…) desde el punto del razonamiento no es fácil” me dice Gloria, su mamá, días más tarde.

Todo empezó cuando Luciano le quiso abrir la puerta del ascensor a la madre y al vecino, quienes iban hablando unos pasos atrás de él. Así lo recuerda:

“Cuando abro la puerta, la abro rápido. Choca contra la pared y se vuelve a cerrar, me quedo atrapado entre las dos puertas y de alguna forma quedó uno de mis piés enganchado en la puerta de reja”.

Su mamá Gloria, cree que “aparentemente hubo una falla y al cerrarse la puerta de madera, el ascensor sube. Lo llaman del piso de arriba, el pie gira y queda el empeine sobre el piso del ascensor, él queda colgado hacia el octavo piso,la cabeza no pasa por ningún lado, es medio inexplicable”.

Luciano describe el momento:

“Se pone todo negro, no veo nada y cuando cierro los ojos estaba acostado, así me sentía,con la pierna izquierda estirada y la derecha doblada. A medida que pasaban los segundos se me iba subiendo sola, para mí fueron 5 minutos, pero en realidad fueron segundos…”.

Pienso en su pierna doblada y sin escape, en la oscuridad hacia abajo , dónde se vería un hueco infinito, aunque esté a 8 pisos de altura, pienso en la sangre corriendo dentro de él, desde sus pies hasta su cabeza haciendo presión. Toda esa situación me da escalofríos.

En el diario La Voz publicaron das después:

“Durante unos 20 minutos estuvo colgando en el vacío, a 22 metros de altura”.

“No me lo olvido nunca”, dice la abuela días más tarde. La “nona”, como le dicen todos, se le nota que es una persona muy católica por su manera de hablar. Habla como si también hubiera estado en el momento en que sucedió todo, sus descripciones son tan gráficas que hacen que te metas en la historia. Me cuenta que ella todas las noches los saluda con un “buenas noches”, pero esa vez al llamar la atendió Julián, el hijo mayor (13 años) “Nona no hables porque Luciano está atrapado en el ascensor”. Ella se quedó sorprendida y pensaba que había quedado entre piso y piso, pero después le contaron realmente lo que sucedió…

La “nona” cuenta lo que fue para ella el accidente:

“Mirá…la cabeza de Luciano nose como pasó hija… eso fue un milagro mi amor, porque para pasar por ese espacio que vos ves en el ascensor lo que es… y no hacerse nada, ni en la espalda, ni en las paletitas, ni en los bracitos, ni en la cabeza, nada más que el piecito, yo le agradezco muchísimo a Dios que lo tenemos vivo todavía”.

Me relata que cuando la señora del noveno piso que había llamado al ascensor vió la zapatilla con el piecito de él, no se animó a abrir la puerta.

Gloria habla sobre el recuerdo que tiene de la reacción de sus otros hijos al ver las circunstancias en las que estaba su hermano:

“Después salieron mis hijos, se fueron arriba y abrieron la puerta del ascensor. Estaba el empeine ahí en el piso, se empezaron a poner nerviosos, eran chicos, tenían 8, 10 y 13 años”

La primera vez que voy a su departamento, para hacerle la entrevista a la madre, recuerdo que Luciano me dijo que seguían viviendo en el mismo piso. Llamo al ascensor y me empiezo a poner nerviosa, tengo una sensación rara, mezcla de miedo a que me pase algo en el ascensor y a la vez siento un frío que sube desde mis pies hasta mi panza. El ascensor sube de golpe, lo observo y lo remodelaron, ya no sigue teniendo las puertas de reja que me describió. Al fin llego al octavo piso y cuando salgo lo primero que veo es la puerta abierta de su departamento que deja salir un hilo de luz desde la oscuridad en la que me encuentro.

-¡Aaahhhh!, grito, alguien me agarró los hombros desde atrás, mi cuerpo se puso tenso hasta que escuché las risas de Luciano.

Al entrar observo a la madre, definitivamente Gloria es su mamá, idénticos, salvo por los ojos celestes de ella, Luciano se despide y comienzo a hablar…

“(…) yo escucho que él grita mamá,mamá y lo veo por la ventanita, en ese huequito, la cabeza dada vuelta…”

Me dice que él estuvo consciente todo el tiempo y que no se desmayó “… todo fué muy rápido, yo estaba con el vecino hablando”.

La voz del milagro

“¿Él te contó lo de la voz?”, pregunta Gloria

Luciano cuando me contó lo de la voz me quedé inmóvil, sentía como de a poco se me ponía la piel de gallina, esa voz no era ni de la madre, ni del vecino…

El recuerdo de Luciano:

“(…) escuché una voz que me llamaba por mi nombre, Luciano decía, era como la voz de un nene. Cuando abro los ojos estoy colgado de la pierna derecha, mirando para abajo, estaba todo negro, me toqué y tenía sangre en el labio”.

Piensa que debe haber sido por el susto y que se cortó a él mismo.

Pero…¿De quién era esa voz?

La opinión de su abuela frente al inesperado hecho:

“Para mi fue el ángel de la guarda que lo cuidó, porque él a la psicóloga le dijo ‘Ami nadie me tenía, alguien me decía, vení que te tengo y eso lo dijo hasta el último momento que él ya estaba bien’”

Luciano dijo que está seguro que es su ángel de la guarda y que el año pasado volvió a escuchar la misma voz…

“Al principio me cagué todo, pero después me di cuenta que era esa voz…, la misma voz del nene y después me fijé y era el día del ángel de la guarda, el 2 de octubre…”

Empiezo a creer en lo increíble. Primera vez que estoy frente a una persona que se salvó de milagro y que tuvo la posibilidad de escuchar a su ángel de la guarda.

De la oscuridad hacia la luz…

Mientras la madre me cuenta me imagino exactamente la situación, Luciano llorando, gritando que le dolía el pie, ella bloqueada parada al lado de él, el vecino buscando una soga dentro de su departamento para luego atarlo desde su piecito hasta la baranda de la escalera, la gente llegando al lugar para ver que pasaba, los bomberos separando con la tijera hidráulica el ascensor de la pared desde el noveno piso y otra persona ayudándola a ella, Gloria, a sostener a Luciano.

La experiencia de Luciano luego del rescate:

“Me sacaron, me acostaron, me revisaron y yo sentía que tenia electricidad en mi pierna, después vino la ambulancia. Estaba lleno de gente abajo, todos chusmas por supuesto…Ya en la ambulancia me ponen una bota ortopédica y me ponen una sonda, era para sacar la comida, por las dudas y era un asco, primera vez que me habían metido algo por la boca hasta el estómago”

Escribieron en el diario La Voz:

“Luciano resultó con fracturas en su pie derecho, golpes en la cadera y en sus genitales”

Pienso en lo rápido que sucedió todo, en la suerte que tuvo también en que no lo hayan llamado al ascensor desde algún otro piso más lejano, pienso en el peligro que corrió su vida.

La madre en el momento de desesperación:

“Mi hijo me decía que me quedara tranquila, yo estaba media bloqueada, no querían dejarlos subir a los chicos, yo estaba sola”

De la ambulancia, fueron al Hospital de Niños. A él le dolía el estómago y tenían miedo los doctores que se tratase de un caso de abdomen agudo. Terminó dirigiéndose al Hospital Privado, le hicieron un control y afortunadamente no tenía un aplastamiento, ya que en el caso de tenerlo, podría haber tenido una hemorragia.

Las palabras de la “nona” , con sus ojos como espejos por las lagrimas, a partir de que internaron a su nieto:

“Ahí estuvo internado, le hacían ecografías cada media hora y lo único que tuvo fue una fractura en el piecito , en el tobillo, de estar colgado tanto tiempo (…) después le dieron el alta y yo no subo más al ascensor…Gracias a Dios y la Virgen, para mi hija…. fue un milagro, tenerlo hoy a Luciano con nosotros”

La conclusión de Luciano:

“Fue una situación fea, pero a la vez fue algo que me marcó, por el hecho de que volví a nacer, fue una oportunidad de vivir”
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