Capítulo 08: Resultado


«Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo», suscribe Albert Einstein. Y esa frase es una de las más verdaderas y poderosas, rezando una incuestionable verdad que muchas veces las personas desconocemos, omitimos o de plano ignoramos.

En situaciones como la que me encuentro, el tiempo es un factor de suma importancia. Los tumores tienden a crecer, y si son malignos, también a propagarse a otros órganos afectando varias funciones del cuerpo. En mi caso, la preocupación mayor es una obstrucción total del intestino, y por supuesto el crecimiento del tumor en sí.

Debido a eso, desde principios de esta enfermedad establecí un “plan A” para ponerme objetivos y trazar una línea de tiempo que me permita probar los tratamientos alternativos en los que yo creo, pero a la vez preparando un “plan B” que sería recurrir a la medicina occidental moderna.

Entonces es momento de seguir actuando.

Dentro del plan A se incluye la visita al doctor y tratamiento con bicarbonato de sodio que platiqué en el capítulo anterior. Al no ser tan funcional, decidí abandonarlo y comenzar con el cannabis, que es una planta con capacidades anti-cancerígenas reconocida por la ciencia moderna. Si bien he leído muchísimo sobre todo tipo de curas y tratamientos para el cáncer, el único del que no hay testimonios negativos ni casos de fracaso, es ese, el cannabis.

El cannabis — o marihuana — es una planta de origen oriental que ha sido usada por muchas civilizaciones — inclusive en épocas anteriores a Cristo — para el tratamiento de enfermedades, la recreación y la conexión con los dioses o con el yo. Es una planta sagrada incorrectamente satanizada que, hasta el día de hoy, no ha sido la causante directa de ninguna muerte. Estudios científicos realizados desde hace varios años han demostrado su efectividad en el tratamiento de tumores/cáncer, epilepsia, parkinson, esclerosis múltiple, depresión, y otras tantas enfermedades crónico-degenerativas.

El cannabis puede combatir el cáncer ya que contiene ciertos cannabinoides (THC y CBD) que son absorbidos por las células afectadas mediante receptores cannábicos (naturales en el cuerpo) y conocidos por sus efectos en el tratamiento del cáncer.

En el caso del THC (tetra-hidro-cannabinol), es el receptor CB1 en el que éste encaja de manera natural. Cuando el THC llega al receptor, la célula genera ceramida que interrumpe la mitocondria, negando energía a la célula. La misma interrupción libera citocroma C y oxígeno al citosol, acelerando la muerte celular. Este proceso sólo afecta a las células cancerígenas, ya que las células saludables no tienen reacción al THC en el receptor CB1.

El otro cannabinoide conocido por sus efectos anti-cancerígenos es el CBD (cannabidiol). El CBD actúa interrumpiendo el retículo endoplásmico mediante la atrofia del metabolismo del calcio, evento que lleva calcio al citosol de la célula y causa su muerte. De nueva cuenta, este proceso sólo ocurren en células afectadas.

Al ser un tratamiento lleno de casos de éxito, y que yo he defendido durante varios años (sí, soy pro-cannabis en todo sentido), decidí iniciarlo.

¿Y por qué está prohibida la marihuana si es tan buena? Ese es un tema muy, muy amplio que se presta a muchos puntos de vista, interpretaciones y opiniones. Resumiendo lo que yo opino y creo por toda la información que he recopilado, se puede resumir en esta pregunta: ¿Es más rentable vender una docena de quimioterpias (cada una de $15,000 — $30,000), o vender $10,000 de una planta para un paciente? No leas esa pregunta pensando en teorías de conspiración, piensa como una simple empresa. A fin de cuenta las farmacéuticas eso son, empresas y negocios que necesitan ingresos y clientes cautivos.

Así fue como el martes 4 de octubre dejé mi tratamiento de bicarbonato, y para el jueves 6 ya estaba preparando mi aceite de cannabis. Hay muchas formas de usar el cannabis en forma medicinal (aceite, mantequilla, vapor, etc.) pero la más famosa y sobre la que más documentación hay, es el aceite.

La receta más famosa de preparación de aceite de cannabis es la receta RSO (Rick Simpson Oil — Aceite de Rick Simpson). Rick Simpson es un famoso activista pro-cannabis de Canadá que curó su cáncer de piel con aceite de cannabis, y que actualmente ha proporcionado el aceite — y aparentemente curado — a cientos o tal vez miles de personas. Sus recetas están disponibles en Youtube y en su sitio oficial, phoenixtears.ca.

Después de aproximadamente 4 horas de preparación del aceite con emoción y nerviosismo (se usan elementos volátiles y además sí, huele muchísimo a mota al terminar de preparalo), mi aceite estaba listo. Fueron Itzel y mi mamá las que me acompañaron y me ayudaron en el proceso. Ahora toca probarlo, y para hacerlo decidí suspender junto con el bicarbonato la suplementación y la medicación alópata. Esto para tomar el cannabis lo menos “interferido” posible; no sé si algo de lo que estaba tomando podía reducir su efecto.

Cabe señalar que para éste día (6 de octubre) yo seguía estreñido. Sin embargo, para el sábado 8 de octubre algo ocurrió: pude ir al baño. En días anteriores, eran los enemas de bicarbonato los que me ayudaban a evacuar ya que por mi mismo no podía; a fin de cuentas, hay una masa de casi 6 centímetros que bloquea el flujo normal de mi intestino.

Para mi, esa es una gran señal de éxito. Si puedo ir al baño por mi mismo, significa que el tumor no ha causado una obstrucción. Además, comparándolo con mi estreñimiento de días anteriores, el hecho de ir al baño más bien se puede interpretar como un indicativo de una reducción del tumor.

Por supuesto, sólo los estudios adecuados podrán indicar qué está pasando con el tumor, y pienso hacerlos muy pronto.

Simultáneamente al uso del cannabis, he visitado a otras tres personas que podrían ayudarme. El primer es Amilcar, un recomendado de mi amigo Eduardo que se especializa en sesiones de pares biomagnéticos, y el segundo es el doctor Cardeño(?) del Instituto Nacional de Cancerología, a quien pude consultar gracias a la recomendación de mi amiga Shoshana. Y el tercero, no por eso menos importante, es el doctor Amézquita, a quien podrán recordar de los primeros capítulos.

La aplicación de los pares biomagnéticos que hace Amilcar pretende — usando magnetos, como era de imaginarse — reducir o eliminar el tumor mediante el equilibrio del pH en el cuerpo y la eliminación de agentes patógenos que causan las enfermedades.

Mi primera sesión con Amilcar fue el jueves 13 de octubre, y si bien no noté un cambio o progreso inmediato, sí me sentí relajado y con energía. Algo que sí ocurrió es que, tal cual Amilcar me comentó, empecé a sangrar más en días siguientes. Él se refirió al sangrado de una manera similar a la psicosomática (¿recuerdan mi terpia con Paty Zavala?) argumentando que es indicativo de la curación; mi cuerpo siente algo extraño y necesita expulsarlo, encontrando en la sangre una forma de hacerlo. El jueves pasado (20 de octubre) fui a mi segunda sesión con él y todo salió bien, con comentarios positivos como el hecho de haber encontrado menos agentes patógenos en mi cuerpo.

Pero hay que explorar varias opciones, contemplar posibilidades, y evaluar acciones. Es por eso que decidí aceptarle la oferta a mi amiga Shoshana e ir al Instituto Nacional de Cancerología, en donde tuve cita el martes 18 de octubre.

El Instituto Nacional de Cancerología (INCAN) es reconocido como uno de los hospitales más avanzados a nivel mundial en investigación y tratamiento del cáncer; inclusive hay quien asegura que es mejor que los hospitales estadounidenses (y no lo dudaría).

Si bien mi cita con el doctor del INCAN fue breve, la considero bastante informativa. El doctor es oncólogo directivo de algún área del INCAN (no recuerdo cuál) por lo que su palabra y opinión es de cierto peso y jerarquía.

Evaluó mi caso y, contrario a otras recomendaciones, él sugiere primero aplicar radioterpia para reducir el tumor y luego operar. Esto se debe a que si me operan en este estado, tendrían que retirarme el esfinter y eso es algo que no es bueno. Si seguimos esta opinión, mis posibilidades de una operación inmediata se eliminan y habría que tomar varias sesiones de radioterpia. No sé bien qué pensar de esto.

Por otro lado, el miércoles 19 fui a ver al doctor Amézquita. Si bien Amézquita no es oncólogo, me parece un doctor experimentado, sincero y profesional. Fui a consultarlo buscando más información sobre mi caso, para escuchar su opinión y pedirle consejo sobre las medicinas alternativas.

Pasamos casi una hora en su consultorio mientras nos explicaba de manera muy didáctica la ubicación del tumor y otros detalles. Sobre su opinión de mi caso, comentó que es serio y que su interpretación (recordar que no es especialista) es que me debería operar antes de recibir alguna terapia. Sobre la medicina alternativa, me dijo que es funcional pero que él en este caso la usaría como apoyo después de la cirugía.

¿Y qué pienso hacer? Bueno, me quedan dos ejes de acción muy claros: alópata o alternativo. Por una parte, voy a tramitar el Seguro Popular para tener acceso al INCAN y también a Nutrición, ambos excelentes hospitales donde me podrían operar y dar los tratamientos necesarios.

La decisión final de operarme o no va a depender de los resultados que tenga en los exámenes que he de realizarme a más tardar a fin de este mes.

Si no hay ninguna reducción o inclusive hay algún aumento de tamaño, me iré ya por la operación y tratamientos modernos. Si por el contrario hay alguna reducción en el tamaño del tumor, significa que lo que estoy haciendo está sirviendo y es el camino que me gustaría seguir.


Moraleja de este capítulo: escucha a los demás sin perder de vista tu propia opinión.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.