No se vende, se defiende
El Ministerio de Educación anunció la suspensión de la Mesa de Negociación Salarial de la docencia universitaria programada para hoy, 31 de agosto. Al parecer, 350.000 personas sobre Avenida de Mayo y más de 200.000 en otros puntos del país no lograron que nuestro aparato tome conciencia de la importancia de la educación pública. O tal vez sí la tomaron, y justamente por eso se niegan a negociar. O tal vez se niegan a negociar porque no pueden -o quieren- proponer más que el 15% que ya fue rechazado en reiteradas ocasiones. No importa. Mientras ellos no avancen, nosotros no vamos a retroceder. Mientras no haya acuerdo, las calles seguirán siendo ocupadas por clases públicas y las facultades seguirán siendo tomadas por los estudiantes. Una breve -o no- crónica desordenada, hecha por una estudiante anónima.
Hacía tanto no veía un viento tan fuerte soplando por las calles de Buenos Aires. Las banderas y pancartas arrastraban a sus portadores, los paraguas se daban vuelta y quedaban inútiles. El frío se sentía en los huesos y la lluvia no dejaba siquiera distinguir la cúpula del Congreso. Cuando tronó, todos gritaron al unísono, al mismo unísono que entonaron luego “MMLPQTP”. Y es que era una grito de furia, pero también de impotencia. Desde marzo, las paritarias están bloqueadas, y el gobierno no deja de ofrecer un 15% de aumento, cuando la inflación ya supone más de un 30%. El primer cuatrimestre se desarrolló con pocas irregularidades devenientes del conflicto docente, pero la situación se volvió inviable. No sólo por la emergencia salarial, si no por el recorte que ronda los 3 mil millones del presupuesto universitario y de los Institutos de Ciencia y Técnica e Investigación. Diez Universidades Nacionales declararon emergencia presupuestaria -la UNAJ una de ellas- expresando que no pueden garantizar su funcionamiento hasta fin de año. Nada sorpresivo, en un marco de tarifazo, donde los precios del gas y la luz son cada vez mayores.
Frente a este contexto, los gremios docentes decidieron: no hay inicio del segundo cuatrimestre. La noticia corrió por las redes, las casillas de mails, y algún que otro medio independiente y ningún estudiante asistió a clase el lunes 6 de agosto, fecha en que estaba programado el inicio de la cursada. Pero claro, frente a la votación en el Senado de la ley de IVE el 8A, la marcha y la consecuente vigilia, poca repercusión tuvieron nuestros docentes y su medida de paro activa. Los estudiantes contentos: una semana más de vacaciones.
Tengo que admitirlo. Las fuerzas estudiantiles llegamos tarde. La semana del 13 al 17 de agosto, algunos profesores optaron por dar clases públicas. Nosotros empezábamos entonces a cursar, pero nos sorprendieron con que de contenidos casi no se iba a hablar, y las reuniones serían únicamente para explicar la actual situación y debatir sobre el recorte salarial. Ahí entendimos que el paro iba en serio. Los bancos se colocaron en la calle, y pequeñas marchas comenzaron a organizarse. Pero nada se hablaba en los grandes medios, al parecer unas fotocopias de cuadernos Gloria habían opacado el hecho de que nuestros cuadernos siguieran vacíos.

“Soy Cristina Sille, estudiante de la carrera de Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Estudio porque la Universidad es pública, gratuita y de calidad. Hoy eso está en peligro, 57 universidades del país no comenzaron las clases por falta de presupuesto. Defendamos nuestras Universidades Nacionales, la Educación no es un privilegio, ni un negocio, es un derecho. Rompamos con el cerco y con el circo mediático. #LaEducaciónPúblicaNoSeVendeSeDefiende”
Fue entonces cuando aparecimos, haciendo lo que mejor sabemos hacer: publicar en redes sociales. El Facebook se llenó, las historias de Instagram se renovaban a cada minuto y el pajarito celeste también fue partícipe. Nadie sabe donde empezó la cadena, realmente no importa. Alumnos, docentes, egresados, no docentes, investigadores, todos contaron quiénes eran y de donde vienen. Incluso estudiantes de universidades privadas reconocieron la importancia de una universidad de acceso libre y gratuito. Los diarios no tuvieron más opción y el cerco mediático se quebró. El país ya sabía que los docentes estaban de paro y que las clases seguían sin empezar. La medida se recrudeció la semana del 20 al 24, que culminó con un viernes de clases públicas, ahora en Plaza de Mayo. Sin embargo, a pesar de todo, de una nueva oferta, ni rastros.
“Mi profesor no sólo no da clases si no que también nos pidió que vayamos a cortar la calle. Y si mejor laburas”. Así comencé la semana, leyendo este Tweet al que no supe responder en sólo 280 caracteres. No puedo concebir el nivel de desinterés -o llámese desinformación-, de indiferencia, de insensibilidad, de egoísmo o de ignorancia, o de todo eso junto. La primera vez que fui a una marcha fue en el 2016. Era mi primer cuatrimestre en la Facultad de Ciencias Sociales y se había aprobado el presupuesto de la UBA con un aumento del 0%. No hizo falta más. Todas las universidades nacionales salieron a la calle para encontrarse en Pizzurno. La UBA de pie, era nuestra consigna. Y es que si me preguntan cuál es aquella cosa por la que más orgullo siento de mi país, la respuesta es simple: que la educación -y la salud, ejem- sean públicas. Es ese mismo orgullo que siento cada vez que veo que la Universidad de Buenos Aires encabeza un rankign de América -y no sólo Latina-. Ese mismo orgullo que siento cuando un profesor que da ponencias en el exterior y que formula nuevas teorías para la investigación está de jean y camisa hablándome y transmitiendome pasión por su asignatura. Y es un orgullo casi tan grande como mi indignación cuando leí ese Tweet. Porque sigo sin poder entender que los alumnos no puedan advertir la magnitud del reclamo.
Este miércoles los docentes de la Facultad de Sociales nos convocaron nuevamente para hablar del paro. Quienes me conocen no me dejan mentir cuando les digo que rara vez lloro por algo. Pero mientras ellos hablaban, no pude evitar que se me humedezcan los ojos. Ignorados, ridiculizados, denigrados por un gobierno -y una parte de la sociedad que twittea incoherencias- y acusados de formar parte de una alianza kirchnerotroskista desinformadora. Hablaron, gritaron, y hasta temblaron contando sus testimonios y exponiendo sus premisas. Horas después los estudiantes decidimos activar y tomar la facultad, de cara a la marcha del jueves. Finalmente el movimiento estuvo a la altura de sus docentes y se sumó a su reclamo. No fue sólo Sociales. Filosofía y Letras, Medicina, Farmacia y Bioquímica, Psicología, y otras tantas del conurbano y del interior, una a una tomadas por los estudiantes.

El 2018 no es un año poco particular. Se cumplen 10 décadas de la Reforma Universitaria, aquella que le concedió autonomía a las universidades. Pero si bien recordamos el hecho y lo recitamos casi de memoria, poco hablamos sobre su proceso. Siete meses se tardaron hasta resolver la situación, que sólo cumplió su objetivo porque estudiantes y trabajadores lucharon en conjunto. Extraigo entonces dos supuestos. Primero, que no importa cuanto tiempo pase, ni docentes ni estudiantes vamos a retroceder hasta que nuestros derechos se vean cumplidos. Segundo, que el reclamo sólo culmina si se trabaja en conjunto -para que la chica del Tweet entienda-.
Que no se vende, que se defiende, que es la rebeldía del pobre, que es la esperanza de los pueblos. Ayer los reclamos fueron miles: el presupuesto, los salarios, el rechazo al FMI, el boleto estudiantil, el recorte en la investigación, la vida de Sandra y Rubén, etc, etc, etc. Pero el colectivo fue uno sólo. Con la Educación Pública NO se negocia.
