
Cuando mi bisabuelo la construyó, no se podía imaginar que una treintena de descendientes seguirían disfrutando de esta casa muchos años después. Y aquí está, ya bien entrado un nuevo milenio, como una especie monumento a la retrotopía que todos irremediablemente anhelamos. Sus jardines, sus grandes y verdes ventanales, y el característico viejo amueblado, dejan entrever algo a través de toda su historia: aquí han pasado tres generaciones que han convertido a la casa en una reminiscencia de muchas infancias distintas.










Ahí disculpen las fotos tomadas con celular y sin talento fotográfico.
