De cara al #2A

Ambos presidenciables deberán dar un ligero pero suficiente giro a sus estrategias de campaña, con el fin de lograr sobrepasar la cifra del 50%.

La tensión ha terminado y habrá balotaje. En inicio, los resultados de los éxit polls preveían un margen lo bastante ajustado como para que cualquiera se atreviera a aseverar si había o no segunda vuelta. Aun así, pronto el conteo rápido de Participación Ciudadana y la tendencia del conteo de votos en el CNE hacían pensar que era improbable que Lenín Moreno ganase en una sola vuelta.

A pesar de eso, la oposición por su lado, y el oficialismo en menor proporción, se preocuparon por generar una dosis de tragicomedia al conteo oficial del Organismo Electoral, al señalar cada quien supuestas inconsistencias e irregularidades, que llevaron a muchos a hablar de “fraude”. Ahora, superado este episodio lamentable por lo que supone la desconfianza a nuestras instituciones, queda dar vuelta a la página y pensar en la segunda vuelta.

Frente a este cara a cara electoral, los dos candidatos contendores deben indudablemente redefinir sus estrategias comunicacionales dado que el contexto cambia a partir de ahora. Queda claro que tanto Moreno como Lasso tienen su voto duro, el representado por los electores que los escogieron en la primera vuelta. Para el candidato de la 35 esto representa casi el 40% del electorado con votos válidos, mientras que para el ex banquero la cifra se encuentra ligeramente por encima del 28%.

Con base en estas cifras, ambos presidenciables deberán dar un ligero pero suficiente giro a sus estrategias de campaña, con el fin de lograr sobrepasar la cifra del 50%. En principio, se pensaría que el candidato de CREO tendrá menos dificultades para hacerse de los votos que quedaron huérfanos tras la primera vuelta, porque, como su propia campaña lo asegura, él es quien representa el cambio. De igual manera, se podría asumir que el ex vicepresidente de la República tendrá que trabajársela más para resultar atractivo para quienes el 19F escogieron a alguno de los 6 candidatos hoy eliminados de la contienda electoral.

No obstante, este sería un análisis bastante ingenuo y, por lo tanto, equivocado. En elecciones las fuerzas no se suman aritméticamente y la adhesión de un candidato a otro no se traduce necesariamente en el endose de los votos del primero hacia el segundo. Lo supo Durán Barba con Macri en 2015, cuando advirtió al ahora presidente argentino que aliarse con Massa para ganar en números y competir juntos al kirchnerismo hubiese sido contraproducente, logrando un efecto boomerang y garantizado la victoria de Scioli en primera vuelta. Dicho esto, creer que los votos de las otras fuerzas políticas derrotadas el domingo 19 irán automáticamente hacia Lasso es bastante iluso.

Sin duda que muchos de los ecuatorianos que desean un cambio en el gobierno se dividieron entre los 7 candidatos opositores en la primera vuelta, lo que significa que la mayoría de estos votos irán al candidato de CREO. La pregunta, no obstante, es si serán suficientes. No hay que olvidar que la estrategia de Lasso estuvo dirigida a atraer al elector anticorreísta, presentando su candidatura como la única opción real al cambio. Es posible que CREO haya atraído en esta primera vuelta que acabamos de celebrar a gran parte del electorado que desprecia al oficialismo y que no queden tantos anticorreístas más allá fuera. Es decir, de esos electores que votarán siempre en contra de PAÍS indiferentemente de quien sea la otra opción.

Lasso y su equipo de campaña deberán, por lo tanto, redefinir su estrategia para estirar su electorado. Es posible que mantener el mensaje de que ellos son la fuerza que representa el cambio y el fin del correísmo sea suficiente para llevar al guayaquileño a la presidencia, pero este planteamiento genera dos dudas principales. Primero, que significa arriesgar demasiado. ¿Es realmente la repulsión a este gobierno tan alta para lograr el 50%? Repulsión, sí, porque entrar a considerar a quienes simplemente están “descontentos” es disparar un tiro al aire: no sabemos dónde puede caer. La segunda duda que crea es que el mensaje de cambio y de verdadera oposición estuvo genial para la primera vuelta, pero para esta nueva instancia se vuelve redundante. En el balotaje es evidente que Lasso representa la única alternativa al continuismo.

Ante estas dificultades, el giro comunicativo de la campaña de CREO podría ser más efectivo si este va hacia valores positivos y expectativa por un futuro más próspero. A estas alturas, son pocos los ecuatorianos que no reconocen que el gobierno de Rafael Correa ha hecho obra en estos 10 años. Para algunos ha sido más relevante y para otros menos, pero es difícil no reconocer avances en infraestructura vial y en el sector social. Sin embargo, 10 años es mucho tiempo y la idea de ver las cosas manejarse de una manera distinta genera, a lo menos, curiosidad. CREO debe explotar esa curiosidad y convertirla en deseo. ¿Cómo será el Ecuador de Guillermo Lasso? Esa es una pregunta cuya respuesta carece aún de un relato bien construido, que apele a los ecuatorianos de estratos medio-bajo y bajo.

En la otra esquina, Lenín Moreno se encuentra ante un desafío bastante grande. No le alcanzó para llevarse la presidencia en primera vuelta y ahora debe ver de dónde suma electores. Aún más, el principal desafío de Alianza PAÍS será empezar a hacer campaña finalmente. La primera vuelta para el binomio Moreno y Glas tuvo como base la “no campaña”. La 35, en todas las dignidades que buscaban una curul, preparó estas elecciones a partir de la “viada” que dejaron los buenos años del gobierno de Correa y que hace dos años se ha venido desinflando poco a poco. Ese impulso fue suficiente para conseguir mayoría absoluta en la Asamblea, pero no para alcanzar el 40% de la elección presidencial.

A Moreno le toca ahora sí remangarse las mangas y meterse de lleno para vencer en el balotaje. Ya no basta con intentar no hacer mal las cosas. Debe salir a buscar los votos que faltan, los votos que se le escaparon a AP. De las últimas elecciones generales a estas el oficialismo perdió más de 17 puntos, pasando del 57% de votos obtenidos por Correa en 2013, al 39,3% de Moreno en este 19F. ¿Qué debe hacer Lenín y cómo recuperar al menos el 60% de esa fuga de votos para alcanzar el 50%?

Queda claro que Moreno no es Correa y aunque algunos analistas consideran que Lenín era mejor candidato para estas elecciones por la caída en popularidad del mandatario, el liderazgo y la experiencia del presidente en campañas le habría dado posibilidades de subir su apoyo y llevarse la presidencia en primera vuelta casi sin correr riesgos. Moreno es menos enérgico y menos carismático que Correa, pero también más apacible y afable. Para su suerte, su contendor tampoco es un tipo con simpatía, así que no debe preocuparse de transmitir una imagen de mayor fuerza, aunque sí de liderazgo. Los ecuatorianos deben convencerse de que quien quiere ser presidente tiene la personalidad para tomar decisiones difíciles y expresar autoridad en momentos en los que deba imponer su criterio y energía.

Más allá de la figura de Moreno, la campaña de PAÍS debe buscar un nuevo frente. La oportunidad pasa por buscar una dualidad: por un lado, negativismo para atacar a la oposición que, sin compartir ideología ni principios, se une sólo para derrotar al Gobierno. A la vez, el otro frente de la estrategia debe ser destacar todos los avances que ha tenido el país en los últimos años. Tendrán que apelar a la emoción de la gente, recordando todo lo que ha cambiado en estos 10 años, reconociendo errores y reveses, pero dejando en claro que el rumbo nunca se ha desviado. No será sencillo, ninguna campaña lo es, pero el oficialismo deberá buscar ese voto que fue suyo en las últimas elecciones y que ahora escogió otras opciones en primera vuelta. Se trata de una estrategia para reenganchar a ese elector desilusionado, pero que en el pasado creyó en los logros de la “revolución ciudadana” y votó por ella.

En las próximas semanas veremos los rumbos que toman las estrategias de la campaña de los dos candidatos. Por ahora todo es bastante incierto; algunos siguen celebrando el paso al balotaje, otros lamentándolo. La guerra de relatos podría ser decisiva al momento de captar esos votos huérfanos de la primera vuelta y definir lo que ocurra el 2 de abril.