¡Justicia: Ni ciega ni correista!

Durante el período del presidente Rafael Correa, la prensa “libre e independiente”, logró con éxito hegemonizar, con el auspicio de sus medios, que la justicia le pertenecía a Rafael Correa y a sus amigos. ¿Creerán tamaña aseveración, quienes por obvias razones, se han desconectado de la política, de los políticos y de los medios?

Para responder esta primera interrogante, es importante ver a la justicia ecuatoriana desde dos dimensiones, una política y una jurídica. En cuanto a la dimensión política, debemos señalar – para quienes han borrado de su memoria intencionalmente el Ecuador pre-Correa – que en primer lugar, la justicia siempre estuvo secuestrada vilmente por los políticos de turno. Sí, los mismos que hoy son precandidatos a ocupar el sillón vacío en Carondelet. Estos se repartían las cortes entre ellos, como un pastel que aseguraba la impunidad de sus actos de corrupción. Con influencia en la justicia podían garantizar también su libertad y longevidad política.

De esta manera, la élite política cometía sus actos de corrupción, actos que quedaban en la impunidad a vista y paciencia de todos los ecuatorianos. Tanta corrupción se normalizó e institucionalizó, que los ecuatorianos creímos en la inercia del cinismo y asumimos todo como normal – así era el Ecuador.

Lenin Moreno, en un año de desgobierno, ha resucitado al Partido Social Cristiano, por ello vale la pena recordar la época del difunto Leon Febres Cordero. A este personaje, en 1984, se le ocurrió desconocer una elección parlamentaria de los magistrados en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y bloqueó el edificio con tanques de las Fuerzas Armadas. León, el patriarca de los Socialcristianos, hoy adalíes de la libertad! Era un acto deliberado de abuso de poder y de autoritarismo que jamás se volvió a ver en el país.

Los jueces destituidos estaban en funciones desde 1979 y debían cesar en 1986. Recién salíamos de la dictadura, y para los políticos Socialcristianos y de las demás tiendas políticas, la mejor idea para asegurar su absolución era tener cuotas de poder en la justica.

Ese gobierno tuvo un episodio más bajo y ruin aún: el caso Restrepo. Santiago y Andrés, dos adolescentes, fueron asesinados por el Gobierno de Febres Cordero. Hasta la fecha, no se conoce su paradero, y la justicia jamás llamó a declarar al presidente de la República, ni por este caso, ni por ningún desaparecido y torturado durante su gobierno. El asesinato de los Restrepo fue en 1988 y Febres Cordero se fue al seol en el 2008 sin explicar que sucedió, sin una disculpa pública y sin dar cuenta de la vida de esos chicos, ante ningún órgano administrativo ni judicial del país.

La corrupción parecería ha sido descubierta hace un año. Que rápido han olvidado los medios de comunicación, esos grandes negociados en la época de Febres Cordero; que fácil ocultan a personajes de los más siniestros, como Xavier Neira y el caso Ecuahospital, Joffre Torbay y el caso de la perimetral. El Caso Ran Gazit en la seguridad. Y han olvidado al secretario y operador socialcristiano Charlie Pareja Cordero. También han absuelto otros casos de corrupción, como el del ex yerno de Febres Cordero, Miguel Orellana y así una larga lista de nombres que encabezan la época neoliberal de la corruptela más insultante y podredumbre sin nombre que ha vivido el Ecuador.

A esto se suman todos los atracos cometidos en la época de los hermanos Bucaram. Las ventas de calles como terrenos y el caso de los pipones, por ejemplo.

Suena extraño pensar, que en una época llena de fango y decepción, no había justicia que ponga en orden a los delincuentes de los recursos del pueblo. La pregunta obvia es ¿Por qué ninguno de ellos está preso o al menos investigado, o al menos reprendido? La respuesta es simple, porque la justicia les pertenecía.

Los últimos meses deben servir de prueba y respuesta a la pregunta inicial: Correa no le metió la mano a la Justicia, intentó que haya justicia en el país, pero hoy vemos que ese cambio requería largo aliento. La justicia en el Ecuador no es ciega, es manejada desde Carondelet y desde la isla Mocolí, ve muy bien cuando le conviene, especialmente cuando se trata de culpar y condenar a Correa y “correistas”. Pero fue y sigue siendo selectiva, cuando por ejemplo el alcalde Nebot va al despacho de un juez, lo insulta, lo agrede físicamente y en su honra; allí ningún gremio, ni autoridad administrativa, ni judicial le da ni siquiera un llamado de atención. La justicia abre sus ojos para apresar a Jorge Glas, pero la empresa corrupta y corruptora se pasea libremente, mancillando la soberanía nacional. Simplemente, porque el poder judicial es selectivo y está al capricho y orden de la clase dominante.

En la época de Lucio Gutiérrez, se destituyó a la Corte Suprema de Justicia por una mayoría del Congreso Nacional en diciembre de 2004. En el mismo acto, el Congreso nombró una nueva corte, la famosa ‘Pichi’ Corte, por quien llegó a ser su presidente Guillermo Castro Dager, y sus primeros actos sirvieron para declarar prescritos los juicios de Bucaram. Y con el retorno del Loco se produjo la caída de Lucio.

En cuanto a la dimensión jurídica; vemos que en la constitución de 1998 se establecieron algunos parámetros para mejorar el sistema judicial. Sin embargo, las transitorias, 26, 27 y 28 de esa constitución, jamás se cumplieron. Nunca se estableció el sistema oral en los juicios, nunca se mejoró la infraestructura, ni la inclusión de nuevos jueces probos, nunca se mejoraron los centros de rehabilitación y nunca tuvimos una justicia libre de los partidos políticos. Extrañamente uno de los firmantes de esa constitución fue nuestro actual longevo y apreciado emperador, Julio Cesar Trujillo. Lo único cierto en esa época fue el reparto de la justicia.

Cuando llega Rafael Correa al poder encuentra una justicia postrada a esos grupos políticos de turno. Por esta razón en la nueva constitución se estableció que la justicia radicaba en el pueblo. Lo que no decía en la constitución aprobada por Trujillo y compañía. En 2011, el Presidente Correa convoca a una consulta popular, ya que la constitución del 2008 establecía en el régimen de transición, que en el plazo de 180 días debía renovar el consejo de la judicatura; sin embargo, llevaban dos años en prórroga.

Ante esta inconstitucionalidad, el Presidente Correa intentó llamar a juicio político, que falló porque no tenía mayoría en la Asamblea Nacional. Mientras tanto, la justicia estaba agonizando con el cáncer del olvido, sin infraestructura, sin jueces, politizada, con 6 mil caducidades de prisión preventiva y con miembros del Consejo de la Judicatura prorrogados inconstitucionalmente.

Para muchos resultaba insólito, que Correa le entregara el poder de la justicia al pueblo. Era insólito arrancarle de las garras algo tan sagrado para los corruptos y devolvérselo al pueblo. En los concursos ya estaba gente del pueblo, gente preparada, pero sin abolengo. Por esa razón el embustero don Julio Trujillo, sin evaluar a los concursantes para fiscales les dice mañosos, porque el representa el viejo pasado mañoso de ignominia y de vergüenza. Porque en el fondo representa a los del cuartel de Sangolquí, a los banqueros, a los viejos dueños de la justicia. Porque no hay nada más mañoso y grosero que decirle al mundo que una sola persona esta por encima de la constitución de un país, del ejecutivo, legislativo y hasta del judicial.

Pero Trujillo a pesar de creer estar por encima de todos los principios constitucionales, no puede tapar el sol con su dedo. De este modo, uno de esos grandes cambios realizados a los principios de la justicia ecuatoriana en la época de Correa, entre tantos, fue incluir la paridad de hombres y mujeres en los cargos, algo que seguramente se le olvido a Trujillo. Era un hito para la mujer, quien había permanecido en un olvido ancestral para acceder a espacios en el sistema judicial.

Pero estos cambios no podían ser para siempre, porque eran cambios para el pueblo que perjudicaban a los intereses de las grandes élites. Buda decía “Ni tus peores enemigos pueden hacerte tanto daño, como tus propios pensamientos y nuestros pensamientos nos engañan”.

Por esa razón, se nos hace normal ver a los violadores de los derechos humanos y los corruptos descarados que agreden a jueces y a diputados, libres sin pudor y tapujos. Por esa razón han llamado 5 veces a declarar a Rafael Correa en menos de un año. Por la misma razón está preso Jorge Glas. Porque Correa les quitó el poder judicial a las élites para dártelo a ti y a mí.

Los medios, nos hacer amar al opresor y odiarnos a nosotros mismos o a cualquier persona que pueda beneficiarnos. Por esta razón, aunque la verdad del cambio en la justicia en la época de Correa es tan aplastante y contundente, la gente repite a la n potencia la hiperbola de la clase política mediocre: “justicia correista” “Correa ladrón” “Correa autoritario y dictador” y que los casos de corrupción son los más grandes de la historia del Ecuador.

Estas mentiras las repite alguien como Trujillo, que no ha sido electo por el pueblo (en su último intento no llegó al 3%) junto gallada de los poderosos con sus canales de TV y uno que otro influencer.

Los poderosos hacen muy bien su trabajo, usan sus millones de dólares para decir diariamente, lo que un puñado de familias quieren que pienses. Hemos caído en una de las etapas más inmorales que vive la historia del Ecuador. Donde Bucaram y Nebot, los pilluelos, podrían ser los próximos presidentes de tu patria. Por supuesto que la justicia no es corresita.

Nuestras élites pretenden destruir la autoridad moral del líder más importante que hoy tiene el Ecuador. Si vemos en su época, Cristo no tenía ningún cargo administrativo de elección o representación popular. Pero dejó un legado físico de milagros palpables, pero, sobre todo, dejó su autoridad moral y espiritual que era tan inmensa que avergonzaba a los verdaderos corruptos. Por eso fue víctima de la guerra jurídica y asimétrica para destruirlo. Su peso moral era tan grande y ejemplar, que los fariseos dueños de la justicia, tenían que hacerlo parecer como un vil y pobre bastardo, como un contumaz y vulgar delincuente para robarle la moral a quien creyera en él y para eso tenían que colgarlo en una cruz, para que todos vean el escarnio público y la deshonra del líder más importante del cristianismo.

Quienes lo llevaron a juicio, en palabras de propio cristo, eran fariseos como Nebot o Bucaram, que estaban llenos de inmundicias, inmoralidad y de la más sucia podredumbre, pero por fuera parecían personajes santificados y ejemplares. Si vemos la historia, todo el sufrimiento, padecimiento y traición que sufrió cristo convirtió al cristianismo en algo superior porque sobrevivió a toda la maldad y bajeza que podían hacer los poderosos.

Al final la verdad y la honestidad brillaran con luz propia. Lo que no sabe la oligarquía es que pueden encarcelar a un hombre. Pero un espíritu luchador, la autoridad moral, levantar a un país caído y la mística de servicio, no. Porque al final, jamás podrán encerrar en las cárceles, las grandes ideas y a las grandes visiones de una nación.

Editorial de #LíneaDura