Esos mensajes de WhatsApp…


No sé si me estaré haciendo algo desagradable, pero algunos grupos de whatsapp se convierten en pesados. Recibes continuamente notificaciones en el móvil del mismo chiste enviado desde diferentes grupos. Ya sé que puedo salirme del grupo si no me gusta, ¡pero socialmente no está bien visto! Parece que en el poco tiempo que lleva esto funcionando se han establecido una serie de etiquetas de buen uso de los grupos, pero todavía se mueve entre lo subjetivo de las preferencias personales y lo que podrían considerarse auténticas normas de convivencia. Jorge Sanz y José Fos me recuerdan que existen páginas sobre este tema, como este post que publicó Ricardo Galli o este otro de Beta Privada.

¿Qué cosas “se deben” decir en un grupo y qué cosas “no se deben” decir? Pues la verdad es que ni idea, pero está claro que si haces un grupo de whatsapp para organizar el cumpleaños de tu hija los participantes de ese grupo deben abstenerse de discutir cuánto se quieren gastar en el regalo. Esto quiere decir que hay que hacer un grupo paralelo de whatsapp para debatir este tema (otro más). Y peor todavía es si alguno de los participantes aprovechan ese mismo grupo para organizar el cumpleaños de su hijo sin haber invitado al que ha montado el grupo! Y no olvides una vez terminado el cumpleaños eliminar el grupo.

¿Y qué pasa cuando un grupo de Whatsapp que se supone que es de trabajo sólo reciben chistes? Pues tampoco lo tengo claro, pero es cierto que en una relación laboral también pueden existir chistes y buen rollito. También es cierto que hay ocasiones en las que parece que sólo se tenga que buscar ese buen rollito y no se hable de trabajo nunca. Entonces no es un grupo de trabajo, aunque también puede ser que no tenga que existir esa diferencia entre trabajo y personal.

Otro punto interesante es cuando en los grupos algunos miembros se mandan indirectas que se supone sólo deben captar los destinatarios pero que todo el mundo se da cuenta. Una manera muy sutil de hacerlo es cambiarte el estado de Whatsapp y dejar allí una pildorita dirigida a alguien en concreto pero sin mencionarlo. Eso luego se abre a todo tipo de interpretaciones… ¿Me lo estará diciendo a mi? ¿Se refeire a otro? Entonces se inician una serie de conversaciones llamadas “privadas” en las que otras personas hablan sobre lo que sucede en el grupo preparando una “acción coordinada” minutos después. Pero eso sí, debe de parecer que no está coordinado.

Y algunas personas escriben mensajes kilométricos en Whatsapp. Qué gran mérito tiene. Piensas que se está dejando los dedos ahí para escribir todo eso. Habrá que leerlo, ¿no? Otros utilizan el dictado del móvil y claro pasa lo que pasa. Te encuentras frases que pueden querer decir cualquier cosa, incluso peores que las que te hace el corrector automático (también llamado “texto predictivo”).

No olvidemos la tentadora opción de “Silenciar el grupo”: por unas horas, por una semana, por un año… Puede ser una manera suave de no participar en un grupo y no quedar mal pero, en el fondo, quedas como un cotilla que lee pero no dice nada… Y cuando te encuentras en persona con alguno de los miembros más activos del grupo sabes que te miran con un cierto grado de… desconfianza.

Pero de todo esto lo que más gracia me hace es una amiga que tiene la tendencia de equivocarse de destinatario al enviar un mensaje. De pronto me encuentro con que me manda una parrafada enorme dirigida claramente a otra persona. Y lo más divertido de todo es que le puedes seguir la conversación un rato y ni se da cuenta, aunque al final siempre acabo diciéndole el error. Parece que ha aprendido porque ya hace algún tiempo que no los he vuelto a recibir, pero qué fácil es meter la pata.

Y luego me queda la duda de qué pasa con los mensajes directos? Ahora cuando el móvil hace algún sonido ya no lo miras inmediatamente, con lo que los mensajes urgentes puede que ni te enteres. Suena para todo: juegos, correos, chats, redes sociales…

Chatea chatea, pero chatea con cabeza.

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