>Tres veces amanecer<
una mano que se acercaba sin tocarnos,
una mirada que miraba al centro del espejo
como en una película en la que no fuimos protagonistas,
nuestro error fue esperar en una sala vacía
—no toda sala es esperanza si no hay sitio para
fue sonreír a destiempo, con una mueca
con la resequedad de las mañanas inciertas,
tacto escapista en el cuerpo del otro,
como quienes buscan una paja en un montón de agujas
para regocijo de los que decían
“eso puede ser, puede no ser, de eso se trata”,
con manos agotadas en la maraña de la iluminación,
con buques de asfalto en los oídos en la sed
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