Guía para (no) dejar tu taller de impro Parte 2 — Elige tu maestro.

Si no leíste la primera parte te recomiendo darle una mirada para comprender esta segunda

Uno de los puntos más delicados es quién te va a enseñar. Muchas escuelas saben que el maestro “jala” alumnos. Esto nos lleva a escenarios terribles donde un improvisador es muy gracioso o bueno en el escenario pero es un mal docente (o no tan bueno). Aún así tiene un taller lleno porque todos quieren “ser como él” o, peor aún, creen que él les puede enseñar a ser graciosos. Eso, evidentemente, no significa que alguien que sea buen improvisador no sea buen docente. El problema es que son muy escasos y una cosa no es rigurosamente dependiente de la otra.

Es muy importante tener en cuenta que hoy, donde la oferta marca la demanda (y no al revés), es vital que tus parámetros vayan más allá de la de la admiración como espectador. Uno de los puntos que debes preguntarte primero es ¿quién es el profesor? Un nivel básico de improvisación lo pueden enseñar casi cualquier estudiante viejo de improvisación. Otra cosa es que lo enseñe bien. El problema es que, si no tienes experiencia, casi cualquier cosa que te enseñen te va a parecer maravillosa. Eso es un gran problema porque tienes en oferta doce talleres que compiten, generalmente, por precio para capturarte. Tu mirada debe ir un poco más allá. Si tu mirada hacia la improvisación es seria y quieres formate es mejor que inviertas un poco más en un mejor docente.

Aquí algunas preguntas que te debes hacer antes de decidir:
¿Por qué me gusta que me enseñe ese profesor? Si la respuesta es “porque es un mate de risa” ya estás en problemas. Nadie se mete (o no debería) meterse a un curso de improvisación a que le enseñen a ser gracioso o a potenciar las cosas graciosas que tienes como persona como ser calvo, gordo o feo. Si tu maestro no te anula el que te refugies en un aspecto físico en la primera semana es mejor que te vayas, no te van a enseñar nada.

Para hacer chistes sobre tu peso, tu tamaño o tu calvicie no necesitas pagar un taller. Peor aún si tu maestro es el que permanentemente usa ese argumento como refugio en escena para ti o para él mismo. Muchos improvisadores, con falta de recursos, se refugian en el conocido “es gracioso porque es gordo”. Si tu parámetro ha sido ese ya te digo que, si quieres formarte de manera medianamente seria, estás botando el dinero por el caño. Esto lo menciono porque en mi experiencia he visto alumnos de improvisación pasar por todo un campeonato haciendo referencia a sus mismas carencias físicas para hacer reír: “como no sé cómo seguir la historia entonces hago chistes sobre lo enano que soy y el resto va a unirse y el público se va a reír”. En ese punto siempre me pregunto: ¿dónde está el docente?

Preguntas que te debes hacer:
¿Qué hace (o hizo) mi profesor como parte de su formación? ¿Es graduado de alguna escuela de actuación (algunos llevan un nivel y lo ponen como si fueran egresados), curso o taller reconocido de alguna manera? ¿Estudia o ha estudiado actuación, dirección, dramaturgia, danza, o algo de manera formal? Desconfía de los alumnos viejos que terminan enseñando sin formarse en nada más que en repetir cien veces un taller de improvisación, pues, luego de ochenta talleres de impro ya se saben los ejercicios y eso lo puede hacer cualquiera. Importante es tener en cuenta que pueden existir (y existen) grandes docentes autodidactas. El título no hace al actor ni al improvisador. Sin embargo sí debe haberse formado en diferentes aspectos del mundo actoral (independientemente que sea o no actor profesional). En general los buenos docentes estudian, se van a otros países a aprender o participan de cursos y talleres para formarse permanentemente. Evidentemente en este punto hablo de escuelas que venden talleres y no de grupos que juegan impro porque les gusta hacerlo.

Otro parámetro de evaluación es lo que te han corregido o dicho como parte de tu formación. Si tu profesor no sabe la trascendencia de Chéjov y los cambios que trajo al teatro ¿cómo va a darte indicaciones o lecciones sobre acción dramática en escena? Si luego de un par de talleres no te ha comentado sobre objetivos, estrategias y acciones de un personaje en escena es mejor que salves tu dinero. Si tu profesor no sabe la diferencia entre el formato del melodrama y la novela ¿cómo va a evitar que te cobren una falta en un match de improvisación donde, en una categoría de telenovela, no tienes idea de si lo que estás planteando es siquiera coherente con el género?. Si no te puede nombrar tres novelas del cine policial negro o al menos películas del género para mandarte a verlas ¿de dónde vas saberlo tú para hacerlo en escena?. Evidentemente toda esa información no va a partir desde el inicio o en un taller inicial pero hay algunas cosas que debes detectar en tu formación para evaluar si estás en buenas manos.

El teatro, y la improvisación como parte de ese universo, requiere que el actor improvisador tenga sus herramientas a punto: cuerpo, voz y mente. El cuerpo escenico no es solamente pararse sin dar la espalda al público, requiere de un trabajo muy extenso para el cuál hay una amplia bibliografía. Si en tu escuela te han parado en escena sin haber entrenado tu cuerpo al menos en algo tan básico y vital como Labán, sal corriendo (evidentemente hay otras técnicas y metodologías). Algunos maestros no lo explican de forma acedémica pero los ejercicios de cuerpo escénico son muy claros y contundentes. Si sus instrucciones no han ido más allá de que vuelvas a la zona de reserva: sospecha.

Otro aspecto muy importante es el de la voz. Entrenar y aprender a proyectar la voz no es símplemente gritar más. Los actores más experimentados siempre están cuidando, entrenando y aprendiendo el manejo de voz ya que es otra de sus herramientas principales. Si te han subido al escenario sin entrenamiento de proyección de voz: sal corriendo. Si la instrucción de tu maestro es: “sube el volumen” y nada más: sal corriendo. La voz en escena es una de las cosas más importantes en el teatro y su trabajo debe ser consciente. Para ello hay técnicas y ejercicios. Evidentemente si tu maestro no se ha formado en ellos dificilmente podrá formarte a ti.

El aspecto más “simple” es el de la mente. Contar historias es algo mucho más natural en las personas que proyectar la voz o tener un cuerpo preparado para el escenario. Aún así, en la improvisación, requiere de un entrenamiento y un entendimiento bastante profundo. ¿Qué es un protagonista y cuál es la diferencia con el antagonista? ¿Cuál es el objeto de deseo de un personaje? ¿Qué es un drama dentro de la historia? Si crees que un drama es llorar o sufrir en escena y ya tienes tres talleres sin que te lo expliquen: sal corriendo.

Si su instrucción más formativa sobre el cuerpo es que levantes la cabeza y mires al público te aseguro que estás botando tu dinero por la ventana. Si en escena no se te escucha y su más contundente instrucción formativa ha sido decirte: “sube el volumen” sin llevarte a hacer ejercicios de proyección de voz o indicarte cómo hacerlo ¿cómo pretendes aprender algo? Ser gracioso no basta para poder enseñar todo lo que el improvisador necesita. Es importante que dentro de tu formación existan instrucciones claras más allá de “estuviste bien” o “jugaron muy ansiosos”. La ansiedad es un estado que se produce por la falta de herramientas en escena. Decirte que te calmes y nada más equivale a darte un litro de agua de azhar y lanzarte a escena. No es muy formativo en realidad.

No temas dejar a tu maestro por más que te maraville como improvisador.

En resumen no debes olvidar que la improvisación es teatro. El teatro no es simple. Subirse a un escenario es consecuencia de un arduo trabajo. Por eso vas a ver que los buenos actores tienen años de formación y constamente están asistiendo a cursos y talleres para mejorar. Si a ti te han subido a un escenario sin al menos parte de ese entrenamiento es posible que tu escuela te esté usando como anzuelo para llamar más alumnos con el cartel de: “mira, en un taller puedes ser improvisador y subirte al escenario a improvisar”. Mucho cuidado con ello, no es real. También es válido mencionar que existen escuelas y técnicas de teatro para no actores pero eso es otra cosa. Aquí, se supone, que te han dicho que te van a formar como improvisador completo (o tal vez no te han dicho nada excepto que deposites).

Entonces ¿basta con que un actor formado sea el que dicte el taller? En mi opinión no. Se tiene que evaluar qué es lo que propone y la diferencia entre una escuela, un curso y un taller. Esto lo veré en una tercera parte.