Imagen: Old Pictures Archives

Anita Ekberg

Bajaba el puente a paso ligero,

luego se detuvo sin más. Había empezado a llover.

— ¡No puede ser! ¡Odio la lluvia!

Yo soy tu némesis. Tú eres mi antítesis.

¡Yo soy tu enemigo mortal! — gritó, mientras levantaba la cabeza al cielo.

A los pocos segundos pasó por su costado

Anita Ekberg montada en su bicicleta

cantándole a la lluvia, parecía la mujer

más feliz del mundo.

— ¡Deténte!, ¿¡no escuchaste lo que dije!? — Preguntó y gritó con todas sus fuerzas.

Pero Anita no le oyó. Su dulce y potente voz silenciaba el lugar,

silenciaba incluso el sonido de la lluvia contra los tejados.

Era demasiado hermosa. Era la mujer más Feliz del mundo.

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