Día 15: El Laberinto

ClipArt: El Laberinto. Caracas, 16 de enero de 2016. Por Daniel Coelho.

El Último Minotauro

“LO TENGO CLARO. Lo tengo clarísimo. Yo no soy un Minotauro, menos aún el Minotauro. Yo sólo me Presto al juego, a hacer de, a Pretender. Soy, ahora mismo, sobre este escenario, un burócrata cualquiera, un impostor. Todos aquí aparentamos. No le tengo miedo a Teseo Porque sé, Porque me consta, que Teseo es un imbécil, un imbécil como yo, vivas estampas de la imbecilidad humana que nos Prestamos a este juego sagrado. Pero nada es sagrado ya. ¡Y a mí qué que lo haya sido hace miles de años! A mí me da igual. A nadie aquí le consta lo que sucedió hace miles de años. En cambio, a mí sí me consta que yo no soy lo que parezco, que no soy el Minotauro y que esto no es un laberinto. Esto es un teatro. Qué laberinto ni qué ocho cuartos. Es el silencio de esta soledad lo que nos cerca. Y a mí la soledad ya no me la quita nadie. Ni Teseo. Ni que Teseo fuera de veras Teseo, el del mito. Qué va. Si hasta aquí no llega Teseo. Más de una vez me he visto en la necesidad de ir a buscarlo yo a él, y lo encontraba en un mar de lágrimas. Al ver que lloraba, me daba media vuelta y lo dejaba solo. No me encontrará, pensaba. No dará nunca con la salida. ¡ Y lo peor es que hay quien va por la vida como si hubiera encontrado la salida del laberinto! ¡Será posible! Pero lo es. Me consta que lo es. Y me consta, por cierto, por mí mismo. Porque lo he experimentado. Hasta hace muy poco andaba por ahí echándomela de Minotauro. Hasta mandé a imprimir tarjetas de presentación. Pero ya no me creo mi rol. Soy un impostor que repite la escena de un mito y cobra por ello un sueldo que le permite ir viviendo, y punto…”

Extracto de la obra teatral El Último Minotauro. Autor: León Febres-Cordero.