3 verdades incómodas para una gobernabilidad por estrenar

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Foto: Nubia Navarro

La larga crisis política europea y su epifenómeno español equivalen a un tiempo en el que los estándares de comprensión comunes sobre lo que nos pasa se han quebrado. Cada vez menos gente se agrupa en torno a las narraciones de los dos grandes partidos: a) un crecimiento con redistribución b) un crecimiento sin bridas. Al tiempo posiciones antes subalternas en cada bloque han adquirido una influencia decisiva, hasta el punto de que su concurrencia es imprescinsible para que cualquiera de ellos tenga alguna capacidad de sustanciarse en medida de gobierno alguna.

Lo que podría estar empezando, en los bordes de 2019, es un reconocimiento de la condición política de los volantazos destituyentes de 2011–2012 y su digestión dentro de una nueva racionalidad de gobierno en España. Para que esta frágil episteme tenga alguna oportunidad es imprescindible que cada uno de sus agentes entienda que los rasgos que encarnan sus aliados-rivales cercanos no son un aderezo exterior con el que pactar, sino un pilar de la nueva racionalidad de gobierno desde la que hay que comprender e intervenir sobre lo que nos pasa. Dicho en términos éticos: reconocer a quien tienes enfrente, pero para compartir un camino, incluye comprender que algunas de sus razones vertebran su composición a riesgo de, si se diluyen, forzar su desdibujamiento como ese sujeto reconocible. Entiendo que en el bloque de gobierno que se pretende formar hay al menos tres verdades que incorporar a la nueva racionalidad de gobierno. A saber:

1) Que la generación nacida de los boomers, esto es de tardomillenials en adelante, tiene una agenda proliferante que no cabe enmarañar en el consenso bipartidista anterior, en la medida en que éste ya solo la pospone y no ofrece certezas sobre las tres grandes incertidumbres que atraviesan sus vidas: ¿cómo nos mantenemos, es decir, abordamos la serie renta-casa-familia-cuidados? ¿qué estatuto de ciudadanía da cobijo a las vastas praderas exteriores a la identidad varóncisheteroblanco? Y ¿cómo garantizamos la viabilidad del planeta?

2) Que una proporción relevante del país tiene una identidad nacional que no se subsume en la idea de España-una, sino que incorpora a esa otra identidad al menos con el mismo estatus, cuando no superior o exclusivo. Y que lo que se juega durante estos años no es si esas identidades plurales van a ceder, sino si van a compartir un marco común de sentir lo que nos pasa o se van a bifurcar en sentires intangibles.

3) Que otra proporción relevante del país ha incorporado una nueva incertidumbre a las primeras, cual es la que se cierne sobre la territorialidad que habían imaginado para sus proyectos de vida, ya no en cuanto a la posibilidad de arraigarse en el mundo rural, sino siquiera en las antes sólidas capitales de provincia y de autonomía de la España interior, que año a año pierden entidad en favor de las ciudades globales. Y que el ambiente ha instado a que reaccionen ante las propuestas independentistas como frente a la gota que colma el vaso y no como a una señal más de la necesidad de politizar esta enorme crisis territorial.

Si en los próximos meses se consigue configurar un manual de buenas maneras que reconozca los contornos de estos sujetos, este bloque se encontrará en una posición de ventaja para hegemonizar el proceso de transformación que se inició en 2008 y cuya digestión comienza. No son las premisas más livianas para iniciar un viaje pero son las que conviene asumir porque, tanto dentro como fuera del bloque, hay otras verdades mucho más incómodas.

Gobernabilidad, innovación y política pública. Filosofía del derecho en la Univ Zgz y conocimiento libre en FLOK Society

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