La maldición del escritor

- Acaba ya, que quiero leerlo -

Hoy vengo a hablar, de otra reflexión con la que tengo que lidiar a menudo a la hora de escribir: ¡Por fin encaja toda la obra! ¿Pero conserva la esencia?

Más allá de la complejidad de planificar una obra, está la dificultad de saber si sigue siendo tuya.

Me ocurre a menudo durante el proceso creativo, que al dar a luz ciertas escenas, no acaban de gustarme cuando están sobre el folio. Es decir, no se si es una virtud o un defecto, pero en la creación de mi trama, he planificado cada pieza que mueve la historia, como una delicada partida de ajedrez. Un mecanismo de acción reacción en el cual, para mi todo tiene que tener sentido. Entonces, son dos sentimientos:

Me encanta

Lo que acabo de escribir es las más inefable obra maestra jamás escrita, soy un genio.

Todo encaja

Lo que acabo de escribir es la más inefable partida de ajedrez jamás jugada, soy un puto Jedi.

Luego de esa euforia existencial ya viene el bajón… Mierda, me encanta, pero si pasa esto, me rompe esto otro porque este acto no tiene un desencadenante justificado y la historia se vuelve demasiado simplista ( chaval tu estás chalao, sal a que te de el sol, venga… ).

Y aquí en ese justo momento, creo que llega lo que da lugar al título del artículo: La maldición del escritor.

Lo escribes, lo vives y te encanta. Te casarías contigo mismo y tendrías mini yo pululando por tu casa, pero cuando la trama y la belleza (belleza/epicidad/efecto wow) no se llevan bien, vienen los problemas. Viene ese trabajo de revisión, de reescribir, de restructuración y de releer hasta k se te secan las retinas cual estropajo y al final te preguntas. ¿ Sigue siendo bueno?

Es decir, a mi me gusta… pero lo he leído tantas veces, he reescrito la frase clave mil veces, he borrado y movido tantas cosas, que ya no se si tiene esa esencia mía que tanto me gusta… ¿sigo molando o me he vuelto un dictador con la exigencia en la coherencia de mi trama?

La maldición del escritor: cuidar tanto lo que escribimos, que al final dudamos de si realmente sigue siendo bueno, ya que a nosotros mismos ya no nos sorprende como la primera vez que lo leímos.

Yo tengo la suerte (supongo) de tener una memoria muy volátil, así que cuando siento esto, dejo el documento y me olvido de él unos días y luego lo reviso. Si me sorprende y me encanta como la primera vez que lo escribí, seguimos en la cresta de la ola… si no… borrar y de vuelta a la mesa de dibujo.

Lo que daría por leer de nuevo por primera vez los libros que me han marcado…
- Atentamente, el chico del café