Cabellos blancos
“El sol no se avergüenza de ponerse,
no siente nostalgia de su brillo matutino,
no piensa que las horas del día lo están echando del cielo.
No se experimenta menos luminoso ni hermoso
por comprobar que el ocaso se aproxima,
no cree que su resolana sobre los edificios
sea menos importante o necesaria.
Cada hora tiene su gozo.
El sol lo sabe y cumple hora a hora su tarea.”
(Poema “No es viejo aquel”)
Un paso lento y sereno. Ojos que transmiten confianza. Y la transparencia de aquellos rostros que irradian paz. Agujas de tejer. Un apretón de cachetes. Un bastón. Y una melodía tarareada. Relatos que se remontan al ayer. Una sopa. Un mazo de cartas. Besos que dejan su huella de pintura sobre nuestra piel. Y un par de manos arrugadas.
Y es que en la sencillez está la vida. Y a veces sólo necesitamos de aquellos simples detalles para aprender a amarla.
Porque los apretones de manos más poderosos son aquellos alrededor del dedo del abuelo y los pasos más firmes y seguros son los que damos por primera vez hacia la confianza que infunden sus brazos.
“Y es que en la sencillez está la vida. Y a veces sólo necesitamos de aquellos simples detalles para aprender a amarla.”
Y es que su mayor legado no se mide en bienes materiales. El auténtico legado es el tiempo compartido.
Los lentos paseos arrastrando hojas secas del colegio a casa, y el sabor de aquellas inimitables comidas caseras, con gustito a “sartén de la abuela” de las que debías comer hasta empacharte. Y ni hablar de esos incontables asados que lograban reunirnos a todos cada Domingo para recordarnos que la familia siempre vive mejor unida.
Aquellas tardes jugando a las escondidas junto a nuestros primos, convirtiendo cada rincón de la casa en cómplice de nuestras travesuras. Y las expediciones que realizábamos en busca de aquellos tesoros escondidos, que lograban captar nuestro asombro al instante.
Maquinas de escribir, discos de vinilo y fotos en blanco y negro eran para nosotros, exóticas reliquias que sólo existían en casa de los abuelos.
El “té de la abuela” de cada tarde y la costumbre de aquellas infaltables siestas en donde el bajar de las persianas daba lugar al comienzo de cada uno de nuestros sueños, acompañados siempre del tarareo de esas características canciones que nos cantaba para que pudiésemos dormir.
Relatos que cabalgaban entre la realidad y su inventiva. E historias que, cual tesoros puestos en palabras, nos transportaban a tiempos en donde todo parecía haber sido mejor.
“Y es que su mayor legado no se mide en bienes materiales. El auténtico legado es el tiempo compartido.”
Y es que los abuelos son los regalos que nunca nos cansamos de disfrutar.
Aquellos capaces de cocinar un almuerzo para 20 gorilas, haciendo alusión a su lema “Más vale que sobre y no que falte”.
Expertos en detectar dolencias y enfermedades, y fanáticos de la televisión, en donde el noticiero y los partidos de football ocupan el primer lugar.
Son quienes te sorprenden con tu comida favorita cuando saben que vas de visita. Y quienes te confían su celular para que les leas o contestes los mensajes que nunca pudieron abrir.
Los únicos que aún siguen llamándote sólo para saber cómo estás y los que te dejan, en caso de que no pudieras atenderlos, uno de aquellos benditos mensajes de voz que nunca faltan.
Son quienes te cuidaron, te llevaron y buscaron. Aquellos que aún continúan cediendo a tus caprichos de la misma forma que cuando eras pequeño. Y quienes saben desde la hora en que naciste hasta la fecha exacta en que dejaste de usar pañales.
Y es que los abuelos son los primeros en formar parte de nuestro club de fans.
Si necesitás ayuda económica, sabés que siempre tienen algo de plata guardada. Y sino la necesitás, ellos solos te tiran un billete a escondidas, como si se tratara de tráfico de cocaína, al igual que de chico te largaban la chirolita.
Son aquellos que brindan su cariño a cambio de nada y quienes no se dejan vencer por el paso el tiempo.
“Y es que los abuelos son los regalos que nunca nos cansamos de disfrutar.”
Abuelos. Aquellas personas que nos amaron incluso antes de conocernos. Contadores de historias y guardianes de tradiciones que perduran en el recuerdo. Nuestro refugio predilecto a la hora de albergar nuestra alma.
Y es que son seres de otro planeta. Su naturaleza lo es. Propietarios de almas pertenecientes al mismísimo cielo. Ángeles que descienden a instaurar su legado de amor para luego de un tiempo regresar a su medio natural. Y es que es allí de donde provienen.
Son los mejores maestros de vida. Aquellos que nunca se olvidan. Y cuyas enseñanzas nos acompañan hasta el último de nuestros días.
Y es que no se trata del saber en sí mismo, sino de cómo se transmite. Y ellos lo hacen sin precisar palabra alguna. Enseñan con su vida misma, y su ejemplo hace eco en nuestro futuro.
“Y es que son seres de otro planeta. Su naturaleza lo es.”
Que las cosas sencillas son las que más importan. Y que las más bellas del mundo no se ven ni se tocan.
Que no hace falta dinero para hablar de felicidad; y que lo más lamentable de un ser humano es perder el valor de la humildad y la generosidad.
Nos enseñan que nuestra existencia tiene sentido en la medida que servimos a los demás, y que debemos de hacerlo sin esperar nada más.
Nos demuestran que la paciencia es una virtud. Y la fortaleza, sinónimo de vitalidad.
Que el respeto a los mayores es primordial, y la lealtad a nuestros seres queridos nunca nos puede faltar.
Que a diferencia de los hechos, a las palabras se las lleva el viento. Y que no existe el éxito sin sacrificio previo.
Que nunca aceptemos nada que atente contra nuestra integridad. Y que todo lo que hagamos en la vida, dejará su huella en la eternidad.
Nos demuestran que ser mayor no es ser viejo. Y que nunca es tarde para empezar desde cero.
Que la vida es un viaje, no una competencia con los demás. Y que si de pronto te equivocas, siempre se puede volver atrás.
“Enseñan con su vida misma, y su ejemplo hace eco en nuestro futuro.”
Y sí, ojalá pudiese regalarte parte de mis años. La vida es cruel por avanzar tan deprisa y el mundo gira demasiado rápido.
Pero también pienso que los abuelos en su condición de superhéroes sólo se vuelven invisibles. Ellos nunca se van. Puedes sentir su presencia en la brisa que te acaricia la cara, cuando te miras en el espejo y en cada recuerdo.
Se quedan allí, en tus venas, en mucho de lo que sabes, en tu carácter, en todo el amor que rediriges, en cada enseñanza heredada.
Porque yo no olvido ni olvidaré, que fuiste el horizonte que desee alcanzar y seguirás siendo el espejo en el que mirarme.
Y es que sé que llegar a ser como tu significará haber triunfado en la vida.
“Para el profano la ancianidad es invierno;
para el sabio es la estación de la cosecha.
El crepúsculo de la vida trae consigo su propia lámpara.
Hay una primavera que no vuelve jamás,y otra que es eterna;
la primera es la juventud del cuerpo,
la segunda es la juventud del alma.
Cuando una noble vida ha preparado la vejez,
no es la decadencia lo que ésta recuerda:
son los primeros destellos de la inmortalidad.”
M. Cruz Lanteri
