Cicatrizar

Hoy sólo quiero cerrar un capítulo de mi vida, cerrar una parte de mí que tiene que cicatrizar. Hay cosas que te querría decir y que sé que ni vas a leer ni te voy a decir. De algún modo tenía que desahogarme y lo hago de una forma que a ti te resultará familiar. No voy a esperar respuesta tuya, sé que no quieres hablarme.

Cuando te conocí venías a darme abrazos a diario, no me gustaba, no me gustaba el contacto físico más allá de lo necesario. Cada día estabas tú ahí, esperando a darme un abrazo esgrimiendo la excusa de “sólo quiero que sonrías”. Llegó un 27 de Noviembre y con ello una partida de Láser Tag, no una partida cualquiera, porque fue a partir de ahí cuando yo decidí abrirme contigo. Tú llegabas tarde de teatro, yo estaba nerviosa esperando a que tú llegases. Cenamos con los compañeros, intenté imitar contigo el ritmo de “My Sharona” sabes que soy un poco torpe. Esa noche después de acompañarme a casa y darme un abrazo fue una de las muchas que nos quedamos hablando hasta bien entrada la madrugada. Poco después empezaste a dedicarme canciones en tu radio “La Habitación 213” .

Llegó Diciembre y me llevaste al teatro a ver a tu amigo, me puse mi mejor vestido. Al llegar Navidad te dije que era la primera vez en mucho tiempo que no quería volver a casa, quería quedarme en Zaragoza, aunque quedó implícito ambos sabíamos que lo decía por ti. Quedamos el día de antes de irme en la esquina al lado de la parada del tranvía, con frío y ganas. Mis ganas de besarte y las tuyas de decirme lo que sentías por mí. Aunque esa noche no se dio y cada uno se fue a su casa. Compartimos las navidades juntos aunque en la distancia, tú querías hablar conmigo a todas horas y yo al mirar el móvil sonreía con tus mensajes. Al final decidiste declararte, no querías hacerlo bajo ningún concepto por mensaje, pero no tuviste más remedio. Fue una Navidad de preguntas, preguntas sin sentido “¿Te comerías una cucaracha por 1000 euros?”, preguntas atrevidas “¿Te han acariciado por todo el cuerpo y tentado por el borde del pantalón?” y preguntas hasta un tanto filosóficas “¿Qué piensa Cris de Cris?” a las que en ese momento no quise y que ahora me atrevo a contestar. Cris estaba contenta con Cris en términos generales y sólo había una cosa que no le gustaba de ella: la armadura que había construído en torno a sí misma para protegerse.

“Has hecho que estas navidades sean las más interesantes desde hace mucho tiempo”

Volví en Enero, para enfrentarme a los exámenes. Viniste a buscarme a casa sólo para ofrecerme un abrazo un mal día. Pasamos fines de semana tirados en la cama, abrazados y hablando de mil cosas. Dimos paseos de la mano, siempre había pensado que era algo cursi, sin embargo, ahí estaba yo pensando “qué suave y agradable es esta sensación”. Me dijiste que estabas pensando en pedirme salir y te contesté que no estaba preparada para eso, que era etiquetar una cosa a lo tonto. Temía dejar mi armadura. Este mes fue difícil, no sólo por los exámenes sino por los compañeros, diste un bajón espectacular e intentaste no ver las cosas como eran porque no podías afrontarlo. Suspendiste las mismas asignaturas y te viniste abajo. Y yo fui a tu portal a recogerte, a recoger tus pedacitos. Yo también había suspendido, pero no estaba pensando en dejar la carrera, tenía aún ganas y fuerzas para pelear. Tú ya no podías más, pero con amor, cariño y paciencia saliste adelante y seguiste peleando, aunque sin muchas ganas. No querías ir a clase, querías peli, mantita y chocolate y fui a tu casa a buscarte con una tableta de chocolate y un dibujo.

Llegó Febrero y con ello se rompieron viejas ilusiones y surgieron nuevas. A ninguno nos había ido bien en los estudios y más de una vez me llamaste por el nombre de tu ex. Sin embargo, tu mejor amigo de la uni me contó lo ilusionado que estabas por celebrar San Valentín conmigo y, finalmente, el día 10 te dije que estaba lista para dar el paso, para que me lo preguntases. Y te contesté que sí. Que quería ser tu novia. Tuve que decirle a él que te obligase a ir a clase porque tú no querías seguir, querías quedarte metido en la cama todo el día. Poco después empezaron las discusiones por tonterías, por malentendidos, por inseguridades. Te dije que no podía con tu baja autoestima, que no podía aguantar que cada vez que me enfadase tú te vinieras abajo y te vieras como si fueras una mierda. Y no podía ver así de rota a la persona que se había abierto paso a mi corazón a base de abrazos. Te insistí con que a veces la culpa no es de nadie pero tú no querías verlo, te empeñabas en culparte a ti. Pasamos San Valentín, un día un tanto gris, comiendo sushi en un restaurante cerrado. Tuvimos que andar bastante porque no te diste cuenta de reservar en el indio al que querías llevarme. Después de comer nos fuimos a casa, agotados, y pasamos el resto de la noche tirados en la cama. Tú aún no estabas bien…

Entre Febrero y Marzo me enteré de unas ofertas de prácticas en Siemens y te lo dije, no querías intentarlo porque pensabas que había mil personas mejores que tú y no te veías con ninguna posibilidad. Seguías con poco ánimo mientras yo pensaba en tu cumpleaños. Sabía que venía Caravan Palace a España y quería llevarte, pero no tenía dinero suficiente para poder hacerlo. Intenté ahorrar, paralelamente estuve haciendo un programa con acertijos en el que tuvieras que recorrer sitios que habían sido especiales para nosotros: Los huertos del Parque del Agua, la parada del tranvía, el banco en el que me esperabas todos los días, el indio al que me quisiste llevar por San Valentín, el auditorio al que me llevaste a ver la obra de teatro… Y terminar en mi casa donde yo te esperaría con una comida especial. Pero Marzo se complicó.

Llegó Abril y con ello tu cumple, no había sido capaz de terminar las cosas, ni el programa con acertijos, ni entradas ni billetes para Caravan Palace, nada. Así que ornamenté el salón de mi piso, puse velas, descargué la lista de canciones de Caravan Palace, preparé la comida y esperé a que llegases. Te tapé los ojos, entraste en el salón, puse en reproducción la lista de música y me diste las gracias; estuvimos hablando mientras sonaba la música a la luz de las velas, bailamos y cenamos juntos. Nos hicimos fotos. Me quitaste el vestido amarillo que llevaba y me hiciste el amor.

Entre Abril y Mayo tu autoestima fue mejorando, te llamaron de Siemens y te pidieron hacerte una entrevista en inglés por teléfono y una incorporación inmediata como becario en su plantilla. Estabas totalmente ilusionado con ello, te veías con toda la fuerza y en la cima del mundo. Te iba bien en clase, te iba bien nuestra relación y tenías un pie en una empresa grande como Siemens. Y lo hiciste sin pensarlo. Decidimos reservar un viaje sorpresa juntos con mi hermana y una amiga suya que hasta meses después no sabríamos dónde nos llevaría.

Llegó Junio y con ello demasiadas cosas: sexo, exámenes, peleas, días buenos y otros muy buenos. Yo colapsé. No fui capaz de enfrentarme a los exámenes y tú estuviste ahí para decirme que hiciera todo lo que pudiera. Al terminar los exámenes el viaje sorpresa nos llevó a Inglaterra, tú ya habías estado en ese país pero yo no. Pasamos un fin de semana viajando, viendo cosas, creando recuerdos, haciendo el amor en silencio, despertando juntos. Volvimos a España, tú volviste a Zaragoza a seguir trabajando y yo me fui a Soria a estudiar para septiembre. Todo te estaba saliendo mejor y yo iba a peor. Durante verano nos veíamos a diario por Skype, estudiábamos juntos, jugábamos juntos y hablábamos cuando podíamos. Viniste a verme a Soria un puente, te enseñé mil cosas y lo pasamos genial en el Enclave. Llegó mi cumpleaños y no tuve ni una llamada tuya. Ni siquiera fuiste el primero en felicitarme. Intenté olvidarlo, pero fue difícil: tú lo sacabas a relucir cada vez que discutíamos y decías que no me hacías ningún bien.

Te empeñaste en eso, en que sólo causabas daño y sufrimiento.

Llegó septiembre, yo tenía que aprobar dos asignaturas para que no me quitasen la beca, tú necesitabas aprobar Control. ¿Te acuerdas de la llamada de Skype en la que te pusiste a llorar porque la mentira que le habías contado a tus padres estaba pudiendo contigo? “Gracias por animarme y aguantar mis tonterías”. Y al final… Aprobamos. En resumen, tu año no había ido nada mal, aprobaste seis y estuviste trabajando durante cuatro meses. Mi curso, no fue tan bueno, me quedé en segundo, sin beca y con el bloqueo con el que había terminado el curso anterior.

De los tres últimos meses recuerdo haber estado haciendo planes juntos, querer viajar, querer comernos el mundo juntos, querer pasar tiempo juntos. Pero tú te empezaste a agobiar, seguías con el trabajo y tenías exámenes y, aunque no te salían mal, igual no obtenías el resultado que querías. Celebramos con tu familia mi título en inglés y el haber aprobado las que teníamos que aprobar. Conocí a tu hermano y a su novia. Pasamos días geniales juntos. Recuerdo planear un vídeo sorpresa para ti por nuestro 10 mes juntos y querer dártelo un día 10. Recuerdo todas mis ilusiones y a ti cada vez más quemado por delegación, el trabajo, los estudios. Recuerdo los malentendidos, el del máster que duró dos días. Recuerdo no estar bien pero sonreír cada vez que hablaba contigo o que me llamabas o que nos veíamos.

Al final, el día 10, que hacíamos 9 meses oficialmente juntos, a dos semanas de un año de cuando empezamos a tontear, viniste a casa y me dijiste que me dejabas. Y yo me eché a llorar, no podía creer ni entender que me estuvieras dejando, que la persona a la que tantas veces he hecho sonreír y tantas veces me ha hecho sonreír me estuviera dejando. No podía creer que una semana después de presentarme a tu hermano, cenar con tu familia, pasar un fin de semana estupendo me dijeras que ya no sentías nada por mí. Me dijiste que estabas harto de mis celos y mis enfados. Cuando apenas ha habido celos y los enfados han durado 3 minutos. Me dijiste que te había hundido y que ya no querías estar ahí. Y desde ese día 10, hasta hoy, has ido cambiando la historia, cada día hay nuevos motivos, cada día inventas una nueva excusa. Y lo peor es que seguiste dándome esperanzas estando ahí sólo por pena.

Sí, Fer, me has puesto la zancadilla en el momento más difícil de mi vida, me has tirado como quien tira un pañuelo después de secarse las lágrimas. Has dejado de lado lo que te ha hecho sentir tantas cosas y mantenerte a flote el último año. Dices que eres más feliz desde que no te hablo, desde que me dejaste, que es un descanso para ti no tener que aguantarme más. Me alegro, me alegro por ti, porque a pesar de lo mal que lo has hecho al final yo te sigo queriendo como te quise desde el primer día. Mira que te he llorado días y noches, que he intentado mantener tu recuerdo intacto, que he querido verte como la gran persona que has llegado a ser conmigo y no como el cobarde que cuando las cosas se ponen difíciles me ha dejado en la estacada.

“He estado ahí por pena, porque sabía que te dejaba totalmente sola, pero yo no quería seguir ahí.” “Me cansé de verte mal y ver que no había ningún progreso”

Así que, Fer, no te voy a decir que te odio, ni que he dejado de quererte, porque estaría mintiendo. Simplemente, te deseo lo mejor, te deseo que termines este año la carrera y que hagas el Máster que querías hacer. Aunque tenga motivos para estar enfadada y para echarte la culpa, no lo hago, me apena que hayas actuado así, que te hayas quedado por pena y que me hayas dejado por estar mal cuando yo te he ayudado en tus peores momentos. Sin embargo, si volviera a Noviembre del año pasado no cambiaría absolutamente nada de lo que he hecho, no cambiaría mi forma de ser, no cambiaría el haber sentido absolutamente todo contigo y no cambiaría el haberte hecho recuperar las ilusiones. Te has querido convencer de que lo nuestro fue malo y de mil estupideces. Y para llenar el vacío que has dejado tú mismo has buscado a alguien con quien volver a secarte las lágrimas.

Pues me alegro de que estés mejor y de que te vaya mejor sin mí.

¿Te acuerdas de tu “Cerrado por derribo”? ¿Del abrazo que necesitabas?

“Pero no llegó. No solo no llegó, sino que quisiste olvidarme completamente por Whatsapp. Repetir los mismos errores una y otra vez. Yo no estaba bien, perdí mi estabilidad hace tiempo, y no hacías más que darme patadas, puñaladas. Me has hecho más daño como “amiga” que como novia. Mil veces más. Y aún quedaba mucho por delante.
Murió mi abuela, a quien tenía especial cariño. Tú estabas en Torrellas, lo sé. Pero sé que si hubieras estado en Huesca no hubieras venido a abrazarme. No pude ir al funeral, pero bajé un poco después a mi pueblo, para poder despedirme de ella. Me acuerdo de que te avise repetidas veces de que iba a ir tal día, que iba a estar muy mal cuando me tocara ir. Te avisé.
Ese día, tuve que aguantar un cabreo. Te desahogaste conmigo. Dejé mi móvil completamente porque ya estaba llorando antes de llegar. Y me derrumbé del todo cuando vi aquella casa vacía. Estaba perdiendo todo lo que había amado lentamente. No estuviste conmigo cuando definitivamente más te necesitaba.
Nuevamente, quería un abrazo. Y lo único que conseguí fue gritos figurados.
Y me callé. Otra vez. Porque me gustaba estar contigo, porque seguía disfrutando de tu presencia. Pero cada vez menos.”

Pues bien, todo el daño que te hicieron a ti en esos seis meses me lo has hecho tú a mi en las dos últimas semanas. Tú eres mi “Cerrado por derribo”, tú eres quien me abandona con mi abuelo a punto de morir y quien me hace ver como voy perdiendo poco a poco todo lo que he amado. Tú eres quién me ha destrozado con palabras como “Siento más por cualquier otra chica antes que por ti”. Tú eres quien se fue de fiesta al día siguiente de dejarme mientras yo lloraba. La diferencia entre tu “Cerrado por derribo” y el mío es que yo aún te amo e intento olvidarte a regañadientes, que tú en ese Diciembre y la noche que lo publicaste me tenías a mí, mientras que yo esta noche no tengo ni quiero ni necesito a nadie, ni siquiera sé si te querría a ti.

“Sí, pero tú le conociste y él no parecía de esos…”

Han pasado 36 días desde que te fuiste y te has convertido en un completo desconocido para mí. Me has gritado, me has mentido, me has ignorado, has incumplido todas tus promesas… Y hay cosas que aún no entiendo: ¿Cómo se puede dejar de lado a una persona que ha sido tan importante para ti en el último año? ¿Cómo has podido hacerme todo el daño que te hicieron a ti y todas las malas acciones que pediste que no te hicieran? ¿Cómo has podido dejar de ser mi amigo? Puedes dejar de estar enamorado de una persona, pero eso no significa que deba dejar de importarte, que debas dejarme de lado cuando peor he estado. Y ni siquiera te has disculpado.

Yo, por mi parte, no voy a mirar atrás. Voy a levantar la cabeza, sacudirme el barro, sonreírle a la vida y dar lo mejor de mí. Y no te creas que es por ti. Es por mí. Las personas no dejan de sentir de un día para otro y resulta más que obvio que yo no lo voy a hacer y me va a costar olvidarte, pero yo también voy a enterrar en el pasado a quién cuando mi abuelo murió ni siquiera fue capaz de escucharme. No con un adiós, porque lo nuestro no fue malo -y siempre te recordaré con cariño aunque no deba- pero sí con un…

. . . “Hasta siempre, Fer”.

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