Enterrar los “cuernitos”.

Allí estará Mostaza, con sus dedos hacia abajo, invocando a vaya uno a saber qué Dios o qué Diablo, cada vez que repasemos la Historia. Cada vez que el corazón nos pida volver a ver aquella gesta inolvidable, sonreiremos al verlo a él y sus cuernitos. Pero ahora me nace escribir otra cosa, pienso y cada vez me convenzo más: debemos enterrar esa imagen, o al menos, guardarla en el baúl de los recuerdos y no abrirlo hasta que sea necesario.
Ya sé que en estos días, por suerte, proliferan este tipo de mensajes. En tal caso lamento la falta de originalidad y celebro la coincidencia, pero me resulta interesante ver en las redes sociales el ánimo de un Racing positivo, que lejos de ser sólo un slogan político -de esos que también abundan- pretende ser el inicio de un cambio de mentalidad.
Si bien el andar de este Racing ha sido irregular, con la pretensión, por momentos lograda, de una identidad y margen de mejora sostenida, no hace falta hacer demasiada retrospección para encontrar viejos vicios de una mirada sufrida de la situación. Como previendo una catástrofe que debería resultar anacrónica, como si formáramos como colectivo racinguista una coraza preparada para lo peor. Repasemos: La victimización ante los fallos arbitrales en el clásico de Avellaneda y Lanús; las banderas (casi todas políticas) en contra del cuerpo técnico y jugadores; los prematuros insultos en la eliminación de la Copa Argentina y la atribución a un espíritu perverso o vaya a saber qué cosa que se hace presente de local para que la pelota no entre ante Rafaela porque “somos Racing” y estamos condenados a que eso ocurra, y la reminiscencia de la fábula de los gatos enterrados…
Todo un combo de cuestiones que nos impiden transitar los campeonatos y -por qué no- la vida misma por fuera de una vorágine exaltada por la pasión pero que ya no es necesaria. Y ahí es cuando viene la catarata de preguntas: ¿Por qué decir “somos Racing” dejó de ser un mecanismo de identidad digno de orgullo para ser una explicación de lo inexplicable? ¿Por qué no aceptar que todo eso que atribuímos a un atentado sistemático contra Racing son parte del juego? ¿Acaso la suerte no es parte del juego? ¿Qué es la “mufa” en el fútbol? ¿Qué quiere decir “somos mufa” o “nos quieren mufar”? ¿Está probado que si un tipo grita el gol antes de que la pelota entre está “quemando” un gol? ¿Qué es una cábala? Y todos los etcéteras que nos permita el ideario popular.
El presente de Racing nos invita a soñar, y Diego Milito es una prueba de ello. No sé si llegaremos a dimensionar los efectos de su vuelta y, posiblemente, tampoco lo haga yo en esta historia. Pero el tipo volvió. Dejó su sueldo europeo y volvió. Volvió para cerrar el círculo de su carrera como jugador en el club que lo vio nacer, y lo hace con vigencia, con valor, con la convicción de un líder. Volvió y parece que, si está él, no habrá un solo jugador de Racing que no se entregue al máximo o que se ponga por encima de la institución porque predica con el ejemplo. Volvió, tal vez, para mostrarles el camino a casa a otros que se fueron. Volvió con la ilusión de ser el único jugador en ganar dos títulos locales con Racing en más de 50 años.
Tal vez el campeonato y la pelea por el título no sea ahora, dependiendo del juego, sus causas y sus azares. Tal vez sea más adelante, no lo sé. Lo que sí estoy convencido es que tiene que ser muy raro todo para que el timón gire hacia atrás, me refiero a los peores tiempos institucionales y deportivos, porque de las malas campañas y las malas administraciones jamás ninguna institución deportiva estará exenta. ¿Por qué seguir aplicando esas viejas costumbres?
Hagamos un Racing positivo en serio, y esto lo digo con desprecio a todos los slogan políticos para que no sea malinterpretado. Si esto sucede, tendremos argumentos y los “cuernitos” de Mostaza estarán sólo en los videos.