Amor, te fuiste un día.

Cuando desperté hoy por la mañana no quise levantarme de la cama. Me quedé recostado, envuelto en miles de pensamientos aterradores. Solo levanté el rostro, para mirar la pared junto a mi cama. Si, la pared. Donde antes mis ojos encontraban los tuyos ahora solo observan la horrible pared. Donde antes mis labios besaban los tuyos ahora se mantienen cerrados frente a la pared. Donde mis oídos escuchaban tus suspiros ahora escuchan el silencio de la pared, y bueno, estos últimos días antes de que partieras de mis brazos parecías esa pared, que se mantiene fría y dura como tus palabras antes de volar fuera de nuestro nido de amor.

Las horas pasan y mi cuerpo se mantiene agotado, no he trabajado ni he hecho esfuerzo alguno, pero tu ausencia provoca en mí la falta de energía para moverme, la razón para levantarme y mirar el mundo con los ojitos sonrientes con los que solíamos mirarnos. Te marchaste un día y te llevaste mi felicidad contigo, te marchaste un dia y te llevaste la parte más hermosa de mi esencia y no te importó, y fuiste egoísta y yo fui un tonto por permitir que eso sucediera.

Después de pensarlo durante horas eternas, decidí levantarme y mirarme al espejo. ‘Que asqueroso te ves’ me dije a mí mismo. Lloré mirando mi reflejo, solo de esa manera sentí que alguien más entendía mi dolor y me consolé a mí mismo. ‘¿Por qué duele tanto?’ me preguntaba golpeando el mueble del baño que no tenía culpa de nada. ‘¿Por qué quema aquí adentro?’ y tocaba mi pecho que sentía que ardía y me incomodaba la dolorosa sensación de soledad. Soledad. Eso era. Era miedo a estar solo, y además porque el que me provocaba esa soledad eras tú, mi sol al cuál orbitaba a diario, mi sol que iluminaba mi piel y me hacía brillar.

Me di una ducha con la esperanza de que el agua limpiara mis pensamientos, dejaba que tocara y cayera sobre mis párpados para disimular el llanto. Me propuse a no llorar más durante aquel día, además no tenía más lágrimas para hacerlo. Me sequé, me puse nuevamente el pijama y caí en cuenta que el sol se estaba escondiendo, como mi sol. Me senté en la sillita de mimbre y encendí un cigarrillo. La ciudad continúa moviéndose, la sociedad al ritmo del tiempo y yo estancado en los recuerdos.

El humo al parecer me hizo pensar mas de la cuenta. Entendí que la persona que te ama no te deja y si él me dejó tan rápidamente significa que como una estrella fugaz se encendió en mi cielo y cayó por el borde del horizonte. No me culpé por no haber cultivado nuestro amor, porque nada crece cuando hay oscuridad alrededor, y si mi sol no alumbró en el lugar preciso tampoco lo culpo. Asi es el amor cuando te das cuenta que no es preciso buscar culpables. Entendí que el verdadero amor es entender porqué se acaba y aceptar que se va y seguir adelante.

Ahora mi sol alumbra otras flores, cultiva nuevos amores y enciende nuevos cielos. Yo continuaré observando el horizonte con el atardecer en su centro. Me sirve para pensar en lo hermoso del dolor que hoy siento. En lo hermoso que fue todo. En los misterios que podemos formar. Hoy te dejo ir, aunque no necesitas mi permiso. Hoy te suelto la mano y entiendo que quizás mi jardín no era tan hermoso, y tengo fe en que será un paraíso para el sol que venga. Estoy esperando ansioso, y por primera vez sonrio por haber encontrado la esencia verdadera del amor de pareja. Esta noche no habrá pesadillas. Esta noche no habrá sueños. Esta noche no habrá nada, y eso es lo fascinante, porque desde la nada es más hermoso cuando se llega a un todo.

Gracias por tu amor.