La lacra del “presentismo” laboral

Dani Marquina
Feb 24, 2019 · 3 min read

Ayer me crucé en Linkedin con el testimonio de un chico que explicaba su trabajo en remoto para su empresa ya que justo había pasado una semana fantástica en Gran Canaria compaginando el trabajo con el descanso.

Y aunque debería ser algo normal y habitual en 2019, la realidad es que todavía es bastante raro que alguien pueda llegar a hacer esto, aunque sea algo súper obvio, puesto que es el único camino que cualquier empresa debe tomar si quiere atraer y mantener talento.

El presentismo es esa cultura tan extendida en nuestro país que consiste en estar en el trabajo “calentando la silla”. Profesionales que, aunque hayan terminado sus tareas o estén a la espera de algún tipo de feedback por parte de otros departamentos o clientes, deben quedarse en la oficina y cumplir un horario estricto.

¿Parece algo antiguo, verdad? Pues por desgracia, la mayoría de las empresas de aquí siguen valorando a sus trabajadores según las horas que están en la oficina en vez de por su productividad. Es mas, todavía hay empresas que ven mal si una persona llega 5, 10 o 15 minutos tarde a su puesto, sin darse cuenta que esa persona es lo suficientemente responsable de recuperar ese tiempo al final de la jornada.

Los españoles somos los europeos que más tiempo pasamos en el trabajo (que no trabajando). Sin embargo, estamos en los últimos puestos en cuanto a productividad.

Obviamente hay ciertas profesiones en las que deben cumplirse ciertos horarios por una cuestión de atención al público o en campos como la sanidad o la docencia.

A día de hoy, en nuestro país, sale más rentable alargar la faena a 8 horas aunque en 4 la tengas realizada, porque en vez de considerarse más productivo y dotarlo de flexibilidad, muchas empresas lo que hacen es añadirle al trabajador más carga de faena para cumplir tu jornada laboral.

¿Qué ocurre con todo esto? Que este presentismo está favoreciendo la desmotivación entre los trabajadores ya que estos profesionales podrían estar pasando más tiempo con sus amigos y sus familias en lugar de estar atrapados frente a un ordenador sin hacer nada de nada. Esta cultura también contribuye al descenso de la productividad y crea profesionales quemados, lo que se resume en una fuga más que probable de talento en la empresa.

El verdadero trabajador del siglo XXI es un colaborador que suma valor a la empresa desde su “saber hacer” y desde “hacer lo que debe hacer”. Si no se les permite esto, es por una completa falta de confianza en ellos.

Un trabajador no es mejor por estar más horas en su puesto. Hay que desterrar ya la cultura del “presentismo”, cada cual debe tener unos objetivos que cumplir y es por ellos por los que ha de ser evaluado y no por estar más o menos tiempo calentando una silla.

Bibliografía:

    Project Manager & Full-stack Developer

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