El dolor de mi fracaso

Algo muy importante para cambiar la realidad es no tenerle miedo al fracaso. Suena mucho más fácil de lo que en realidad es y, cuando el fracaso se materializa, hacemos lo imposible por negarlo. Pero hay que aceptarlo. Hoy me tocó a mi.

Hace 5 años me devolví de Australia a Colombia, con una linda familia, éxito, algo de dinero y muchos planes de trabajar para crear un futuro diferente para mi familia aquí. Un futuro que incluía cambiar la realidad de este país que necesita mejorar: “Porque, si los que hemos visto otros modelos de sociedad no ayudamos a cambiar el de aquí, cómo le vamos a pedir a quien sólo ha visto este que cambie?” he dicho yo muchas veces. Hoy, 5 años después, no tengo ninguna de las 4 cosas mencionadas arriba. La familia se desarmó, el éxito se convirtió en fracaso, ya no hay ahorros y los planes no funcionaron. Ni en el peor de los escenarios pronostiqué este resultado.

Cuando llegué empecé a escribir en un blog la aventura. Después de un tiempo tenía tanto trabajo y estaba tan ocupado que dejé de actualizarlo. Pero le metí el hombro. Aprendí de emprendimiento, cometí errores, los pagué con mi dinero, con mi tiempo, con mis sueños. Tuve la oportunidad de aportarle a algunas personas y espero que ellos si logren sus objetivos. Seguiré tendiendo mi mano, porque creo que esta realidad hay que cambiarla. Creo que la tecnología nos apalanca de una manera que nunca había estado tan al alcance de todos y tenemos que aprovecharla. Creo que esta realidad en la que nos tocó nacer se puede cambiar, para que merezca ser la realidad que escogemos para vivir.

Hoy llegué al punto donde necesito volver a tener algo de estabilidad, emocional y económica. Asumo este fracaso como emprendedor y como cabeza de familia y debo tomar aire para volver a intentarlo. Porque esa es la maldición de quienes queremos cambiar el mundo: nunca queremos darnos por vencidos; por duro que nos de la vida siempre sentimos que vamos a volver a pararnos.

El 2 de Febrero me voy a iniciar otro capítulo en Australia. Sin mi familia, empezando de cero, pero en un sitio que escogí como mi hogar. Dejo aquí a las personas que mas quiero y algunas semillas que se han sembrado y que espero no se pierdan en mi ausencia. Hay muchas personas a quienes dar las gracias por haberme apoyado en este proceso, pero no las voy a nombrar aquí. Primero porque sería injusto olvidar a alguien, pero sobretodo porque hay quienes no quieren ser nombrad@s aunque lo merecen. Si usted está leyendo esto y está en esa lista lo sabrá inmediatamente. Gracias de todo corazón.

El fracaso duele porque no es el resultado que uno soñó, deseó y por el que trabajó. Pero hay que asumirlo. Así como debo asumir que lo voy a volver a intentar. Porque no se trata de cuantas veces me caiga, sino de cuantas voy a ser capaz de levantarme. Y aún siento que me queda energía para levantarme muchas más.

Gracias.

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