Las neo ciudades

Las neo ciudades
Creo haber escrito algo como último
poema de amor a las ciudades,
cuando es cada vez más difícil
vivirlas como ciudades.
Italo Calvino.

La angustiada sinceridad de Italo Calvino, su profunda despedida de las ciudades de la Modernidad, fue vivida por Ibn Jaldún durante la decadencia del Imperio Árabe en Europa, en 1332. Abenjaldún, como es conocido en el mundo occidental, escribió los siete libros de Al-Muddamiah o Introducción a la historia universal.

Probablemente se trata del primer intelectual en reflexionar desde la perspicacia del sociólogo, la intuición del filósofo y el rigor del historiador, sobre la decadencia de las ciudades. Ibn Jaldún sentencia que la vida urbana “es el término más allá del cual ya no hay progreso”; vivir más allá de la vida urbana es vivir más allá del progreso y del deseo de trascendencia.

Frente a las ciudades de la Modernidad, jóvenes y lozanas (para utilizar una prosodia modernista), las ciudades de la sobre modernidad, de la transmodernidad o de la posmodernidad, crecen ágiles y dinámicas. Ligeras, mínimas y cínicas, conservan el hiperábton de lo grandioso sin la elocuencia de la épica. Fruto de un fantástico imaginario cienciaficcionista y pop, las neo ciudades se distienden incluso con pereza a lo largo de los nuevos imaginarios urbanos, burlándose de las madrugadas de decadencia de San Francisco, Londres o Sao Paulo.

En su topografía, las viejas ciudades de la Modernidad establecieron un diálogo con los ciudadanos tan estéticamente polisémico como políticamente plural. La experiencia que transmiten las neo ciudades es hiperbólica, basada en un imaginario cuya constitución técnica condena a la imaginación a los límites de las formas. Neo hipérbaton urbano: en su política se ha generado un significado polisémico tan diverso, que se eliminan los valores de identidad de los ciudadanos (adiós a la libertad, la igualdad y la fraternidad); se ha generado un sentido estético plural tan amplio, que el arte es ornamentación adaptada al gusto de la relación de los sujetos con los objetos. La construcción de edificios como objetos aislados, como formas aisladas, puebla los espacios. Cosificado, el arte pierde significados y sólo se utiliza como adjetivo: el edificio, el objeto (y hasta el espacio) contiene su forma estética y deshumanizada. ¿Algún día se construirán pequeños tal mahal a precio de interés social, costeables con créditos sociales?

Las neo ciudades son marcas comerciales construidas a partir de un proceso empresarial (llamado branding city o marketing city), y su desarrollo depende de un jefe propietario. En Dubái, por ejemplo, la posible alineación empresarial es la siguiente. El grupo inversor está encabezado por Mohammed Bin Rashid Al Maktowm, propietario de Dubai Holding. Este holding ha encargado a las inmobiliarias de Emmar Properties y a Nakheel Properties que diseñen la ciudad. Ellas han contratado a Helman Hurley Charvat Peacock/Architects, Inc (HHCP) para que establezca los alcances legales, culturales y de mercado del proyecto. Firmas de diseñadores y arquitectos, como Office for Metropolitan Architecture, Arup o Studio Nova, aportarán los bocetos definitivos de Dubái. A su vez, ellos han contratado a Van Oord para que pueble de constructores los Emiratos Árabes Unidos.

El imaginario urbano de las neo ciudades se basa en el tejido de redes empresariales. Una de las empresas de desarrollo urbano más influyentes en el mundo es HHCP. Fundada en 1975, el despacho se describe a sí mismo como “la comisión de un equipo de cuatro jóvenes arquitectos ambiciosos”, que en sus orígenes cobraba no más de 30 dólares por sus creaciones. Ahora es el despacho de desarrollo urbano más importante del mundo.

William C. Charvat, actual vicepresidente del holding y jefe de operaciones de la oficina, es miembro de la Asociación Americana de Arquitectos y de la Sociedad Americana de Ingenieros Militares. Además, participa en la polémica comisión Dispute Resolution Board Foundation (DRBF, por sus siglas en inglés) que proporciona asistencia mundial sobre condiciones y prácticas para el desarrollo urbano y arquitectónico. En diversas partes del mundo, la DRBF ha sido acusada de violentar legislaciones estatales y normas de protección ecológica, a favor de los proyectos arquitectónicos de sus clientes. Sus esquemas de construcción y lineamientos de desarrollo urbano han sido fundamentales para la expansión territorial de Florida, donde reside. Ahí, Charvat es apreciado como uno de los constructores más influyentes de Estados Unidos de Norteamérica.

Charvat también es autor del Manual sobre la garantía de calidad y el control de la calidad en procesos arquitectónicos (A continuing education program: Quality assurance, quality control), de amplia circulación entre grupos urbanistas. El Manual incluye temas como las relaciones propietario-arquitecto-constructor, obligaciones y responsabilidades legales, negociaciones, diseño, planificación, construcción, disputas, asociaciones, etcétera; además, material de texto, formas, gráficos, esquemas y cuestionarios, entre otras herramientas para establecer disputas frente a los mecanismos estatales de administración territorial para el desarrollo de la construcción.

El HHCP de Charvat se ha especializado más en los procesos de licitación o las fases de negociación de los proyectos arquitectónicos, que en los ejercicios creativos para mejorar los diseños.

Charvat es un arquitecto de los negocios de la arquitectura.

Según el arquitecto Robert Venturi en el libro Aprendiendo de Las Vegas (1966), Las Vegas fue el primer modelo cultural de neo ciudad. La experiencia de Las Vegas (y de su hermana gemela, la puritana del este de Nevada, Salt Lake City) generó nuevos esquemas para el desarrollo urbano posterior al siglo XX. La vena que alimenta al corazón y al cerebro urbano, metaforizados por hoteles y casinos en Las Vegas, es una avenida trazada por las arritmias del comercio, visibles en el centelleo de las luces de neón de los bulevares. En las neo ciudades, el objetivo del urbanismo es determinar una estrategia (no una vía) de comunicación, para que los sujetos faciliten la circulación del dinero (y no de los sujetos).

Las neo ciudades son “formas adaptadas a los clientes”, sugiere David Harvey: “busca[n] simplemente tener en cuenta las tradiciones vernáculas, las historias locales, las necesidades, los requerimientos y fantasías particulares”. Los nuevos espacios comunitarios no tienen la intención de transmitir significados concretos en sus edificios, como las viejas catedrales o los ayuntamientos. Los nuevos edificios, de hecho, pueden ser derrumbados apenas cambie el simulacro de los deseos de los propietarios (no de la “comunidad”, un término destinado al anacronismo).

La compleja relación histórica entre la arquitectura, el urbanismo y la economía, cubre buena parte del desarrollo del siglo XX. En ello, los arquitectos Le Corbusier y Frank Loyd Wright fueron un punto de inflexión. Aunque en su obra artística aún respiran valores románticos, ellos conceptualizaron a la ciudad como una máquina que suplanta la vida de los hombres por el dominio formal de los espacios.

Dos volúmenes, más líricos que académicos, muestran la inspiración de la arquitectura moderna en el concepto de “ciudad máquina”: la Carta de Atenas (1932, publicado en 1943), de Le Corbousier, y Arquitectura moderna (1934), de Frank Loyd Wright. “La máquina de habitar” llama Le Corbusier a su proyecto de vida urbana basado en la experiencia formal de la arquitectura, con espacios amplísimos para pocas viviendas, confortables y dinámicas. Más pragmático, Frank Loyd Wright asegura en sus conferencias de Princeton en 1931, que la ciudad es el paradigma del dominio de la máquina sobre el hombre.

Sin embargo, Aprendiendo de Las Vegas y Complejidad y contradicción de la arquitectura, de Robert Venturi, pueden considerarse las primeras conceptualizaciones técnicas de las neo ciudades. En las páginas introductorias de Aprendiendo de Las Vegas, Venturi sitúa a Strip Las Vegas, la calle principal de la ciudad y una de las vías de mayor flujo económico de Estados Unidos de Norteamérica, como paradigma del trazo estético de la urbe al servicio del comercio de la sociedad privada.

A Venturi le interesa desaparecer la tradición del espacio público del contexto urbano para generar objetos públicos. Arquitectura de la comunicación en el espacio urbano, el diseño se vuelven principio de la economía (la esencialidad de las ciudades) independiente de las condiciones de uso comunitario. Los espacios más que convocar deben comunicar y persuadir para incentivar el intercambio de la producción económica, permitiendo el triunfo de los objetos en su comunicación con los individuos.

Otro ejemplo es Sheik Zayed Road de Dubái, que conecta el barrio de Deira con la zona de Dubai Mall. El trayecto ofrece todo tipo de comercios, desde zocos de oro hasta mercados de especias, pasando por las grandes cadenas de ropa y los poquísimo puestos improvisados de baratijas para turistas. La avenida está diseñada para los miles de comercios de Dubái, y para el cruce de los autos de lujo que se diseminan y reproducen a lo largo de la super avenida.

Más allá del valor comercial y la plusvalía de los terrenos, el concepto y el diseño de la super avenida ya suponía un destino económico. Las maquetas de Sheik Zayed Road, con su flujo interminable de luces artificiales, de automóviles de lujo y de turistas millonarios, contenían un cálculo económico y arquitectónico, mucho antes de que comenzaran a construirse físicamente esos espacios. Nunca como ahora, como en estas avenidas, la arquitectura funcionó de programa de máquina registradora, timbrando números como claxon de un auto desquiciado.

Siguiendo a Venturi, el arquitecto holandés Rem Koolhaas (su despacho OMA ha participado en la creación de numerosos espacios y edificios en Dubái) se ha convertido en uno de los diseñadores urbanos más influyentes de la actualidad.[1] Koolhaas es autor del libro La ciudad genérica, deudor de los conceptos de complejidad y contradicción en la arquitectura, escrito a la manera libre y directa de los artistas de vanguardia de principios del siglo XX.

Koolhaas es un revisionista del arte de la juventud burguesa, una reinterpretación del art nouveau en la bolsa de valores del siglo XXI. Provocadores y sugerentes, los párrafos de La ciudad genérica fluyen con limpidez poética mientras confrontan las nomenclaturas clásicas de la literatura social: “la historia”, “la política” o “la sociedad”.

Koolhaas no ensaya, vocifera manifiestos para erradicar al urbanismo como epistemología de los espacios de la vida comunitaria. Una arquitectura sin preocupación urbana que disponga de los espacios urbanos como un restirador para el artista.

Koolhas considera al trazo urbano como entropía, y a la sociedad un obstáculo para el dominio de los objetos. Sus obras celebran objetos habitables por clientes sin identidad (ese “cebo para ratones”, esa “basura sin sentido”, esa “resistencia a la contradicción”, esa “defensa de la centralización”). Este marco crítico es planteado con un lenguaje que amalgama una semántica de la arquitectura, la literatura queer, la bioquímica y una diatriba a favor del posmodernismo, el momento de desintegración de las formas.

Koolhaas recurre a la metáfora de ciudades in vitro o Ciudad Genérica para referirse a las neo ciudades. “La Ciudad Genérica es un recipiente hermético de laboratorio para cultivos biológicos”, dice en otra parte. Si uno observa Miami, por ejemplo, imagina a Koolhaas de laboratorista y a Charvat de auxiliar químico. Ambos sueñan una ciudad genérica para ciudadanos genéricos en laboratorios in vitro.

La metáfora evolucionista tampoco debería sorprendernos. Como querían los positivistas del siglo XIX, en el fondo, esta propuesta arquitectónica revela que sólo los agentes más aptos, biológicamente determinados, pueden habitar espacios genéticamente controlados.

Koolhaas insiste en la metáfora biológica para el desarrollo de la arquitectura urbana. El proceso por el cual se construyen las neo ciudades es la planificación controlada por afectos biológicos, “no en el sentido usual de algún tipo de organización burocrática controlando su desarrollo, sino como si reiteradamente varios gérmenes, o legiones de semillas, cayeran al suelo arbitrariamente igual que en la naturaleza, arraigaran — explotando la fertilidad natural del terreno — y ahora formasen un conjunto: un gen arbitrario que a veces produce sorprendentes resultados.”

Koolhaas diseña los ambientes de la Ciudad Genérica: un espacio cuya serenidad “se consigue con la eliminación del reino de lo público” que “ya no puede ser dimensionado”. En lugar de la plaza pública (que centraliza las actividades comunitarias), los aeropuertos y su principio social básico es abolir las reglas del tejido social.

Koolhaas es un mordenólatra: “La originalidad de la Ciudad Genérica reside sencillamente en su rechazo a lo que no funciona — lo que ha sobrevivido a su uso — haciendo pedazos el idealismo a golpes de realismo aceptando lo que crezca en su lugar. En ese sentido, la Ciudad Genérica alberga tanto lo primordial como lo futurista — de hecho sólo estas dos cosas — . La Ciudad Genérica es todo lo que recuerda que solía ser la ciudad. La Ciudad Genérica es la pos ciudad que está siendo preparada en el lugar de la ex ciudad.”

Koolhaas se molesta con los espacios generados por la Modernidad. “La Calle ha muerto”, celebra el arquitecto, “la Peatonalización — intentando protegerla — simplemente canaliza el flujo de esos condenados a destruir con sus pies el objeto de su intencionada veneración”. En cambio, “la única actividad es comprar”, y ejemplifica los espacios habitacionales por excelencia: los hoteles, “el alojamiento genérico de la Ciudad Genérica” para la gente que “no sólo es más atractiva que sus semejantes, sino que se supone que tienen un mejor temperamento, menos obsesionada con el trabajo, menos hostil, más amable. En otras palabras, es la prueba de que hay una conexión entre arquitectura y comportamiento, que la ciudad puede hacer mejores personas incluso a través de métodos sin identificar.”

Pero son las neo ciudades prediseñadas quienes moldean a sus habitantes, los ciudadanos genéricos que son sujetos curriculares.

[1] En el 2007, Koolhaas fue contratado por el gobierno mexicano para construir la polémica Torre Bicentenario en la Ciudad de México. El 2 de marzo de 2007, el arquitecto ofreció una conferencia en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, donde habló de su “adicción” por las grandes ciudades como la Ciudad de México. Su propuesta de construir el edificio más grande de Latinoamérica fue blanco de diversas críticas que llegaron a demoler (real y metafóricamente) al edificio, cuando el proyecto fue clausurado, sin muchas explicaciones, alrededor del 2010. Kolhaas tampoco comentó nada sobre la cancelación del proyecto. En su página oficial de Internet, sobre la imagen de la Torre Bicentenario sólo ha colocado la leyenda “cancelado”.

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