>Tres veces amanecer<


nuestro error y sus quizá,

fueron los intentos de ver

lo que todos

podían por el retrovisor,

una mano que se acercaba sin tocarnos,

una mirada que miraba al centro del espejo

—nos alejábamos

como en una película en la que no fuimos protagonistas,

nuestro error fue esperar en una sala vacía

—no toda sala es esperanza si no hay sitio para

revistas despegadas—,

nuestro error o su quizá

fue sonreír a destiempo, con una mueca

disfrazada de moral

para satisfacer al intruso que se asomaba

por el borde del espejo


nos despertamos todavía

con la resequedad de las mañanas inciertas,

nos fuimos quedando abrazados

sin que nadie notara nuestro

tacto escapista en el cuerpo del otro,

nos miramos de soslayo

como quienes buscan una paja en un montón de agujas

para regocijo de los que decían

“eso puede ser, puede no ser, de eso se trata”,

nos despertamos sin mirarnos,

con manos agotadas en la maraña de la iluminación,

con buques de asfalto en los oídos en la sed

de la angostura liminar, con aire

de la posposición perpetua


canta la voz que canta

canta y dice que brillan las estrellas todavía

que nada se oye en donde el vacío es lo que nombra,

[un poema es a veces un poema

a veces una posición a veces

es también una carreta de posibles]

no canta la voz que dice “esta hoguera es mía”

es una luz de mañana que se cuela

en la ventana como un gato intonso,

aletargarse en la mañana de los

alumbramientos, entonces

cantar como decir “amaneció”

o “ha sido lo deshecho”.

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