La vida en comunidad

Hace un par de semanas me fui junto con una de mis hermanas para Guatemala en un viaje rapidísimo. Esos viajes que duran 6 días pero que dejan enseñanzas espectaculares, esas que probablemente se quedan para siempre. A mi me cuesta muchísimo creer que 5 días en un país distinto y personas nuevas puedan cambiar tanto la percepción que tengamos de la vida.

Compramos los tiquetes una semana antes y reservamos los hostales en la misma semana del viaje. La verdad es que no teníamos ni idea hacia donde íbamos. Yo estuve en Guatemala hace unos meses y visité Antigua así que algo sabía. Pero nuestro segundo destino en Guatemala era visitar Atitlán. Pues no se porqué razón, ni mi hermana ni yo investigamos del lugar, preguntamos, leímos. Nada más tomamos la decisión de ir a conocer, contratamos al transporte y listo.

Llegamos a Guatemala un jueves en la noche y el viernes temprano agarramos nuestro Uber para irnos hacia Antigua. A los que conocen pues ya saben la maravilla que es. A los que no, se los recomiendo. Es un lugar perfecto para darse unas vacaciones ricas. Uno camina todo el día por supuesto, mercados por todos lados, artesanos que podrían darnos clases magistrales a todos de ventas, puertas espectaculares y una gama de colores que enamora a cualquiera.

El sábado en la tarde nos montamos en el transporte para llegar al lago Atitlán. Un camino de casi 4 horas por el tráfico (de vuelta duramos 2 horas) repleto de curvas y muchos mareos. Pero la maravilla se concentra en las montañas, la neblina y las familias de indígenas, vestidos con sus trajes bordados y con sombreros de vaquero.

Llegamos al puerto de Panajachel donde nos enteramos que teníamos que agarrar un bote para llegar a Santa Cruz donde quedaba nuestro hostel que encontramos en línea. Free Cerveza. No crean que lo escogimos por el nombre, sino por el concepto del lugar. La primera foto que vimos era un “jardín” gigante con tiendas de campaña tipo circo. Justo como lo ven en la foto. Yo tampoco soy tan fan de compartir baños y compartir cuartos pero ese lugar fue amor a primera vista. Yo estaba decidida a quedarme ahí. Ya al final del viaje nos dimos cuenta que fue a segunda, tercera y cuarta vista.

Agarramos nuestra lancha que iba repleta, con un par de valijas gigantes, además por nuestra falta de investigación, solo nos dijeron que Guate estaba frío entonces llevamos sweaters, jacket de cuero, tenis, botines…. me tuve que comprar un vestido y chancletas, sino me iban a encontrar flotando desmayada en medio del lago. ¡Realmente estaba caliente y soleado!

Nos bajamos en el muelle de Santa Cruz y caminamos como 25 mts. Parecíamos en serio dos viejas locas caminando en medio de puentes improvisados de madera, piedras, zacate y tierra, con valijas, carteras y bultos con las compras en Antigua. Yo me imagino la cara de los locales viéndonos a nosotros con la mayor pinta de turistas de la vida!

Llegamos a Free Cerveza y nuestro primer panorama fue un espacio tipo lobby, restaurante, comedor, jardín, terraza y cuarto de lecturas juntos. Con muchas personas de diferentes culturas. Muchos grupitos de personas sentadas en el suelo conversando. Otros leían. Otros dormían. Conquistada por segunda vez.

Fuimos a dejar las cosas a la “habitación” que era esta tienda de campaña y pasamos junto al sauna de leña, los baños amigables con el ambiente, el cuarto de duchas y murales por todos lados. Adentro de la tienda de campaña circense habían tres colchonetas en el suelo con sleeping bags, almohadas y una lamparita blanca china. Eran como las 4 de la tarde, lastimosamente con un cielo nublado, pero el paisaje era mágico. No estoy exagerando. El lago Atitlán está rodeado de tres volcanes, cerros y mucha naturaleza.

Bajamos al muelle y conversamos con Nati, una filipina que decidió hace unos años irse de su casa a estudiar a España. Cuando concluyó sus estudios sin saber a qué se quería dedicar, decidió comenzar a viajar. Se ha dedicado los últimos meses a viajar a un país, trabajar en un hostal, conocer gente, vivir y disfrutar. Después de un tiempo, cambia su destino. Estuvo en Samara, Guanacaste hace un tiempo y quedó enamorada.

Nati probablemente fue de las que me dejó una de las enseñanzas más grandes. Nos contaba que su familia y amigos piensan que ella está loca por la vida que tiene pero que al mismo tiempo la envidian porque les encanta. Nos dijo que una de sus mayores lecciones es preocuparse por las cosas que realmente valen la pena. Porque sí, para usar la expresión “vale la pena” es cuando es algo negativo. Nati dice que sus amigas se estresan porque temas que no son trascendentales ni realmente importantes en la vida. Ella en sus aventuras viajeras se ha dado cuenta de su propósito de vida y lo que ella considera esencial. Tiene un tatuaje que dice “Irie” un término rastafari que significa “Yo me respeto eternamente”. Tener respeto por uno mismo, sus creencias y pasiones, estar satisfecho con la persona que uno es y estar en paz con la vida que tenemos.

Conocimos a Fanny también, la mujer más dulce que he conocido. Esta sueca también anda viajando, es voluntaria en el hostal y se dedicó a cuidarnos de tener la cena caliente al frente, el postre recién hecho y un vaso lleno al frente. Literalmente un vaso.

Conocimos a un par de francesas que se conocieron una semana antes y parecían amigas de toda la vida. Pepe y Juli, unos mexicanos que decidieron hacer un viaje como el nuestro. Venían de su trabajo y volvían a su trabajo al día siguiente. Ellos eran probablemente las personas con las que más compartíamos el estilo de vida. Ahora hemos pensado en hacer un viaje flash a México y nos emociona saber que los podemos volver a volver o inclusive que ellos visiten Costa Rica y cuenten con dos hermanas y amigas conocidas.

También conversamos con Ali, un inglés guapísimo con el que tuvimos una conversación acerca del amor. De todo lo que nos ha enseñado y cómo muchísimas veces actuamos a partir de lo que nos han dicho. En la familia, en la casa, en la escuela o la sociedad misma. Conversamos acerca del valor de muchas personas que llegan en un momento de la vida a darnos una lección y enseñarnos con acciones que muchas cosas que creemos, son distintas. Es de valientes también reconocer el error y rectificarlo. Yo le conté a Ali de Mau, unos de mis amigos más queridos que me ha enseñado tanto del amor y de la vida que le estaré eternamente agradecida.

A mí por lo menos me hizo cuestionarme muchas cosas.

Y por más de me guste conversar y conocer la historia y la razón del brillo de los ojos de muchas personas, también soy una fanática de la soledad. No se si porque me gusta o porque lo necesito. Pero mientras mi hermana andaba de grupo en grupo conversando con un montón de personas nuevas, yo estaba feliz sentada en una colchoneta con mi libro y mis audífonos puestos con mi playlist “Meditación infinita”.

A pesar de haber tenido otras oportunidades en la vida de viajar, sí puedo garantizar que cuando un viaje incluye a personas desconocidas, a viajeros o mochileros, toda la percepción del viaje cambia como tal. Y sí, por supuesto que conocer a los locales es tremendamente importante, al igual que conocer el lugar. Pero es un factor que cambia todo el panorama del viaje. Escuchar historias de personas que viven incómodamente cómodas. Que se han deshecho de cosas materiales, desapegado de lugares y personas y se han enfocado en lo que ellos consideren importante.

No es cuestión de que si estamos de acuerdo o no con la forma en la que viven, si lo consideramos normal, si cuestionamos su futuro, es valorar y escuchar sus historias. Aprender de las personas. Ellos de fijo tienen mucha más experiencia que cualquiera de nosotros que vivimos en una vida, que por más que adoremos, puede ser a cierto punto cómoda y rutinaria.

Es practicar la empatía, el cariño por una persona nueva, reírse a carcajadas con alguien que acabamos de conocer. No es solo un momento para disfrutar de la vida en sí sino también una oportunidad para valorar lo que tenemos y cuestionarnos también la forma en la que vivimos y si realmente está alienada con nuestro propósito de vida.

Aquí es donde tienen tanto sentido todas esas frases que vemos en Facebook de es mejor llenar el pasaporte de sellos que el clóset de ropa.

Les recomiendo viajar siempre que puedan. No tiene que ser un paseo por Europa de 2 semanas ni un viaje a Disney. Pueden ir a un hostal con Caminos de Osa, a una casa en Avellanas o a cenar a Selina en San José. Pero dediquen todo el tiempo que puedan a conversar con personas desconocidas. ¡Uno aprende tanto! Y una vez más, nos damos cuenta que el mundo está repleto de personas buenas y que siempre compartimos más de las pequeñas cosas que nos diferencia como el idioma o nuestro desayuno.

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