El perfil de un posible futuro indigente

Yo no creo que uno llega a estar listo emocionalmente para escuchar las historias de un indigente. Tampoco para las de los niños en un Hospicio, de las prostitutas, de las mujeres violadas o de alguien que le acaban de romper el corazón. Parecen tener distinto impacto, pero al final, son cosas que realmente a todos nos duelen en el alma y a cualquiera le pueden pasar. Además que muchos viven con esa herida durante toda su vida.

Cuando empecé con el proyecto de los indigentes, supe desde un principio que yo no iba a volver a ser la misma pero todos los días me sorprendo de las tantas cosas que he aprendido con este proyecto. Desde la visión de los indigentes como de los voluntarios, como de las personas que saben lo que hacemos y los que no apoyan.

Hoy salí a cenar y escuché a un señor hablando en otra mesa. Yo se que uno no tiene porque escuchar conversaciones ajenas pero dijo tantas cosas que me llamaban la atención que realmente creo que algo me hizo estar ahí sentada para escucharlo. Les hablo de un señor de unos 56 años aproximadamente, con traje entero, comiendo en un buen restaurante con una muchacha tipo 34 años que parecía ser una psicóloga en ese momento. Después me pareció que era su pareja.

Desde hace un año he escuchado historias de personas que ya viven en la calle, esta historia era como un pre indigente. Sin ninguna intención de desearle ese destino al señor.

No logré entender la condición que tiene pero mencionó varias veces que tiene una condición química donde sus niveles de serotonina no son estables. Esto lo ha llevado a buscar algunas otras sustancias para lograr evitar ese sinsabor cuando sus niveles de este neurotransmisor, encargado de mantener el estado de ánimo, bajan.

La sustancia más fácil que encontró fue el alcohol y así empezaron sus noches de borracheras constantes lo que además lo llevaron a muchas depresiones. El señor entró en un círculo vicioso donde se refugiaba en alcohol cada vez que su serotonina bajaba, lo que lo llevaba a una depresión, a una goma emocional y física que lo hacían volver a tomar. Todo este proceso o retroceso lo llevaban a momentos con un “grado de locura alto” según lo dijo.

“Saqué una .38 que tenía cargada y me la puse en la cabeza tres veces”. Después de decir esto, menciona que le daba mucho miedo lo que estaba pasando pero que no aguantaba más sus borracheras, sus desniveles químicos, su inestabilidad y que no sabía (o sabe), cómo salir de ahí. Mencionó varias lecturas de libros que le había mencionado su psicólogo. Que siempre buscaba libros de Alcohólicos Anónimos y terminaba leyendo de fe y religión.

Me encantaría decirles que la historia tiene un final feliz pero no tiene final por ahora, por lo menos no lo comentó.

Como mencioné al principio, he escuchado historias de cómo las personas terminaron en la calle, pero nunca había escuchado a alguien hablando de su durante. De lo difícil que es buscar ayuda, de como muchas veces sus condiciones químicas no son las mismas que las nuestras, de como a veces necesitan ayuda y están solos, o el hecho de estar solos es justamente lo que lleva a las personas a esos huecos. De lo difícil que es todos los días. De la lucha constante.

Ayer presencié lo sencillo que podría ser para una persona convertirse en indigente. A un ejecutivo mayor, aparentemente exitoso, con una pareja que parecía ser muy cariñosa, bien vestido. A ese. No solo al muchacho que usa drogas en el colegio porque “es un vago”. O al esposo que fue infiel y por eso lo echaron de su casa. Ninguno se salva de una adicción a las drogas, de una depresión, de la soledad.

Acuérdense siempre! Todos luchamos contra nuestros demonios propios todo el tiempo. Para mí es la inseguridad tal vez, para él su inestabilidad química que lo llevó al alcoholismo, para muchos es la ansiedad, una enfermedad, una pérdida de alguien o de algo, una baja autoestima. Cualquiera que sea la batalla, ninguna es menos o más importante que la otra. Pero recuerden todos los días, que todos luchamos contra nuestros propios demonios, así que seamos personas que hagan que esas batallas sean más fáciles o por lo menos, que sean menos duras.

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