La historia de Vaso Lleno

Cristina Gomar, primer vaso lleno, primera expositora de Latidos de la Experiencia, Volumen I

Hola hola, yo soy Cris Gomar, soy tica, 100% tica y mido 1,82. Yo sé, parezco de más. Les cuento de mi altura porque siento que de alguna u otra manera me ha hecho la persona que soy. A la gente le encanta, pero créanme, que no es tan fácil.

Desde que soy pequeñita he sido muy penosa. Y sí, aquí donde me ven haciendo eventos y hablando en público, soy muy penosa. Tan penosa que cuando estaba en prepa-primer grado, me pusieron a bailar de campesina al frente de toda la escuela con el chiquito que me gustaba. Yo, la chiquita que se salió de natación cuando le dijeron que había competencia, la que no fue el día que le dieron un premio en kínder por el mejor dibujo. Al frente de toda la escuela, en primer fila (no toda la vida he sido tan alta), disfrazada de campesina, con el chiquito que me gustaba. Me dio tanta pena, que bailé con los ojos tapados. No es broma, todo el baile.

Además de penosa, siempre he sido muy insegura. Ajá, planeando eventos y bombetadas, soy muy insegura.

Pero, tengo un escudo, que no se de donde lo saqué y pues básicamente siento que he vivido mi vida así:

https://www.youtube.com/watch?v=0_JoetV3ZTQ

Este evento, es justamente eso. Un “Salto de Fe” o un “Leap of faith”. Si sale bien, sale bien, y sino, pues no pasa nada. Vale la pena toda la experiencia.

A pesar de mis inseguridades, complejos y timidez aquí estoy contándoles mi historia. Además, me puse tacones para retarme más.

Para ir llegando al punto, en diciembre del 2009 me fui para una aventura que jamás pensé que me fuera a cambiar tanto mi vida. Me fui para Vail, Colorado, a trabajar con mi hermana y otros 8 amigos, amigos cercanos. Sonaba como el plan más chuzo del mundo, y así fue, increíble, no hay otra palabra.

Terminando la temporada, me dio un ataque de asma arriba en la montaña snowbordeando. OJO, soy tan inestable que me dan ataques de asma sin ser asmática. Se me acabó el oxígeno y no podía respirar. Andaba con mi hermana Susy y un amigo Fede, que reaccionaron igual que como hubieran reaccionado mis papás. Susy muy calmada, me decía que respirara, Fede se volvió loco y se puso a buscar médicos. Ya cuando los encontramos, me prestaron la bomba y por reglas de ellos, por usar la bomba, me tenían que revisar en la ambulancia cuando llegara abajo de la montaña.

Las montañas las clasifican en verde, azul, negro y doble diamante negro según la dificultad. Bueno pues pasé acostada en una camilla, agarrada a una muchacha que me bajó en sentido de “emergencia”, con tubitos de oxígeno y yo iba como la más feliz viendo para abajo. Soy lo menos deportista, no había manera de bajar esa montaña de otra manera. Llegué a la ambulancia y le pedía a Fede que me tomara fotos (primera vez en una ambulancia), igual que mi papá lo hubiera hecho, se enojó. No era momento para bromas.

Pasé varias semanas con antibióticos, guardada en la casa en varios momentos y con una sensación de miedo que no me acordaba haberla sentido antes. Para los que han tenido un ataque de pánico o de asma, me pueden entender el terror que se siente cuando no hay oxígeno, cuando “inhalar y exhalar” nada más, no es posible.

Llegando a Costa Rica, pasé 2 semanas en posición fetal. No soportaba el dolor de pecho y me costaba mucho respirar. Para mí lo normal era asumir que había sido por el ataque de asma.

Exámenes hasta del corazón me hicieron para ver que tenía. 
Llego al doctor a ver exámenes. Con un moño alto, un sweater hoodie de gorrito y unas tennis. Básicamente, salí de mi casa como nunca antes había salido. Estaba destrozada. Físicamente y emocionalmente golpeada (ni sabía porqué).

El doctor me empieza a hacer preguntas de mí, de cómo es mi día normal y pues se quedó un poco asustado. Soy una persona super estresada, con poca seguridad, negativa, explosiva, brava y resentida. Si se les ocurren más cosas negativas, agréguenlas. Por estos temas, dormía muy mal, peleaba demasiado y pasaba agotada. Claro, tenía 5678 monos en la espalda y 6878 nudos en la cabeza sin resolver.

Todos los síntomas del estrés los tenía. Se me cerraba los pulmones, gastritis, colitis, acné, se me caían las pestañas, se me descarapelaban las manos, se me caía el pelo. Y todo, por una cuestión puramente mental.
Suena ridículo después de decirlo.

El doctor me amenazó y me dijo que si seguía así, en 10 años iba a estar sin pelo, con dolor en todo el cuerpo, la piel muy delgadita y básicamente me iba a ver más vieja que mi mamá. Y mi mamá es divina, pero es 25 años mayor que yo. Y pues, pelo quiero tener toda mi vida.

Ese día nació Vaso Lleno, aunque no supiera todavía.

Pasé mis días miserables, que así les puse hace un tiempo. Y todos tenemos derecho a los días miserables. A llorar, sufrir lo que queramos sufrir, a comer helados de chocolate y ver películas románticas si nos rompieron el corazón. A irnos de fiesta y tomar más de la cuenta, a subir de peso porque sólo comemos Mac. Todos tenemos derecho a hacerlo, PERO, hay que ver la luz al final del túnel. Hay que ponerle un deadline y seguir adelante.

Vaso Lleno empezó a crecer.

Después de mis días miserables, me levanté un día y tomé la decisión de cambiar el rumbo. De respirar más, calmar el carácter, escuchar y comunicarme (no gritar). A tratar de ser más relajada, a disfrutar mi altura y hacer chistes al respecto. Poco a poco empecé a adoptar una actitud y en algún momento la actitud me adoptó a mí.

Tanto que 1 año después volví a Colorado y yo era otra. La gente me lo decía, yo lo notaba. Era diferente, hablaba con más seguridad, me daba mi lugar, hablaba cuando tenía que hablar. Terminé hasta enamorada como de 16 maes porque ya era capaz de comunicarme y socializar con personas diferentes a mi vida. Pero bueno, esa es otra historia.

En el 2012 tenía que empezar mi proyecto de graduación y Vaso Lleno por fin tuvo un nombre. Podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, pero podemos verlo siempre lleno. Ver el vaso lleno es aprender siempre de todo lo malo. Eso es, así de fácil.

Empecé a desarrollar mi tesis, estudiar todo lo que pudiera relacionado con el tema. Películas, videos, campañas publicitarias, canciones, rótulos en la calle. TODO lo que tuviera que ver con la filosofía de ser más positivo.

Con mi tesis terminada, sólo me quedaba tener tesis de honor. Ese era mi verdadero reto, no pasarla. Sino tesis de honor. Lastimosamente y con todo el dolor del mundo.

Fue una tesis: aprobada. 
Después de la tesis, nos fuimos para mi casa, de casualidad había partido de la sele (osea todo el mundo feliz), comimos chifrijo y llegaron mis personas favoritas de la vida. Mis compañeras del colegio me regalaron un queque, con el logo de Vaso Lleno y escrito por todo el costado, como yo a ellas, les llenaba el vaso. Ese queque, fue mi tesis de honor. Sentarme con todos mis amigos y que me hablaran de lo que les gustaba mi proyecto, era mi tesis de honor. Después de 2 años, ustedes hoy son mi tesis de honor.

Y me di cuenta, que tener ese título, un papelito extra o una toga con color diferente, no me iba a cambiar la vida.

Después de haberla finalizada, terminé enamorada del proyecto, me di cuenta del impacto que estaba teniendo en muchas personas que me mandaban mensajes por Facebook. De conocer gente que después de presentarme y comentar de vaso lleno, me dijeran “Ay (insertar suspiro y cara con ojitos de enamorado) ud es vaso lleno)”.

He ido desarrollando el proyecto poco a poco. Con ayuda y motivación de muchas personas, porque sí, mi vaso también se vacía como el de cualquier otro.

Y cada vez que vuelvo a ver para atrás, lo entiendo todo. Poco a poco. El profesor que no quiso (creo que todavía no lo quiere) el proyecto, lo pusieron en mi camino para algo. Mi ataque de asma, la amenaza del doctor, cada pelo que se cayó y cada dolor de pecho, todo ha ido encajando.

(Me quedan un par de cosas por entender, pero estoy segura que en algún momento todo se va a resolver).

Yo no sé como pasó, en que momento realmente hice el cambio, si de verdad estaba tan mal, o nada más era yo que me sentía realmente miserable. Pero ahora siento que la lluvia huele más rico, los abrazos son más cálidos. Los ojos se me ponen vidriosos con sólo oír una canción que me gusta. Aprendí a disfrutar tantas cosas. Me volví más afectiva, empecé a dejarme querer, a pedir ayuda, a mostrarme débil. A decir, estoy triste, a llorar en público.

Yo realmente considero que Vaso Lleno fue mi escudo, mi método de defensa y me gusta creer que me salvó mi vida. Por lo menos ha ayudado a mi familia, sino, los hubiera vuelto locos a todos.

Ojalá y a ustedes los ayude también, y sino no necesitan ayuda (mentira, todos necesitamos ayuda), que puedan hacerlo por alguien más. Que si conocen a alguien muy estresado, le puedan pegar una cachetada y lo relajen. Que si llegan a conocer a una persona con cáncer, con lupus, con un mal matrimonio, ustedes sean capaces de ayudarlos. Creo firmemente que el objetivo de nosotros en la vida, es ser trascendentales en la vida de alguien más. La famosa pregunta de ¿para qué estoy en el mundo? Yo se las respondo, para hacer feliz a alguien más. Alexander Supertramp lo dijo, “La felicidad sólo es real cuando es compartida”.

Vaso Lleno no les dice como ser más felices, pero si les brinda una manera para llegar ahí. Sin importar donde sea ese “ahí”.

Gracias totales por estar aquí, por querer el proyecto, por CREER en el proyecto. Por querer y admirar además a las personas que les van a hablar hoy.

Gracias por darme, una vez más, otra tesis de honor.

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