Instrumentos sin género.

La primera semana de clases, llegué un par de días a estudiar por mi cuenta a la Escuela ¿Ya les había mencionado que soy la única mujer estudiando para ser instrumentista del trombón? Bueno. Soy la única mujer estudiando para ser trombonista, lo cual provoca… llamémosle: curiosidad, a los demás músicos.

Ese día me senté en la misma mesa de siempre, en el jardín de la parte del frente de la escuela. Según me había comentado mi Profesor, ese era el lugar donde él se reunía con sus estudiantes, porque estar dentro de las aulas era muy caluroso. Yo llegué, preparé mi trombón y en cuestión de segundos ya había un muchacho sentado ahí con sus amigos.

No quiero sonar exagerada, ni mucho menos. Pero digamos que la escuela es bien grande y hay muchos otros espacios lindos, con sombra, donde uno puede estar.

La situación no me hubiera resultado relevante, si no fuera por la siguiente plática (innecesaria) que entabló uno de los muchachos, conmigo.

- Vos sos nueva, ¿Verdad?
- Si *sonrisa incómoda. Continúa tocando el trombón*
- Le haces huevo jaja
- Gracias *continúo tocando el trombón*
- Y ¿Qué milagro te dio por aprender el trombón y no un instrumento de mujer?

Aquí hice una pausa, respire profundo, pensé si realmente ese era el momento y el lugar adecuado para hacerle saber que ese argumento estaba completamente MAL y que no existen fucking instrumentos de hombre o de mujer. Exhalé y amablemente le contesté que siempre me habían llamado la atención los metales. Le di la espalda y seguir practicando.

De verdad, que no entiendo en qué momento le enseñaron a este personaje que los violines, las violas, flautas, clarinetes o cualquier otro instrumento con un sonido agudo y delicado, eran instrumentos para mujeres. Y que cualquier instrumento grave y pesado, era un instrumento para hombre.


Hoy, aproveché que tenía una hora libre entre mi clase de Solfeo y Apreciación Musical, y me puse a practicar un rato:

https://youtu.be/BipMcxF1lP4

De repente, una niña comenzó a rondar al rededor de dónde yo practicaba. Cómo buscando que le metiera plática. Dejé el trombón a un lado y nos pusimos a platicar. Se llamaba Isamar, tiene 7 años y es hija de Doña Aura: una muchacha treintañera que estudia la carrera de Educación Musical. Hoy la Isamar andaba en la Escuela para ver la exposición de su mamá en la clase de Apreciación Musical, sobre el “Blues”.

Mientras la Isamar me platicaba y me preguntaba si es que tenía juegos descargados en mi celular, yo no paraba de imaginármela tocando un instrumento de “hombre”. Una Isamar en la Sala Mayor del Teatro con un contrabajo o una tuba entre sus brazos.

Cuándo le pregunté si había algún instrumento que le llamara la atención, me dijo que le gustaría tocar el piano. Trate de convencerla de tocar algún viento metal, pero aunque logró sacarle sonido a mi trombón (y yo, de ilusa, pensé que eso le iba a gustar), mantiene firme su gusto por el piano.

Ojalá algún día cumpla su sueño. O quizás, cambie te opinión y se una al lado oscuro.