Nuestros términos y nuestras alianzas

Entre las cosas que más me intrigan de mi país, es las formas en que ciertos términos o tradiciones extranjeras se vuelven parte de nuestro folklore. Desde la invasión de las caricaturas japonesas en mi infancia hasta el actual interés que he visto en muchos de mis amigos por el cine nórdico, siempre me causa interés las maneras en que re-mezclamos elementos para hablar de lo propio.

A pesar de que celebro esta remezcla, siempre me preocupa cuando la hacemos sin conciencia de la trayectoria de las palabras y las culturas.

Ayer, en esos brincos de hiperlinks que a veces ocurren sin darnos cuenta, encontré con un texto interesante escrito por Estefanía Vela Barba, (“Los monstruos feministas”) en el cual responde al artículo, francamente forjado en ahistoricismo, titulado: Feminazis.

Anna Bolena, la escritora de el segundo texto, afirma, entre otras cosas, que el término feminista tuvo en su momento origen en la lucha por la igualdad, pero ahora ya no tiene sentido usarlo por que las mujeres tenemos prácticamente los mismos derechos a los hombres en México. Como una simpática lectora suya le compartió el término feminazi, ha decido usar este nuevo término para hablar de las ‘feministas’ que luchan de forma agresiva por una igualdad que ya existe, que ya es ‘inherente’ (en sus propias palabras) en la sociedad mexicana. Cálmense pues.

Habla también de las excepciones que seguramente todavía tenemos que combatir, pero son E-X-C-E-P-C-I-O-N-E-S. Poquísimas y prácticamente irrelevantes pues.

Doy mérito a la excelente réplica de Estefanía Vela Barba, que enfatiza el hecho de que no existe un Feminismo, con mayúscula, sino muchas formas y grupos en los que las mujeres han encontrado como cuestionar la inequidad que actualmente todavía existe.

Pero lo que me sigue causando inquietud, es la franca rapidez con que Anna Bolena decidió que el término adecuado para mujeres que exigen agresivamente derechos es feminazis.

La leo y lo que me entra es el cansancio.Por que una de las estrategias más poderosas de una estructura hegemónica es lograr que quien está oprimido defienda sus sistemas de opresión.

Cuando hablo de opresión, me refiero a la violencia física que algunas mujeres han experimentado en su relación de pareja (46% de todas las mujeres mexicanas, de acuerdo a la encuesta de ENDIREH 2011).

Pero eso es ‘excepción’.

Me refiero a los feminicidios que desde hace 20 años se han vuelto norma en tantas ciudades de México.

Pero eso es ‘excepción’

Me refiero a que las mujeres que trabajan 8 horas o más, como su pareja, contribuyen al hogar el triple de tiempo en mantenimento (De acuerdo a datos del Colegio de México).

Pues… ¿Ya son muchas excepciones no?

Cuando una mujer dice que no es ‘feminista’ y que nunca ha sido oprimida, me dan ganas de preguntarle si me podría garantizar que las protecciones que ha recibido en su vida son otorgadas a todas las mujeres en su país. O en su colonia.

Cuando una mujer mexicana llama a otras feminazis me dan ganas de preguntarle si de verdad cree que una mujer que agresivamente demande igualdad es tan devastadora y brutal como el régimen de Hitler.

Desconozco al autor de esta joya pero yo la encontré aquí

Y aquí, tengo que hablarle directamente a la escritora del Excélsior que cree que ser feminazi es tan malo como ser machista.

Por que no, estimada Anna Bolena, el término feminazi no se lo inventó una de tus lectoras. Rush Limbaugh, un comentarista estadounidense, republicano de cepa, se lo adjudica a un amigo y lo popularizó desde los 90s para criticar a las mujeres que exigen igualdad. “Feministas militantes”, las llamó. El mismo comentarista que llamó a una abogada “slut” simplemente por sugerir que los anticonceptivos deberían estar incluidos dentro de la cobertura de los seguros médicos.

No conozco más de tus posturas políticas. Tal vez tú coincides con Rush en que una mujer que exige cobertura de anticonceptivos merece que todo el público tenga acceso a videos de sus actos sexuales, dado que, de acuerdo a su lógica del mundo del revés, todos están pagando para que pueda tener sexo. (Ignorando por supuesto que los anticonceptivos son prescritos por múltiples razones, desde regulación de ciclos hasta problemas uterinos, pero esa es otra plática).

Si de verdad crees que gritar y demandar una vida mejor causa el mismo daño que la cultura machista mexicana en la que se forja la violencia intrafamiliar, los feminicidios y la inequidad de género, pues creo que tendremos que estar en desacuerdo.

Creo que al único que le he gritado sobre estos asuntos es a mis pobres amigos en alguna borrachera a la que ingenuamente me invitaron sin prever mi malcopeo feminista, o a mi novio que ya está acostumbrado a que estos temas me preocupen y se solidariza en mis frustraciones. Pero si una mujer quiere ‘gritar’, quiere ‘demandar’ derechos, aunque quizás no coincidamos en nada más, lo que quiero es asegurarme de que esa mujer tenga una plataforma para hablar. La hermosa Hannah Arendt bien nos dijo que la verdadera señal de una sociedad democrática es que todos sus ciudadanos puedan encontrarse en espacios públicos, argumentar y persuadir a otros. Yo le deseo a las mujeres más radicalmente feministas todos los espacios para escribir y soñar una forma diferente de ser mujer en México.

Escribir esto me ha hecho pensar en el tipo de feminismo que practico, y dado que no pertenezco formalmente a ninguna asociación, creo que a lo más, sería un feminismo por necesidad. Soy feminista por que vivir una vida en la que administro mis propias finanzas, vivo sin supervisión paternal o de un esposo, y tengo derecho a expresar mi opinión, es el sueño que sueño para todas las mujeres.

Soy feminista por que crecí en un México en el que sé demasiadas historias de mujeres que no pueden vivir así.

Si escribí esto es por que hay palabras que se vuelven escudos: en múltiples debates entre gringos he escuchado a alguien decir: Don’t listen to her, she is a feminazi. Y al momento en que esa palabra se dice, automáticamente se entiende que esa mujer es exagerada, gritona y agresiva. Su mensaje se vuele hueco ante la sentencia de como se le identifica. Cómo me gustaría evitar que esa palabra llegara a volverse parte del argot de mi país.

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