La importancia de sentir

Hablemos del incansable vuelo del halcón contra su incierto destino, no de como el ave se fue a otro lugar

Es importante pararse a pensar que una imagen vale más que mil palabras, pero que tal vez quince o veinte bien elegidas, puedan dar vida a algo mucho más vívido y nítido que una simple foto.

No me lo cuentes, hazme vivirlo

No es bueno abusar de las cosas, ya sabéis: Lo bueno si breve, dos veces bueno. Pero pecar de pragmático no es para este oficio.

Supongamos que Eldo y Groal son dos enanos que viajan por el bosque en busca de un yacimiento de oro, el cual, según las leyendas del lugar es casi imposible de encontrar.

Llevemos la escena un poco más allá, y supongamos que al atardecer del cuarto día, después de vagar sin agua por el bosque, encuentran un río. El lugar es maravilloso, lleno de flores de todos los colores envueltas en el efìmero salpicar del agua contra las piedras de la orilla. El sol, ya tímido y cansado, baña en sus últimos rayos los reflejos empapados de la corriente. Groal y Eldo, se acercan llenos de alegría al agua y dejan calmar la sed que llevaban días arrastrando.

Finalmente, cansados de oír los fantasmas en sus pensamientos de todos los que les habían asegurado que fracasarían en su búsqueda, Groal convenció a Eldo para volver al calor del hogar y abandonar tan absurda aventura. Eldo abrazó a su amigo ante la idea y ambos se marcharon incapaces de ver las pepitas de oro que chafaban con sus pies.


Tal vez, estás últimas líneas hayan sido una historieta absurda y sin sentido más allá de ser el contrapunto a la versión pragmática de la historia:

Dos enanos, se perdieron en el bosque y antes de dar la vida en su absurda empresa, deciden volver.

Pero en la primera, es posible recrearse, experimentar la belleza del río, entender porque vuelven y sobretodo es posible entender como sin siquiera haber descrito a los protagonistas, somos capaces de imaginar y ver dos enanos sucios, cansados y polvorientos, perdidos en su afán de un sueño imposible tras un bosque sombrío.

Cuéntame cómo se parte la espada, no que hay un combate. Hazme vibrar con el correr de los caballos, no que viajó tres días. Hazme sentir, no leer.
Atentamente, el chico del café
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