El engaño más grande jamás montado

En un rato entre Photoshop y After Effects acudo a Twitter, entretenido recinto en el que ejerzo generalmente de espectador pasivo soltando alguna que otra chorrada esporádica. Leo cuatro o cinco novedades y suelo acabar en la cuenta de algún falangista exaltado, no tengo muy claro por qué, que me refresca la cara con algún que otro facepalm.

Pero lo de hoy ha ido más allá, y entre los retuits cachondos de no recuerdo quién, descubro a un menda que ha superado con todo mis expectativas de risión; Oliver Ibáñez. Licenciando en derecho. Usuario de Twitter y Youtube. Escritor y, lo más importante, terraplanista confeso.

Este muchacho, que por la imprudencia temeraria de algún -quiero pensar que inocente- editor acaba de publicar su primer engendro, es un joven de formación legislativa pero vocación detectivesca. Tanto es así, que lleva lo que parecen eones dedicado a la investigación y posterior divulgación del mayor engaño que haya tenido lugar en este planeta; su propia esfericidad.

Dado que mi pequeño periplo por los textos y descubrimientos de este insigne detective universal acaba de comenzar, no puedo dar cuenta exacta de dónde proviene su información ni, sobre todo, de dónde provienen su vocación y su convicción. Pero basta un rápido vistazo a su canal de Youtube para encontrar joyas primigenias como estos tres tesorazos: la mentira del cambio climático (El invento de las élites para gravar el carbón, un plan de la élite como cualquier otro), ¿Es el aborto cosa buena?, y una pequeña joya, los chemtrails. Oh fucking yeah.

Oliver Ibáñez, joven divulgador de LA VERDÁ

Quizás fuera el formato vlogger de baratillo; el triste setup con ese Cash desesperado en la estantería, sólo equilibrado al otro lado con el flamante casco de la Aprillia; pero su forma no está completa. Vagas idas y venidas sobre la terrible conspiración: nos fumigan y nos dicen que llueve.

¿Aviones que dejan rastro? No, mi inocente amigo. Es impensable que el gobierno no sepa nada de esto. Nos fumigan. Nos fumigan a saco. Porque… Bueno, por algo. Sabemos que las malignas organizaciones están ahí, sus motivaciones ya las averiguaremos… ¡si sobrevivimos!

El estilo y el contenido estaban poco cocidos, duros por dentro. Y todavía pegará un par de tumbos más aquí y allá hasta dar con la conspiración del milenio: Los Illuminati, Neil Patrick Harris y los Oscar, Los Iluminati y Cristiano Ronaldo o Los Iluminati y Katy Perry fueron algunos de los variados conceptos con los que trabajó el incipiente astrofísico revolucionario. Y entonces llegamos al Oliver bueno, al fetén. Hace aproximadamente un año comienza a desvelar la más grande conspiración jamás concebida sobre plano:

¿Cómo te quedas, idiota ignorante? Que te crees todo lo que sale por la tele, pringao.

Si, colega. La tierra es plana y nunca hemos ido al espacio. Y así comienza una catarata de reveladores títulos que hasta la fecha no conoce fin: La gravedad no existe, El sol está muy cerca, Meteoritos: No son lo que crees, Los dinosaurios nunca existieron… A cada cual más revelador, más sorprendente y más ridículo. Para bien o para mal la factoría de chorradas Ibáñez acababa de encender su maquinaria a máxima potencia. Tenemos gilipolleces para rato.

La luna son los padres, Julia Roberts; cochina conspiradora travestida y QUÉ COÑO PASA EN LA ANTÁRTIDA

Como digo, la cosa es un chorreo constante. En lo tocante a lo personal, mi all-time-favorite es sin duda este que prosigue: 25 pruebas de que la NASA es un puto fraude de aquí te espero; una maligna corporación especializada en el montaje fotográfico y el rodaje en chroma. ¿Cohetes? Estos no han visto un cohete en su puñetera vida. Su misión es borrar cables y arneses a diestro y siniestro para luego bombardearnos con retorcidos vídeos de Chris Hadfield limpiándose los dientes. ¿Qué coño pretenden? No cuela, NASA, Oliver Ibáñez os ha pillado con las manos en la masa y todo este oscuro asunto os va a explotar en la cara.

Y es que no podía ser de otra forma, claro, la NASA está metida de pleno en el fregado conspiratorio. Diría que en los textos de mi admirado Oliver subyace la idea de que dicha organización capitanea con mano de hierro esta maligna empresa global empeñada en hacernos creer que habitamos una esfera. Si no están al mando, como poco se encargan del aspecto audiovisual. La NASA es un diabólico Disney en la mentira esférica.

Al final de todo este viaje, mi pregunta es una y sólo una. ¿Por qué? ¿Qué empuja -y ha empujado históricamente- a cientos de mandatarios, militares y científicos a engañarnos de esta forma? Hay luz ahora y me encuentro henchido de esperanza una vez desvelada la mentira, pero me asfixia ignorar la causa; que ha de ser gravísima e importante. El pastel de esta conspiración es centenario y debe de ser jugoso. Quizás en la otra cara del disco plano que habitamos haya un resort de vacaciones acojonante, reservado para aquellos que preserven la treta. Un Marina Dor de lado a lado, con desayuno buffet y barra libre sin garrafón. ¿Por qué si no?

Bastardo conspirador en su hábitat natural: el fraude.

Claro que esta pregunta clave viene acompañada de otras menores. ¿Cómo se pasan el testigo? ¿Hay una doble cumbre del G20, mantenida en alguna base submarina, donde explican a los nuevos presidentes y científicos cómo va el chanchullo de la mentira? ¿Ha habido todo este tiempo una asignatura secreta de astronomía en la que explican TODA LA VERDAD y cómo ocultarla de nosotros, pobres imbéciles? ¿Cuántas tomas tuvo que hacer Kubrick hasta quedar contento con el alunizaje? ¿Se ha ido alguien de la lengua alguna vez y se han visto obligados a liquidarlo? ¿Dónde coño está Laika? Y dos de mis favoritas: ¿Estaba implicada la URSS en todo esto? ¿En connivencia con Estados Unidos? Ahora solo espero que Oliver ahonde en estas y otras de las muchas cuestiones con las que nos están mangoneando sin piedad.