Hedor concentrado de tanta vida.

No entendía el dolor porque no conocía el amor.
Miro y solo veo mi sombra.
Me envuelvo en espejos que desfiguran mi imagen.
Un día querré ver y no habrá balcones,
solo un paisaje de pisadas sobre ruinas,
cuencas vacías que no me reconocerán.
Un único recuerdo dejaré,
rabia y eco de voces que vuelven inyectadas en sangre.
Mi pasado será vuestro futuro.
El invierno cambiará de dueño arrasando la fuerza de mi desprecio.
No me asustaré; será mi sombra.
Seré y no podré huir sin que me corten los cristales que rompí.
Explotarán en mi conciencia las minas con que sembré los caminos,
ruinas en las que nunca conocimos el valor.
O lo perdimos y no supimos salvarnos,
solo quedarnos bajo las piedras,
sepultados.
Tal vez nuestro propio latido nos aplastó,
dejándonos sin consuelo, sin olvido, sin perdón.
Y entonces podremos disfrazarnos con máscaras,
sabiendo que son mentiras que nos acercarán,
alejándonos del todo para siempre.
Desde siempre.
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