Cuando le dije adiós a México

Tomar riesgos y aventurarse es parte fundamental de la vida. Es por eso que hace 2 meses le dije adiós a México y decidí tomar un vuelo que me llevara a 6927 km de mi país, me fui hacia el sur de América, así es, volé hacia el quinto país más grande del mundo: Brasil. Pero ahora no hablaré de donde estoy, sino de donde estaba.

Cuando le dije adiós a México dejé personas centradas en sus trabajos en busca de progreso, dejé una sociedad atemorizada por la inseguridad en el país, dejé mexicanos en huelgas por causa de las injusticias del gobierno, dejé estudiantes con miedo a protestar, dejé un gobierno que cubre los problemas del narcotráfico o que crea cortinas de humo para hacernos olvidar los problemas e injusticias, dejé un pueblo con odio contra todos y contra nadie, dejé personas prosperando, preocupándose solo por sus labores, dejé madres y padres luchando día a día para salir adelante; dejé miles de mexicanos en busca de éxito personal.

Más una noche cualquiera, sin previo aviso la tierra se movió fuertemente y en menos de dos semanas azotó contra El Centro de México y estando fuera de mi país me sentí impotente ante aquella situación, pero eso me ayudó a darme cuenta ¡Cuánto amo México! Aquel 19 de septiembre nos ayudó a todos, esos edificios caídos y personas muertas nos movieron la conciencia, nos dolió en el alma ver familias que se destruían, lamentamos los bienes materiales de las personas pero sobre todo ¡la vida de pequeños y grandes! que los vimos irse en medio de escombros, ellos hicieron que el corazón diera un grito de angustia, nos hizo pensar que ellos pudimos haber sido tú y yo, pero Dios nos dio la oportunidad de seguir en esta tierra, para seguir luchando por los que se fueron aquel día. Ese hecho sin duda marcó nuestras vidas y cambió el rumbo de la historia porque nos ayudó a ver que todos somos hermanos, que en cada persona hay un héroe escondido, que todos los que ayudaron a rescatar personas merecen un lugar en el cielo, en ese momento olvidamos la corrupción, la injusticia, la inseguridad, dejamos todo de lado para centrarnos en ayudar, ser voluntarios, recaudar víveres, herramientas, ropa, medicina, mandar dinero o para viajar a los lugares más afectados y poner un granito de arena.

Vivir esta experiencia nos ayudó a ver que esta vida no es un “todos contra todos” sino un “todos por todos” hoy eres tú, mañana podré ser yo; nos ayudó a abrir los ojos y ver más allá de nuestras propias necesidades. Nos ayudó a tener gratitud para con todas las personas y países que ayudaron a que las personas afectadas tuvieran artículos básicos necesarios; pero sobre todo recordamos que seguimos siendo humanos, y más allá de humanos, somos hermanos.

Yo estoy lejos de México, pero el cariño y amor que han brindado me une con todos los mexicanos, soñadores, trabajadores y amorosos.

Gracias México, una vez más me enseñaste una lección de vida.