Nulle dies sine www

(horror vacui)

Comienzo por segunda vez mi idea para esta charla, sobrescribiendo la primera, que trataba más o menos de lo mismo, pero que en función de lo escuchado en la jornada anterior — y anotaciones mediante- modificaron parte de lo que iba a decir. Mejor, pues es más fiel también a lo que significa dar clase para mí: cambiar.

Buenas tardes: soy Mauro Ramón , y muchas veces quiero creer soy otro alumno, más que docente de Comunicación Multimedial, donde estudiamos , en esas largas horas que compartimos, lenguajes y códigos que les permiten a los chicos “moverse” en ese mundo líquido de las pantallas, de la Web, de Internet. Como me gusta advertirles una y otra vez en el cursado, la materia apenas pone el pie en las bases que más tarde, aquellos quienes quieran seguir en ese camino, van a adentrarse en un espacio profundo y cada vez más complejo; el ciberespacio.

Detrás de mí la imagen que ven ahora mismo — un navegador vacío dispuesto a llenarse a nuestro comando de cientos de imágenes, textos, videos y todo lo que habita ese ciberespacio.

¿Alguien sabe latín ?¨Nulle dies sine Internet¨

¡Pero mirá qué titulo! Esta es mi versión alternativa de la frase original; Nulla dies sine linea o “Ningún día sin una línea”. El proverbio se atribuye a Cayo Plinio Cecilio Segundo, también conocido como Plinio el Viejo, escritor, científico, militar y naturalista romano , que contaba la historia del griego Apeles de Colofón, pintor oficial de Alejandro Magno, quien según parece no pasaba ni un día sin dibujar aunque sólo fuera una línea.

En mi memoria tenía por autor de la frase al mismo Da- Vinci. Y leyendo la historia y su etimología, caigo en la cuenta que la citan profesores de latín para animar a los escritores a no pasar un sólo día sin escribir, aunque más no sea, una línea.

En realidad, la frase “Ni un día sin Internet”- que podría así traducirse -, una que jamás se le hubiera ocurrido al viejo Plinio; viene a reemplazar de alguna manera esos objetos que mediaban predominantemente la creación y el consumo de la cultura por aquellos tiempos. Había papel y algún elemento inscriptor, se partía o terminaba con algún título, mientras nosotros y nuestros contenidos eran delimitados por los límites de la página.

Para ser honesto, la imagen que antecedía a la que ven atrás; en un primer intento de texto, era la de un dibujo que hice para un taller de la universidad siendo estudiante: un hombrecito pequeño abrazando un lápiz gigante, que a su vez dibuja el papel donde él mismo está dibujado. Y un título en una parte de la hoja que decía “Horror vacui”. Como dije anteriormente, en una segunda mirada, el blanco terrorífico de la página en blanco se convirtió en vez de ello en el blanco profundo de la imagen que ahora ven en la pantalla.

Y por eso hoy, en cambio, hablamos de la pantalla y de la autopista digital, en estos tiempos de convergencia.

Pues bien: en varias de las exposiciones de la jornada anterior, se mencionaba el boceto, el esquicio, la prefiguración, el error (no el fracaso), la alteración. Aún hoy el método más rápido, efectivo, económico, “sin wifi” disponible para prefigurar algo y estudiar sus posibilidades, sigue siendo el papel y el lápiz.

Pero la mediación que viene creciendo, lenta pero inexorablemente, es la que pasa a través del formato digital. Herramientas? Digitales. Medios y canales? Digitales. Transmisión? Digital. Información? Digital. Todo tira para el mismo lado.

Todo el tiempo la tecnología va cambiando la manera en que interactuamos con el medio , le agregan “extensiones” a los sentidos del hombre ,y al igual que la cultura, como diría Mc Luhan, llegan, se incorporan, y van sumándose en capas invisibles cual traje de Ironman. Seguro que no tan vistosas, pero igual de adictivas… Navegar por Internet desde el celular? Claro. Consultar sobre un lugar a la española de Google Maps? Obvio. Chatear o aún hablar con un primo que vive en Rusia por Whatsapp? Pues sí.

Estas realidades pueden parecen muy obvias, y sin entrar en la especulación de “lo que vendrá” (wearables, Internet de la cosas, nanoprocesadores , Inteligencia artificial y otros tantos etcéteras), el tema es que — en educación- no podemos ir a caballo, y mirar pasar en avión sobre nuestras cabezas al resto del mundo. Imaginen algo así como a un cowboy, que cabalga en una película del oeste, pero le dicen “CORTEN”, se saca el sombrero, se sube a su auto y se va a su casa.

Los canales y velocidades incrementan y así los tiempos de creación e implementación se achican, hay muchos más ojos que alimentar, pero la paga es a veces menor y el trabajo mayor… en una carrera ( el diseño) donde los campos de acción se van multiplicando y complejizando en ese ciberespacio que va creciendo en todas direcciones, y como dije, cubriendo de nuevas funciones a esos Ironman digitales que para buscar, dibujar, producir, editar, imprimir, necesitan algo más que el lápiz y papel, como seguro se darán cuenta.

Igual, esto no es una oda a la tecnología. Es la resignación, la rendición a sus pies del tsunami que ello significa para la educación y el diseño y la arquitectura y lo que se les ocurra. Es el abrazo a esa pantalla que ven atrás, que espera como una Esfinge invertida a que yo pregunte para dispararme cientos de resultados, todos posibles. Es pensar que no hay, como en el dibujito del hombrecito con el papel, ningún límite en el lienzo del ciberespacio, sino flujo de información en el sentido de lectura que te toque, oriental u occidental; y pensar cómo diablos haré para que mis contenidos hablen es idioma y se adapten a algo más que el A3 o cualquier tipo de soporte que se les ocurra.

No hay horror vacui. El ciberespacio está para inundar nuestros sentidos mandando notificaciones que suenan mientras estamos dormidos ( o tratando de conciliar el sueño), y el wifi mandando/enviando cosas. El mundo fluye. Los datos fluyen. Y la comunicación se da en ese concierto caótico. Los músicos, los diseñadores.

Con algo más de práctica, de escenarios y de abucheos o aplausos, ayudemos cual músicos experimentados a los alumnos a tocar lo mejor que puedan. Pero no sólo clásica, y con violoncelo. Hay otros ritmos e instrumentos; que debemos aprender también nosotros.

Muchas gracias.


(Charla dada el 16 de mayo, en la 2º Jornada en torno a la enseñanza de la Arquitectura y el Diseño, Universidad Mendoza, Mendoza, Arg. 2017)
Afiche. Por el autor.