Los libros universitarios: una propuesta, una solución

Las universidades y las editoriales suelen tener objetivos coincidentes en algunos campos.La universidad investiga, divulga y promueve.
Una institución editorial, difunde el pensamiento que surge, cobijada al amparo de la academia o por un solo individuo.
Por un lado, la universidad nació para administrar y desarrollar la verdad autorizada: de aquí nace la institución editorial; ésta es moderna, no tan sólo por el momento en que aparece la imprenta, sino por su figura constitutiva, que es «protestante», esto es, que favorece la lectura libre, según la propia conciencia. La imprenta no es sólo el claustro, sino el renacimiento del ágora: de la Atenas que inventa el poder ciudadano, los debates y el primer mercado de libros.
En las universidades tanto como en las editoriales, los libros editados superan las expectativas deseadas; las universidades aventajan con sus investigaciones a las necesidades o requerimientos de las editoriales.
Las editoriales miden sus logros con la respuesta del público lector: si no hay ventas, el libro no circula; se presenta con esto un primer obstáculo a la circulación del libro. La editorial que publica, lo hace de acuerdo al gusto de su lector que cree en tal editorial por el claro y serio objetivo que tiene al difundir el pensamiento de otros. La circulación de un libro será fluida en la medida que el público lector vaya aceptando lo que se le está ofreciendo.
Las universidades han superado a las necesidades editoriales; sus investigaciones, la narrativa, la poesía, la dramática han tenido en las aulas universitarias su comienzo y desarrollo.

En las editoriales, tanto como en las universidades como puntualmente lo establece Gabriel Zaid, surgen y se editan excelentes libros, y que el problema es que circulen.
Los libros universitarios, en su gran mayoría han sido hechos para ganar puntos, no lectores; son buenos libros, pero también son libros especializados, su círculo de lectores es reducido.
En una editorial es normal rechazar el noventa por ciento de las propuestas de publicación. En la vida académica, sea por derecho adquirido, sea por prestigio académico o político, rechazar la propuesta de un profesor podría tener algunas consecuencias.

Las universidades no tan sólo deben imprimir; deben publicar
Para esto se debe ser realista. Es imposible hacer llegar al público un fondo editorial en el cual una mínima parte pueda ser de interés general y una gran mayoría no cumple las exigencias. Para esta diferencia no puede haber una misma solución: hay libros que SÍ, pero deben ser para un círculo reducido de lectores, son especializados. Hay otros que deben cumplir un trámite académico o promoción laboral; escasos serán los que puedan llegar a un amplio círculo de lectores.
En décadas pasadas, el avance tecnológico en el campo de las artes gráficas fue muy significativo de tal manera que se posesionaron de la técnica a un bajo costo de inversión, pero sacrificando gustos e ideales. Se llegó a masificar la publicación en detrimento de la calidad y de paso monopolizar costos de producción; se llegó a decir: «cuesta lo mismo, uno que mil», verdad a medias, pero que favoreció mucho al impresor/editor y aun cuando llegaron, por la competencia y la demanda, a bajar costos de materias primas de las artes gráficas, sus precios han sido prácticamente los mismos desde que el sistema offset se instauró. El sistema digital actual permite soluciones actuales e inmediatas a problemas crónicos.