Cuevas en el Centro Estatal de las Artes de Colima

José Luis Cuevas en La Parota, Colima.

La vigencia de la obra de José Luis Cuevas entre nosotros, es un vital lugar común, como nuestro cálido ambiente tropical: sobrevive en Colima. Luce, en nuestro verano de 2017, el resplandor de sus colores ocres en armonía con el verdor de nuestros paisajes.

José Luis Cuevas dejó en Colima un nutrido volumen de sus obras, y su memoria aparece en la biografía de varios protagonista de nuestra historia inmediata. Sólo por ese hecho, trasciende en nuestra entidad como otro de los pilares de nuestra vida cotidiana.

Polémico y provocador desde sus inicios, su irrupción en el escenario de la plástica nacional fue una exclamación abstracta a finales de las década de los cincuenta del siglo XX. En Colima asentó su etapa de madurez, uno de los momentos más plenos de su trayectoria artística, cuando corría la tensa calma de los años noventa, que venían a reclamar sosiego por todo lo que los sesenta tuvieron de intempestivos.

Si en sus principios, su expresión artística (y de toda la Generación de la Ruptura y de la Generación los Grupos) impulsó un rechazo al Muralismo Mexicano y a la Escuela Mexicana de Pintura, su incorporación al proyecto de descentralización del Centro Nacional de las Artes (en 1994), a partir de su conceptualización del Centro Nacional de Producción de Artes Gráficas La Parota (al lado de Lucina Jiménez, de María Cristina García Cepeda, de Saúl Juárez y de Rafael Tovar y de Teresa), ocupó uno de los sitios canónicos en la estética institucional de México. La obra gráfica de Cuevas se convirtió en unos de los matices visuales de nuestro país.

Apenas en el mayo reciente, el Gobierno del Estado de Colima y la Secretaría de Cultura Federal inauguraron el Centro Estatal de las Artes, que cobija la impresionante colección de arte gráfico de La Parota, en las hermosas Salas de Arte Gráfico José Luis Cuevas, que parecen encontrar en Comala su sitio definitivo.

Ahí se resguardan los más de 5 mil grabados que legó el maestro Cuevas a Colima y a México. No todos son de su autoría. Él firmó medio centenar, pero gracias a su generosidad, más de cien creadores de México y del mundo han visitado los talleres de La Parota para trabajar sus piezas de arte gráfica. Y lo siguen haciendo, ahora al Centro Estatal de las Artes adonde han llegado por lo menos una decena de grandes maestros que son figuras de la plástica nacional.

También nos sentimos orgullosos de la obra escultórica que Cuevas dejó en Colima. En particular de La Figura Obscena, esa enorme pieza que representa, en buena medida, los adjetivos que suelen acompañar la descripción estética del maestro: retadora, desafiante, monumental y, conceptualmente, erótica.

Se ha hablado largo del tema, pero conviene recordarlo. La Figura Obscena formó parte de la exposición Libertad en bronce que estuvo montada sobre Avenida San Fernando, y que antes estuvo en la avenida Reforma de la Ciudad de México. Cuevas gustaba recordar que en Colima se produjo su escultura en tamaño monumental, porque fue la más votada en una encuesta realizada a los visitantes de la exposición. Desde luego, ambas llevan la firma del maestro.

En el Jardín Escultórico Juan Soriano (al frente del Centro Estatal de las Artes) también luce, tambaleante, otra escultura: El Equilibrista. Y al interior de las Salas de Gráfica José Luis Cuevas, recibe a los visitantes la expresividad amorfa de La Escultora.

Una última curiosidad que conviene traer a nosotros. De los muchos legados de Cuevas a Colima, un libro: la primera edición (prematura) de Cuevario (1995), la compilación de su columna periodístico autobiográfica que primero publicó en la revista El Búho en 1982, luego en el periódico Exclesior a partir de 1997 y (desde 1999) también en El Universal.

Sumar a La Parota al proyecto del Centro Estatal de las Artes, permite ampliar los alcances de La Parota, porque ofrece la posibilidad de relacionar a las artes gráficas con otras disciplinas artísticas y expresiones culturales. Erotómano (se ha insistido), Cuevas cultivó el sano entrecruzamiento de las disciplinas artísticas antes que el vilipendio de las distintas expresiones culturales.

De las muchas visitas que realizó a Colima (documentadas: 1996, 1999, 2000, 2001, 2006 y 2010; sin fechar, todos los recorridos que hizo a nuestras costas y a Comala, al lado de Alberto Isaac, su gran promotor entre nosotros), varios colimenses recuerdan haberlo visto en los talleres de pintura y gráfica local, en alguna galería privada, en algún bar o restaurante, incluso al interior de un domicilio particular.

Como escribió en su Cuevario del 17 de septiembre de 2001: “Por todo esto, pienso, podría ‘llamarme colimense’ y vivir parte del año en esa ciudad que me gusta mucho, y en donde tengo muchos amigos.”

Recordar esas andanzas de El Gato (como le decían sus amigos) en nuestros días de verano, es apenas un pretexto para mantenerlo vigente entre nosotros, como lo estará siempre en las Salas José Luis Cuevas del Centro Estatal de las Artes.

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