Diagnóstico clínico: sensibilidad e intolerancia

Ese es mi último diagnóstico y cada día de por medio se me ponen los ojos llorosos de solo pensarlo. Tal vez no tanto pero sí ha sido muy difícil todo este proceso. Tanto físico como emocional. Ha sido muy complicado y me doy el poco conocimiento que hay al respecto y el bajo nivel de empatía. Esta ha sido la parte más dura.

Para contarles un poquito la historia de cómo terminé con una dieta basada en arroz, aproximadamente en octubre del año pasado empezaron migrañas y dolores de cabeza todos los días a la misma hora. Debe ser la vista tal vez? Mucho trabajo? Ni idea. Pero en eso pensaba siempre. Todos los días entre 3pm-4pm empezaban los dolores de cabeza. A veces se me quitaba en unas horas, a veces me dormía con la migraña.

Mis dolores de estómago, colitis, gastritis o dolores de ovarios seguían presentes. Debo tener quistes otra vez pensé. También mucho estrés. Me sentía hinchada siempre. Dormía con almohadas calientes para los ovarios, tomaba Ginger Ale para el estómago, me compré aceites naturales para ponerlo en las cienes y en la frente. El sentimiento del estómago lo describiría como que agarraron mis intestinos y los están escurriendo. Igual que cuando uno agarra un trapo empapado y lo retuerce. Ese es el sentimiento. Además, por culpa de la inflamación, el dolor se va hacia el esternón y los pulmones. Entonces respirar también es complicado. Ese sentimiento lo describen como sentir una pata de elefante que hace presión sobre el pecho.

Desde hace como 10 años sufro con las espinillas. Obvio, el estrés es el culpable por supuesto. Tal vez la genética o bueno también las hormonas. Tal vez nada más tengo mala suerte y los jabones, cremas y dermatólogos no han funcionado.

Esos eran mis pensamientos continuos de todos los días durante 8 meses. Por supuesto, no se quedaban en pensamientos. Sufría y me quejaba todo el día. Mis compañeros de trabajo probablemente estaban cansados porque además mi rendimiento no era el mismo. Mi familia se debe haber aguantado varios berrinches porque pasaba muy cansada y con mucho dolor.

Un día en mayo, en época de transición de trabajo y tenía tiempo libre, me dediqué a hacerme exámenes y hacer visitas en doctores. Como si fuera viejita, pero no, soy histérica y ansiosa. Fui a la nutricionista y después de conversar y mencionar síntomas y cosas se nos ocurrió que tal podía ser celíaca. El examen de intolerancias cuesta c105,000 colones así que empezamos una prueba y quitamos el glutten. Sin saber más de la situación, empecé a comer mucho maíz, almendras y huevo.

Continué a vivir un mes viví con dolores de estómago desde que me despertaba hasta que me iba a dormir. Todo me caía mal. Todo todo me daba dolor de estómago. Se imaginarán lo angustiante que puede ser vivir con dolor de estómago permanente. Además, no es el que uno reconoce y lo relaciona con diarrea o con estrés. No no, es un dolor de estómago crónico e irreconocible. Pregunto en la farmacia por pastillas pero me comentan que como estoy en un tratamiento para encontrar una solución, las pastillas no funcionan en estos casos.

Mi solución fueron las ensaladas. Claro, sin aderezo porque tiene gluten. El problema es que el exceso de comida “verde”, lechuga, espinacas, pepino y otros, le afecta al colon. Entonces, realmente las ensaladas y los vegetales no eran tan buena solución. Al final una noche llorando del dolor de estómago decidí ir al día siguiente a hacerme los exámenes. Quien diría, al final esa ensalada si me dio muchas respuestas. Todo en la vida pasa para bien.

Intolerante a la leche de vaca y al huevo. Sensible al maíz, gluten, trigo, almendras, marañones y levadura. Ese fue mi diagnóstico. Como me dijo mi profe de yoga, mi dieta basada es gallo pinto.

Los últimos cuatro meses han sido una lucha diaria. Revisar etiquetas, buscar el pasillo de productos gluten free, que tampoco me funcionan porque la mayoría tiene harina de maíz. Reducir mis visitas al cine porque lo único que no me pueden quitar ahorita son las palomitas de maíz. Revisar el menú una y otra vez en cada visita en un restaurante. Revisar las pastillas porque resulta que muchas tienen lactosa o gluten. Intolerante a la leche de vaca pero tampoco puedo comer queso de cabra o de búfala. El queso crema verano es a base de almendras. Tampoco me funciona.

Además me tengo que cuidar del azúcar porque tengo ovarios micropolísticos. No puedo descuidar una cosa por la otra.

La coca light era de mis pocos vicios. Pues resulta que tiene aspartame que tiene gluten. Fuera Coca Light. La cerveza la adoro, puro gluten. Fuera cerveza. Ni les cuento del azúcar, otro de mis vicios. Un día en Spoon me atreví a preguntar por un postre sin huevo, harina o leche. Fuera torta chilena.

Meses después conocí a Tapioca Cocina Libre que me ha matado un par de antojos con cupcakes de manzana y zanahoria o un fudge de leche condensada de mantequilla de maní. Espectaculares los dos! Descubrí los platanitos de Soldanza “naturales, sin azúcar agregada” deliciosos! Y pues comencé a comer mucho ceviche.

Una de las razones por la que me senté a escribirles y contarles todo esto no es jamás para victimizarme sino, como todas mis historias, para recordarles que todos vivimos con nuestros propios demonios. Que muchas veces no estamos conscientes de las luchas ajenas y que todas estas son igual de importantes para cada uno. No tenemos jamás el derecho de minimizar los problemas de las demás personas. En este caso, como me dijo un mesero, mi “padecimiento”.

La otra razón, creo que es la más importante, es generar mayor empatía. Como les mencioné al principio, la lucha más difícil en esta proceso ha sido el dolor emocional de no sentirme entendida o hasta sentir un prejuicio a la situación. De la cantidad de veces que alguien me ha dicho que es psicológico o que no me va a pasar nada si me como un poquito de lasagna. Porque sí, si me como un poquito de lasagna me da dolor de estómago, diarrea o estreñimiento. Así, sin ninguna vergüenza se los digo. Si como un poquito de leche, se me brota la espalda y me dura semanas. Si como mucha ensalada voy a llorar más tarde del retorcijón. Si como mucha azúcar los ovarios pueden quejarse después. Sí les afirmo, que lo mío es sensibilidad o intolerancia y no una alergia. Si hablamos de alergias los problemas se duplican.

La última sería pedirles consejos o intenta abrir un espacio de diálogo entre personas que están pasando por lo mismo y han encontrado soluciones y postres ricos para probar :)

En Vaso Lleno me he reafirmado la importancia de las relaciones humanas y de cómo todos nos podemos ayudar para que la carga sea un poquito más liviana. Así que este me parece una situación donde todos podemos ayudarnos, crecer, ser más empáticos y vivir un poquito mejor.

¿Qué les parece?