Notas de lectura a Quisiera quedarme quieta de Lilián López Camberos

En su libro Atmosphere, Mood, Stimmung: On a Hidden Potential of Literature (Stanford UP, 2012), Hans Ulrich Gumbrecht aboga por volver a prestar atención a los efectos sensibles de la escritura literaria. Frente a los modelos centrados en la interpretación o en la decodificación de las obras, Gumbrecht propone la lectura a partir de sensaciones cuyo carácter analítico puede parecer difuso. Para ello utiliza el concepto alemán de stimmung que bien puede significar estado de ánimo o atmósfera (como ese esquivo concepto de los análisis literariso escolares). También puede significar, y esto es importante, “afinación” de un instrumento musical. El stimmung del texto literario sería la condición sensible para percibir la atmósfera de las obras que, paradójicamente, sólo puede aparecer produciendo una sensación general, una afinación. Hay, dice Gumbrecht, obras que parecen leerse excepcionalmente desde las atmósferas que producen, que esas atmósferas son una forma física en la que las obras nos hace experimentar el mundo, su mundo.

Hace unos días terminé de leer Quisiera quedarme quieta (2020) de Lilián López Camberos, recién publicado por Dharma Books + Publishing. Es un libro notable, singular entre la cuentística mexicana reciente. Se deja leer lento, sopesado, pide atención al lenguaje y las estrategias narrativas (focalizaciones generosas, cambios de ritmo, personajes y narradoras cercanas), la puntuación es una herramienta de ritmo muy bien usada. No se trata de un libro que pueda escapar completamente de las categorías al uso para hablar de la narrativa contemporánea (autonarración, bildungromanesque, memoria, perspectivas femeninas, diferencia), pero juega con ellas en su reformulación. Atiende los límites sin romperlos, sino para hacer campos de sensaciones.

A diferencia de los libros temáticos o de cierta uniformidad, debido a las exigencias de becas y premios, Quisiera quedarme quieta parece apostar a la desemajanza como estrategia paradójica de unidad. En eso se cifra, creo, una poética del libro: la reticencia, la esquiva posibilidad de concluir. Algunos motivos parecen repetirse a lo largo del libro: la huída, la memoria, la escritura. Estos se concentran en la construcción de formas reticentes: tramas abiertas o deliberadamente disueltas, la puntuación que conduce a un ritmo casi sincopado, personajes que intentan escapar de sí de otros sin lograrlo, interpolaciones. Sería necio a estas alturas insistir en el valor de una obra que reúne la historia contada con el modo lingüístico con el que la cuenta; sin embargo, vale la pena recordar que ese valor no es inherente a toda obra, sino que es consecuencia de pequeños actos y métodos. Pulimiento, desbastado, ensamblaje, corte. Actos de artesanía que sostienen los lindes entre las historias y los discursos, y producen una forma artística.

La escritura de López Camberos tiende a la huída. Sus personajes desean escapar, moverse, desdecirse y regresar (que finalmente es otra manera de huir); las tramas, empero, rara vez concluyen, no cierran ni conducen al develamiento de un secreto, una pulsión o una conversión. Toda conclusión es abierta de nuevo al emplazarse en el Stimmung de los relatos. Las narraciones se sienten como pasajes en suspenso, espacios líquidos en los que entramos sin reconocerlos del todo. Hay, sí, pasajes que dan cuenta de la sensación alienante de la contemporaneidad; aparecen como asuntos reconocibles: la diferencia sexual, la agotadora realidad del trabajo freelance, la geografía postnacional, los cada vez más pequeños y tristes espacios íntimos. Pero estos pasajes no aparecen codificados como identidades, ni moralejas, ni representaciones. Su presencia se percibe, se siente como un frío que nos inunda desde adentro [1]. Se perciben como una atmósfera, no como tema. Como una afinación, no como una melodía.

En varios ensayos y entrevistas Mario Montalbetti ha hablado de su teoría sobre cierta poesía como resistente al sentido. La poesía que se resiste a hacer Signo, asegura, se aleja de las formas narrativas que tienden a cerrarse y ser legibles. Esta poesía no moraliza pero tampoco es antimoral, no representa pero tampoco es autorreferencial, sino que es lenguaje, acontecimiento sucedido enntre las palabras y la imposibilidad de que signifiquen completamente. Dejando de lado el debate sobre los procesos de interpretación (unos dirán que todo es legible por voluntad de quien lee, otros que hay zonas grises en la significación), podríamos extender la idea de Montalbetti para preguntar por la forma reticente de la literatura en general. Esta forma no obedece a novedad ni a programa de vanguardia, sino a una condición fundamentalmente incompleta del lenguaje y la experiencia humana. Mientras leía los cuentos de Quisiera quedarme quieta me parecía que estaba ante una literatura reticente. Dado que se trata de relatos conducidos por voces narrativas, espacios y anécdotas, la resistencia a hacer Signo es más bien una labora colaborativa entre quien lee y los escritos. No basta con ser consciente de la resistencia, hay que resistir con ella.

Considerando las voces, las perspecitvas y la obviedad de uno de sus epígrafes (tomado de «Año nuevo«), es inevitable pensar en la narrativa de Inés Arredondo al leer a López Camberos. Pero la resonancia entre ambas sucede en un nivel más sutil que el intertextual o tópico. Está presente en las atmósferas y en la afinaciones, en la atención con la que las voces narrativas se detienen en espacios aparentemente vacíos pero poblados de espectros. Espacios mínimos en los que cabe una vida asediada por su constitución.

Una lectura que se quiera reticente para hacerle justicia a los relatos ha de considerar las resonancias que tocan los objetos descritos. Podríamos llamar a esa resonancia espectralidad, pero también podemos denominarla entonación. Se trata de una materialidad de la que se intenta escapar pero que termina siempre volviendo al foco de la narración. «Por ejemplo, cuando [los sueños] se vuelven riterativos y, desde adentro, es posible conservar los hilos de los acontecimientos porque el sueño se vuelve un comentario de sí mismo. La imagen primera, que apenas se conjura, se diluye. Los obstáculos para completar una acción, la vaga conciencia de un objetivo y un fin. Algunas veces una forma de vergüenza.» (26)

Los personajes deambulan, se mueven entre momentos de soledad y hastío, su cansancio se comunica y se respira, la puntuación, los focos, los detalles de las cosas que brillan y se opacan contribuyen a ello. Pero los personajes rara vez están solos. No los rodean otras personas, las más de las veces, sino animales, plantas, objetos. El mundo de los cuentos es uno abandonado pero lleno de sí mismo. No es el mundo de los afectos líquidos sino uno que posee constencia y densidad, es un mundo iluminado aun en sus espacios recónditos, a donde llega a veces el ojo de las voces narrativas, y es un mundo oscurecido en los haces de luz que ensombrecen lo que los rodea.

No es un libro que aspire a la totalidad ni a representar la experiencia de una generación. Se agradece (y celebro) la audacia de la sencillez y la intimidad. En una época en la que lo biográfico desea adquirir una pose de épica anodina, López Camberos toma caminos antes transitados para insistir en ellos. La historia pasa de soslayo y es así como más firmemente aparece. En los entresijos de las vidas solitarias y esquivas surgen mundos densamente poblados de fantasmas, de sonidos, sensaciones y cuerpos. El título, que proviene del último cuento, es la puerta de entrada y de salida del libro: el deseo y su imposibilidad, el quietismo y la resistencia impráctica. Un tono que se percibe y la imposibilidad de asirlo.

Para comprar el libro

Relación con la editorial: Invitado como presentador de libros, reconocimiento cordial.

Relación con la autora: Aprecio cordial en redes sociales, relación de amistad íntima con mi pareja.

[1] «Another dimension of reality that happens to our bodies in a similar way and surrounds them is the weather. For this very reason, references to music and weather often occur when literary texts make moods and atmospheres present or begin to reflect upon them. Being affected by sound or weather, while among the easiest and least obtrusive forms of experience, is, physically, a concrete encounter (in the literal sense of en-countering: meeting up) with our physical environment. Toni Morrison once described the phenomenon with the apt paradox of “being touched as if from inside”.» Hans Ulrich Gumbrecht, Atmosphere, Mood, Stimmung.

apuntes