(in)Determinando la prosperidad

Dos habitantes de calle conversando en el parque que separa los edificios del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Washington DC, EEUU. Foto: Julián David Cortés.

¿Por qué unos países son más prósperos que otros? Durante siglos, la arquitectura teórica edificada por científicos sociales y de las ciencias naturales ha experimentado una incesante destrucción creativa para explicar esta divergencia. Hasta hoy algunas hipótesis consideradas como irrefutables, no tienen el mismo poder explicativo que antes, y, entretanto, otras aproximaciones emergen y encuentran partidarios, escépticos, y contradictores, en la medida en que amplifican su volumen en el concierto de la ciencia. Como resultado, el mapa en el que buscamos trazar los patrones para la prosperidad de los países no nos dirá exactamente a dónde ir aunque sí nos permitirá esbozar un camino.

En el libro “Por qué fracasan los países”[1], Daron Acemoğlu y James Robinson, la pareja de gregarios más notable del neo-institucionalismo, perturban los pilares de las tres hipótesis más enunciadas para explicar la heterogeneidad de la distribución de riqueza entre los países: la hipótesis de la geografía, la hipótesis de la cultura, y la hipótesis de la ignorancia.

En primer lugar, la hipótesis de la geografía sostiene que las desigualdades entre países son generadas por factores geográficos como la ubicación de determinado país en los trópicos, en donde la calidad de los suelos dificulta una agricultura productiva y las condiciones climáticas permiten que enfermedades como la malaria, el dengue, y la fiebre amarilla, se propaguen e impacten negativamente en la población económicamente activa. No obstante, el banco de evidencia que soporta esta hipótesis no es omnipresente. Uno de los casos más ilustrativos es el de la península de Corea. Antes de la guerra que inició en 1950 y que terminaría dividiendo la península de Corea en dos países por el paralelo de los 38° en 1953, la sociedad coreana había ocupado un mismo territorio dentro del trópico de Cáncer durante siglos, sin embargo, ambas naciones tuvieron destinos bifurcados. Como se observa en la Imagen 1, en 2003 las diferencias de los dos países en términos de urbanización y la cobertura de la infraestructura eléctrica es radical. Además, en 2008 el PIB per cápita de Corea del Norte era de US$2.000, mientras tanto, el de Corea del Sur sobrepasaba los US$25.000 [1].

Imagen 1 Mapa nocturno de la península de Corea.

En segundo lugar, la hipótesis de la cultura afirma que la desigualdad entre países es causada por la cultura, los valores, o la religión. Por ejemplo, en el imaginario colectivo existe la imagen de los latinoamericanos como individuos influidos por la cultura ibérica del “mejor hacerlo mañana”. Esto, supuestamente, ha rezagado las capacidades del capital humano de la región en comparación con otros países en donde la ética protestante y el capitalismo ascético tuvieron un importante predominio, como los Países Bajos e Inglaterra. Ahora bien, si somos herederos de la cultura ibérica de “amanecerá y veremos”, ¿por qué España tiene un índice de Gini de 35,9 mientras que Colombia de 53,5 [2]? O en otras palabras, ¿por qué la desigualdad de España es menor a la de Colombia?

En tercer lugar, la hipótesis de la ignorancia asegura que la brecha de prosperidad entre los países es causada por la incapacidad de los gobernantes para hacer de un país pobre un país rico. De ser verdadera, los gobernantes diseñarían políticas públicas impertinentes para enfrentar los problemas estructurales de pobreza sin saberlo. No obstante, algunos casos muestran lo contrario, es decir: los gobernantes toman malas decisiones a propósito con el fin de atender favores políticos que les permitieron detentar el poder. Es el caso de Kwame Nkrumah, presidente de Ghana después de la independencia de Inglaterra. Nkrumah fue asesorado por notables economistas como el premio Nobel Sir William Arthur, sin embargo, ejecutaba proyectos absurdos como la construcción de una planta para producir mangos enlatados con una capacidad que superaba la demanda mundial y que, aún así, estaba en una zona en donde no había sembradíos del “melocotón del trópico”. Sin ir tan lejos, la clase dirigente del departamento de Casanare, la región que recibió más regalías en 2013 con una bolsa que sobrepasaba los COP$300.000 millones de pesos en 2014[3], construyó una instalación turística que consistía en una piscina de olas sin agua (hasta hoy abandonada), mientras Yopal, la capital del departamento, no tiene acueducto[4].

Así las cosas, si la geografía, la cultura, y la ignorancia no explican integralmente el fracaso o el progreso de los países, ¿qué lo puede hacer? Acemoğlu y Robinson aseveran que las instituciones tienen esta facultad explicativa. Las instituciones son las reglas formales o informales que las sociedades construyen y que, así mismo, moldean su comportamiento.

Ahora bien, las instituciones no siempre buscan el bien colectivo, entonces, es posible distinguir dos tipos de instituciones: las instituciones extractivas y las instituciones incluyentes. Las instituciones extractivas son caracterizadas por la incapacidad del Estado para ejercer el monopolio legítimo de la violencia, permitir la extracción de riqueza, ejercer la coerción, no garantizar los derechos de propiedad, y no disponer de incentivos para la formación de capital humano. Por otro lado, las instituciones incluyentes están caracterizadas por el monopolio legítimo de la violencia por parte del Estado, el pluralismo político, los incentivos de las personas para participar en el mercado, los derechos de propiedad, la imparcialidad del sistema jurídico, y las oportunidades para la educación. El cultivo de instituciones extractivas como la encomienda y el esclavismo, cuyos efectos estructurales persisten hasta hoy, fueron involuciones causadas por el proceso de conquista del nuevo mundo por parte del imperio español[5]. En otro plano, instituciones incluyentes como un marco de propiedad intelectual, propulsaron la Revolución Industrial en Inglaterra mediante la creación de riqueza, la innovación y el emprendimiento, como fue el caso de las empresas de Thomas Savery, padre de la máquina de vapor, y sus sucesores Thomas Newcome y James Watt.

El trabajo de Acemoğlu y Robinson ya es un clásico moderno y ha sido alabado a nivel mundial, entonces, ¿es el neo-institucionalismo la última teoría para explicar la divergencia de la riqueza entre países? Otro dúo no lo cree así. Los físicos Ricardo Hausmann (venezolano y director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard) y César Hidalgo (chileno y director del grupo Macro Connections del MIT) afirman que las hipótesis como la incapacidad de sobrepasar un mínimo umbral tecnológico, el déficit de capital humano, la falta de infraestructura, la baja productividad, o la debilidad de las instituciones, no son suficientes para explicar las desigualdades entre países puesto que son nociones a priori a las dinámicas de crecimiento, además, no han logrado incorporar ideas clásicas en la corriente del pensamiento económico como el derrame (spill-over) de beneficios sociales generados a partir de la industrialización[6].

Hausmann e Hidalgo en el “Atlas de la Complejidad Económica[7], proponen que la prosperidad económica de un país está determinada por la complejidad de su sistema productivo. La complejidad económica corresponde a la capacidad de una sociedad para transformar el conocimiento colectivo en bienes y servicios[8]. Adicionalmente, la complejidad económica de un país está constituida por dos factores: i) la diversidad de los bienes que genera su sistema productivo y ii) la ubicuidad de estos bienes. Por un lado, la diversidad es definida como el número de productos con ventaja comparativa que exporta un país; por otro lado, la ubicuidad hace referencia al número de países que exportan determinado producto con ventaja comparativa .

El siguiente ejemplo puede ilustrar mejor estas dos propiedades: ¿qué tienen en común Alemania, Bolivia y Colombia, y el cable de fibra óptica? Que estos tres países exportan este producto. Ahora bien, ¿qué tienen en común los vagones de tren, las baterías usadas y los electrodos de carbón con estos mismos países? Que con el único país que tienen relación es con Alemania ya que es el único de los tres países mencionados que exporta estos productos. De acuerdo con este ejemplo, se puede afirmar cuatro cosas: i) Alemania es más diversa que Colombia y Bolivia ya que exporta los cuatro productos enunciados; ii) el bien con mayor ubicuidad son los cables de fibra óptica debido a que es exportado por los tres países; iii) los bienes con menor ubicuidad son los vagones de tren, las baterías usadas y los electrodos de carbón debido a que son exportados únicamente por Alemania; y iv) la economía de Alemania es más próspera debido a su complejidad, o, en otras palabras, debido a que tiene la capacidad de exportar una mayor diversidad de bienes con menor ubicuidad.

El Atlas también presenta el Índice de Complejidad Económica (ICE)[9]. Empleando como metodología la teoría de redes y como insumo millones de datos provenientes del comercio mundial, el ICE es una medida de qué tan diversa y compleja es la canasta exportadora de determinado país. Según el escalafón del ICE, Japón es la economía más compleja del mundo con un puntaje de 2,34, seguida de Suiza con 2,33, Alemania con 2,03, Corea del Sur 1,9, y Suecia con 1,8, entre 124 economías evaluadas. Por su lado, Colombia ocupa el lugar 53 con un puntaje de 0,03. Entre otras funciones, el Atlas también permite visualizar la configuración de las canastas exportadoras de los países analizados gracias a los millones de datos de comercio mundial capitalizados en su plataforma. Como ejemplo ilustrativo, observaremos la visualización de datos que describe la evolución de la canasta exportadora de Japón y Colombia en los años 1995, 2005, y 2013.

Imagen 2 Sectores y colores de los sectores analizados en el Atlas de la Complejidad Económica.

En el Atlas son tenidos en cuenta 14 sectores[10]. Como se observa en la imagen 2 cada sector está caracterizado por un color y, como vemos en la imagen 3, cada producto ocupa un área determinada dentro de cada sector. El tamaño tanto de los sectores como de los productos es proporcional a su participación en dólares dentro de la canasta de exportación, es decir: entre mayor sea el área del sector y del producto, mayor es la proporción de su participación en las exportaciones totales.

Siendo el país con la mayor complejidad económica, durante los últimos 18 años analizados Japón no ha experimentado cambios radicales en la composición de su canasta exportadora (Imagen 3) [11]. Por mucho, los dos sectores que tienen mayor participación en su canasta de exportación son el sector automotriz, y de maquinaria y eléctricos. Dentro de estos dos sectores de elevada complejidad, los productos con mayor participación son automóviles y circuitos electrónicos integrados. A parte de estos productos protagonistas, podemos ver que la diversidad de productos dentro del sector es remarcable. Es posible evidenciar igualmente, que dentro de las mayores exportaciones de Japón no se encuentran sectores primarios como productos vegetales, de animales, o productos minerales, dicho de otra manera, sectores de baja complejidad.

Imagen 3 Canasta exportadora de Japón durante 1995 — 2013

A continuación, se expone el caso de Colombia (Imagen 4).

Imagen 4 Canasta exportadora de Colombia durante 1995-2013

A diferencia de Japón, Colombia sí ha experimentado cambios sustanciales en su canasta exportadora durante los últimos 18 años. Los dos sectores con mayor participación dentro de las exportaciones de Colombia han sido el de productos minerales y petróleo, y el de productos alimenticios: sectores de baja complejidad. Una de los cambios más evidentes que se observan es el crecimiento del sector de productos minerales y petróleo: en 1995 su participación en la canasta exportadora fue del 27% mientras en 2013 fue del 66%. Cabe mencionar, para profundizar el contraste, que el petróleo también es el producto más importado de Colombia con el 11% de participación en las importaciones de 2013 (¡!). Como resultado, y como se ha discutido ampliamente, a Colombia se le ha diagnosticado “Enfermedad Holandesa”. Y esto no ha sido efecto de los cambios observados en el sistema productivo durante los últimos 18 años: Colombia se ha venido desindustrializando desde los años 70[12]. Por tanto, lo que sugiere la hipótesis de la complejidad económica es que un país debe empeñarse en fortalecer ventajas comparativas en sectores productivos con potenciales de adquirir una elevada diversidad y una baja ubicuidad en sus productos.

En suma, este lacónico recorrido por hipótesis que ya no sirven (como al de la geografía, la de la cultura, y la de la ignorancia), por hipótesis avaladas y apoyadas por la comunidad académica internacional (como el neoinstitucionalismo), y por hipótesis recientes que implementan la construcción de ciencia de frontera como la teorías de redes y el Big-Data (como la complejidad económica), deja entrever que la construcción creativa de conocimiento y comprensión sobre la prosperidad de los países continúa su avance, y, cuyo rastro, concede el florecimiento de una cartografía interdisciplinaria que tendrá como fin dibujar el mapa que nos permita (in)determinar el camino colectivo hacia la prosperidad.

Referencias

[1] Acemoğlu, D., & Robinson, J. (2012). Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Barcelona: Deusto.

[2] The World Bank. (2013). GINI index (World Bank estimate). Recuperado de: http://data.worldbank.org/indicator/SI.POV.GINI.

[3] Sistema General de Regalías. (2014). Sistema General de Participaciones — SGP. Recuperado de: https://www.dnp.gov.co/programas/inversiones-y-finanzas-publicas/Paginas/Sistema-General-de-Participaciones---SGP.aspx

[4] Revista Semana. (2013). Casanare al rojo. Recuperado de: http://www.semana.com/nacion/articulo/casanare-rojo/345782-3.

[5] Acemoğlu, D., García, C., Robinson, J. (2012). Finding Eldorado: Slavery and Long-run Development in Colombia. Journal of Comparative Economics, 40(4), pp. 534–564.

[6] Hidalgo, C., Klinger, B., Barabasi, A-L., & Hausmann. (2007). The Product Space: Conditions the Development of Nations. Science, 317: 482–487

[7] http://atlas.cid.harvard.edu/.

[8] The Atlas of Economic Complexity. (2014). Glossary. Recuperado de: http://atlas.cid.harvard.edu/about/glossary/

[9]The Atlas of Economic Complexity. (2014). Rankings. Recuperado de: http://atlas.cid.harvard.edu/rankings/

[10] i) Animales y productos de animales, ii) productos vegetales, iii) productos alimenticios, iv) productos minerales, v) productos químicos e industrias relacionadas, vi) productos de plásticos y cauchos, vii) cueros/pieles, textiles, viii) zapatería, ix) madera y productos derivados, x) productos de rocas y vidrio, xi) metales, xii) maquinaria y eléctricos, xiii) automotriz, y xiv) servicios.

[11] La fuente de las imágenes 3 y 4 corresponden a la sección de visualizaciones del Atlas: The Atlas of Economic Complexity. (2014). Explore. Recuperado de: http://atlas.cid.harvard.edu/explore/tree_map/export/mus/all/show/2013/.

[12] Asociación Nacional de Instituciones Financieras — ANIF. (2012). La desindustrialización en Colombia. Bogotá. ANIF.