Cuentos de terror por si se avientan Stranger Things en un día

XDXDXD

Estuve a nada de abandonar esta idea; por poco la suelto una vez más. Bueno, pus qué más da si, de todos modos –a partir de un dictamen pericial en surfeo sobre internet– me he dado cuenta que la mayor parte de las publicaciones de este tipo descansan en dos factores: el morbo y la ñerería. Yo soy más ñero que morboso, entonces creo que podré hacer algo medio decente; además, los más seguro es que sí acaben con Eleven el mismo 27 de octubre.

Así que, hoy, mire lo que le traigo a la venta: es el bonito regalo para el niño o para la niña: cinco pesos le vale; cinco pesos le cuesta: es la lista de novedad; es la lista de moda; es la lista para la ocasión, es la bonita lista, tipo cultura colectiva –pero sin afán pretencioso– la cuál le contiene, loquevienensiendo, los mejores cuentos de terror para estas épocas de muertos y de vivos; de más muertos que vivos, de pan de muerto bien rico con su chocolatito y su natita…

Ya en serio: como ustedes, mis amigos más cercanos, lo saben: me gusta mucho día de muertos y Halloween –me vale madres su nacionalismo–, por lo que decidí, en los días más recientes del año –de Enero a la fecha–, buscar algunos cuentos de terror, semiterror o loquefuera –pero que tripearan– para compartírselos y, eventualmente, si ustedes quisieran, comentarlos.

Antes que nada, sepan que no voy a poner a Poe[1] ni a Lovecraft porque pues no son latinoamericanos y ya todos sabemos qué onda; además, para hablar de ellos, supongo que cualquiera puede platicar con su tía, la más incomoda, en la sala esperando a que se acabe ese maldito momento de la visita familiar.

Entonces, ahí les van:

1. Primero: lo primero: Julio Cortázar: del, por el hype llamado, cronopio mayor, les recomiendo:

· Casa tomada (Bestiario): el famosísimo cuento del argentino en donde la incertidumbre se hace del espacio que poco a poco van cediendo los personajes.

· El hijo del vampiro (La otra orilla): un peculiar personaje profana la pureza blanca en los cronotopos del terror.

· La noche boca arriba (Final el juego): “la vida es sueño, y los sueños, sueños son”: un motociclista prehispánico se inmiscuye en la guerra –¿florida?–.

2. Antes de que se me olvide: José Emilio Pacheco escribió un cuento, quesque de terror, con un inicio, aparentemente, plagiado que nos narra la –no sé si más terrorífica o común– prehispánica aventura de un escritor frustrado. En fin: lean el último que listé de Cortázar y luego échense: La fiesta brava (El principio del placer).

3. Hace poco –durante los últimos exámenes que tuve en la Libre– tuve la oportunidad de conocer a una autora que me dejó impactado; leer a Mariana Enríquez en el subte –diría ella– es asumir la experiencia estética del terror y remover algunas telarañas para poder ver, en el fondo de cada relato, problemáticas sociales tan evidentes como invisibles:

· El chico sucio (Las cosas que perdimos en el fuego[2]): una mujer de la clase media se sumerge en lo que podría ser la colonia Guerrero –Constitución–, pero de Buenos Aires, y conoce a un niño con una madre psicópata.

· La casa de Adela (Las cosas que perdimos en el fuego): quizás es el cuento que más se acerca a la definición de terror.

· Las cosas que perdimos en el fuego (Las cosas que perdimos en el fuego): un grupo de brujas modernas hacen del fuego su protesta social.

4. Hablando de genios argentinos: Borges murió y dejó una sucesión monstruosa, tal como la de este cuento: There are more things (El libro de arena).

5. No puede faltar el hombre que asió la muerte –literalmente– durante toda su vida: Horacio Quiroga. Del salteño[3] hay dos que son imperdibles:

· La gallina degollada (Cuentos de amor, de locura y de muerte): la reproducción del patrón hasta la catástrofe.

· El almohadón de plumas (Cuentos de amor, de locura y de muerte): un chupacabras medio dormilón.

6. En el contexto de las criaturas extrañas: La migala (Confabulario): la araña del estrafalario –Juan José Arreola– está suelta en un cuarto y hace suyos todos los espacios; es la acosadora del personaje.

7. Liliana Colanzi, la boliviana, escribe cuentos sin mar, sin cielo, pero bien salados, que evidencian el terror de lo cotidiano en nuestro mundo, el occidental, muerto:

· El ojo (Nuestro mundo muerto): un ojo enorme e invasivo persigue a una niña, como la niña a su sexualidad.

· Alfredito (Nuestro mundo muerto): el asesinato de un chanchito es una premonición.

8. Samanta Scwheblin es otra mujer, bonaerense, que sabe hacer de la intriga el atributo principal de su narrativa:

· El cavador (Pájaros en la boca): el pinche undertaker rural aparece y desaparece en un pueblo de la costa.

· Aunque no es un cuento, vale la pena chingarse Distancia de Rescate: una novelita –como de dos horas– donde la protagonista histérica enfrenta el terror que producen los transgénicos en una comunidad con almas migrantes.

9. Otro clásico queyatodosnossabemos: Aura, de Carlos Fuentes.

10. Si se saben otros, plis digan –en los comentarios o donde sea–; no sean así: ¡saken, perros!

Casi todos están en google :)


[1] Nomás por no dejar: Berenice; La caída de la casa Usher; El gato negro; Doble asesinato en la calle Morgue, etc.

[2] LEAN TODO ESTE LIBRO POR EL AMOR DE DIOS.

[3] Salto: la tierra de otro artista: Edinson Cavani.