Encuentro religioso en Antigua

Al igual que todo lo que escribo, este texto no se si tiene una introducción, un desarrollo y/o una conclusión sino es más un espacio repleto de letras que buscan compartir mis pensamientos y emociones de un fin de semana repleto de momentos, encuentros e historias.

Yo nací en una familia católica y devota. De ir a misa todos los domingos y vivir las celebraciones religiosas. De tener cuadros de la Virgen en la casa y coleccionar portales. Fui bautizada, hice la primera comunión, la confirmación, pienso casarme por la Iglesia y así continuar recibiendo todos los sacramentos. Sin embargo, desde hace un tiempo me he sentido un poco distante de la religión católica.

No ha sido algo intencional ni porque esté en contra de la religión como tal. La verdad es que no sabría explicar porque he pasado por este cambio. Igual me monto todos los días en el carro, me persigno y le rezo a mi ángel de la guarda y a mi abuelito que murió hace 10 años. Rezo antes de comer y me persigno cuando me monto en un avión. La creencia sigue viva pero no tanto la práctica como tal. No estoy segura si esto tiene sentido.

Hace 9 años tuve la oportunidad, la suerte, la bendición (como se sientan más cómodos) de visitar Sri Lanka durante unos meses. Tres años antes de mi viaje, el mejor amigo de mí papá, mi “tío”, fue transferido a “Ceylon” junto con su familia y sentí la necesidad de perseguirlos.

Cuando en Costa Rica dicen que si hacen un hueco en la tierra llegan a China, están equivocados. Llegan a Sri Lanka. Un país un poco más grande que Costa Rica con su población multiplicada por cuatro. Me di cuatro meses sabáticos donde fui una mejor amiga, una niñera, una compañera, pero realmente fui una aprendiz por excelencia en este país que dicen que es una lágrima de India por su ubicación y forma.

No voy a escribirles del viaje como tal porque necesitaría un libro para contarles de esta isla al noreste de India donde la piel es oscura, los dientes son blancos y las sonrisas amplias. Donde existen los orfanatos de elefantes y las vacas están sueltas en las calles.

Lo que sí les quiero contar es de la celebración del Perahera en Colombo y mi experiencia de ese día donde sentí por primera vez en mi vida que me iba a morir y extrañamente sentí paz por todo lo que había alrededor y el estado del mi corazón.

Sri Lanka es un país budista que fue colonizado por ingleses, portugueses, franceses y holandeses. Esto tuvo muchísimas implicaciones políticas y demás pero en temas religiosos, el haber tenido presencia de estos tres países y además, su cercanía con India, Sri Lanka es un país budista por excelencia pero también con una población grande cristiana católica, hinduista, musulmana, anglicana y otras.

Un país tremendamente devoto donde se proyecta la oración del Padre Nuestro en la pared durante la misa para que todos puedan rezarlo. Durante el Poya Day, una celebración en cada luna llena del mes, todas las calles resuenan con los cantos respectivos del día y se ayuna con el respeto necesario. Un país donde cada Buda en los templos pasa repleto de flores que las visitas o los encargados colocan. Y mi escenario

favorita, un hotel donde tenían en su jardín unas esculturas de Jesús, Buda y Ganesh y cada persona podía rezarle o admirar al que quisiera.

El Perahera, la celebración que les mencioné, es un desfile de 60 elefantes vestidos con trajes y lentejuelas. Los animales van acompañados de bailes y cantos que se convierten en un espectáculo impresionante donde cualquier persona queda absorbida por tanto. Dicen en Sri Lanka que antes de incinerar a Buda, una señora se robó un diente y se lo metió en el moño. Esta celebración culmina con el elefante más grande que lleva el diente en un cofre de oro y una gran mayoría de las visitas está ahí justamente por este elefante.

Este fin de semana terminé mi viaje de trabajo con una visita a Antigua Guatemala donde no había estado antes. Con un “timing”perfecto, logré ver dos procesiones de la Cuaresma. Por la época y las creencias religiosas, las procesiones son de La Pasión, el recorrido que hizo Jesús antes de ser crucificado.

Caminamos bajo el sol caliente a las doce media y las calles repletas de gente para poder llegar a Jocotenango, afuerita de la Antigua, y ver la procesión en sus inicios. De un momento a otro nos topamos las calles cubiertas de alfombras hechas con flores, hojas, frutas, madera y otro montón de materiales. Me contaron que cada familia es la encargada de la alfombra frente a su casa. Las diseñan y las hacen todos los miembros de la casa.

Después de esperar un rato, comienzan a aparecer muchos cucuruchos, este personaje vestido de morado que representa la penitencia y las personas que lo interpretan buscan conseguir el perdón divino. Ellos son los encargados de llevar la escultura de Jesús con la cruz sobre una tarima de madera. Al ser tan pesada, hacen relevos durante todo la procesión que dura no menos de 8 horas. Lo que me impresionó fue la cantidad de cucuruchos porque, por su devoción, no llegan a la procesión cuanto les toca cargar y se van. Ellos caminan junto a la procesión durante todo el día.

Además, están las mujeres vestidas de luto que también cargan la tarima con la Virgen María. Es el mismo procedimiento que el caso de Jesús pero curiosamente no habían tantas como los cucuruchos. Me atrevo a decir que ni siquiera la cuarta parte.

Se escucha una banda de fondo y comienzan a llegar los soldados romanos seguidos de los cucuruchos, Jesús y la Virgen Maria acompañada por Maria Auxiliadora y XXX. De último viene la banda que toca durante toda la procesión con todos sus miembros vestidos con saco y corbata y las notas en la mano. Alrededor hay cientos de cientos de personas. Unos toman fotos, otros le dan agua o comida a las personas que van en la procesión, otros se persignan, lloran, rezan. Y así continúa la procesión durante todo el día. Los cucuruchos, las alfombras, la banda, el sol, los turistas, las oraciones y la devoción. Siempre la devoción.

Esta procesión en la que estuve no es ni la mitad de lo las procesiones de Semana Santa según me cuentan. Al igual que el Perahera que es un pequeño desfile comparado con el más grande del país. Sin embargo el haber estado en ambas celebraciones, me queda la misma sensación en ambas y es la maravilla de la devoción de las personas en los seres o dioses en los que cada uno cree y en todas las formas de manifestar su religión y sus creencias.

¡Antigua está repleto de señales de su devoción! No son solo las procesiones sino la cantidad de iglesias, las casas con sus telas moradas y las siglas JHS “Jesús Hombre Salvador”. En la Iglesia hay televisores a los lados para que todas las personas puedan realmente disfrutar de la misa. Los turistas respetan y los creyentes rezan y adoran el espacio donde están.

Una vez un amigo me decía que la religión era algo inventado por el hombre, él también me cuestionó si yo creía que el persignarme antes de que el avión despegue cambia en algo ese vuelo. Mi respuesta para ambas fue relacionada con la paz o la seguridad. No se si cambia el vuelo de forma tangible pero yo sí me siento más segura de pensar o creer que algo más grande que yo me cuida todo el tiempo. Me encanta montarme en el carro y rezarle a mi abuelito y pensar que él está conmigo siempre. Me fascina saber que hay personas que solo por tener un rosario en la mano pueden estar en paz o todas aquellas que entienden la muerte como la vida eterna.

Yo estoy 100% que en el mundo como muchos más los que creemos en “algo” que los que no. En Dios, Buda, Ganesh o en el Sol pero me provoca una sensación de tanta satisfacción saber que somos tantos que creemos en un ser superior que nos cuida, que nos da paz en las noches antes de dormir o durante la turbulencia en el vuelo. Al que le damos las gracias antes de comer o al que se le ofrece comida en alguna celebración. El Perahera en Sri Lanka, las procesiones de Semana Santa en Antigua y en el mundo, la celebración en Málaga, España, la romería a la Virgen de los Ángeles en Costa Rica. Podemos seguir con una lista eterna de todas las celebraciones que hacemos los seres humanos para esos “seres” que son el rayito de luz repleto de esperanza en momentos oscuros pero también el que nos acompaña en el momento de un matrimonio. Al que le debemos respeto y nos da las herramientas para la meditación o para sacrificar los animales y alimentar a la familia.

Después de este fin de semana me quedo con muchísimas ganas de poder participar en más de estas celebraciones donde, me atrevo a decir, que la religión no es el objetivo principal sino la devoción y el respeto por las creencias de los demás. Donde todos podemos creer en algo distinto y eso no nos hace superiores al otro. Al final nos parecemos más de lo que creemos y nuestras diferencias son realmente insignificantes.

Pd: Este es un testimonio a partir de lo que he vivido, leído o escuchado pero no garantizo que toda la información sea 100% verdadera. Existe la posibilidad de que algo lo haya malinterpretado o que no me contaran la versión con datos ciertos. Por si acaso :) toda la información que sea corroborada o que le puedan agregar será my agradecida!

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