Paso del Norte, 2

Mi abuelo es transparente como un burdel en el que nadie miente./ Mi abuelo, el padre de mi padre, anduvo así de impreciso,/ con la culpa encima, con los huaraches de araña y cuero en cruz,/ sobre el polvo de Calexico./ Entonces mi país aprendía a querer la crisis, como se desea a una amante,/ infiel y necesaria./ Entonces dolía la soledad y las palabras que nadie mencionaba:/ pobreza, adolescencia y esquirlas en Vietnam.// Calexico: corrían caballos blancos en un llano de seda,/ un sueño nebuloso para atrapar los moscos de la necesidad./ Una guitarra celebraba el fin de la jornada,/ cuando a mi abuelo el frío lo aturdía y robustecía las fuerzas en el platón del hambre cotidiana./ A cambio, la sombra en la dureza de un sombrero,/ horas por segundo la sangre le lactaba.// Mi abuelo dice que en Japón vivían los dueños de esa tierra,/ hablando en ademanes de una lengua de loros./ En japonés venía el mandato para departirlo en español mugroso:/ era la destreza de las lenguas de la Waina, hija del licor americano./ El wine, dice mi abuelo en limpio inglés mal pronunciado.// Pedía mi abuelo un poco menos mierda y más tabaco en la comida y en la resignación./ Y la Waina ofrecía el negro pecho para hacer más blando el líquido centeno./ Aquella mujer bendita consumía un galón de vino/ para enseñar a mirar de frente/ al desierto de los días.