Entre la realidad y la fantasía.

Transitar entre la realidad y la fantasía puede ser una de las experiencias más estimulantes tanto para la imaginación como para la manera en que percibimos y experimentamos el mundo real. Fantasear es, de alguna manera, sobreponer un filtro a lo que vemos y sentimos, mirar de pronto lo que no está ahí, pensarlo bajo una forma distinta y quizá inexistente y, así, enriquecer la realidad. Pero también, cuando la fantasía se cumple, entonces descubrimos para nosotros mismos que las ideas tienen su correlato en los hechos, que su trayectoria se consuma cuando se concretan en las circunstancias palpables de la vida en sí. En la fantasía hay una fuerte tendencia hacia el realismo que sin embargo, en un instante, se interrumpe con la inclusión inesperada de un elemento imposible que trastorna nuestra idea de normalidad. Después de todo es en esa dialéctica entre mente y realidad, fantasía y acto, donde varias de nuestras decisiones eróticas toman forma.
