Innovación inclusiva

¿Una respuesta a la desigualdad en América Latina?

La palabra innovación evoca por lo general otras nociones que se encuentran estrechamente relacionadas con el mundo de los negocios y el desarrollo económico. Palabras como crecimiento, tecnología, inversión, conocimiento, productividad -entre otros- están ya bien instalados en una cultura que ha encontrado en el emprendimiento y los en procesos de innovación una larga lista de beneficios para quienes tienen la oportunidad de formar parte de ella.

Sin embargo, la economía basada en el conocimiento requiere justamente eso: conocimiento. Recurso al cual un gran número de personas en nuestro país no tiene acceso. Las actividades que se desarrollan en la industria de alta tecnología demandan un conjunto de conocimientos altamente especializados. La capacidad de innovación está estrechamente relacionada con el poder de adquisición de tecnología, su uso y transformación.

Por otro lado, tenemos que de acuerdo al Foro Económico Mundial (WEF), América Latina es la región más desigual del mundo:

En la región, el 10% de las personas posee el 71% del total de la riqueza y si la tendencia continúa, en 6 años el 1% de las personas tendrán más riqueza acumulada que el 99% restante.

El indicador más utilizado para medir la desigualdad es el coeficiente GINI, desarrollado por el Banco Mundial, que mide la desviación de una perfecta distribución del ingreso entre los habitantes de un determinado país. Varía de 0 (cero) a 100, donde 0 (cero) implica perfecta igualdad y 100 perfecta desigualdad.

Es importante señalar que el índice GINI por sí solo no proporciona una visión completa sobre la situación económica o el crecimiento de un determinado país. Por ejemplo, un país en crisis puede estar mejorando su distribución del ingreso porque todos los habitantes se están haciendo igualmente pobres. O por el contrario, un país con alto crecimiento económico puede aumentar su desigualdad en la medida en que la brecha social se hace más grande. Sin embargo, a pesar de las limitaciones que éste indicador puede tener, el estudio de su variación histórica sí es un buen inicio para identificar que algo está pasando y que posiblemente necesita ser estudiado a fondo.

Dicho esto, si damos un vistazo rápido a las mediciones de los últimos años, observamos que los niveles de desigualdad han disminuido en la mayoría de los países en América Latina, con la excepción de México, donde se nota un incremento.

Source: Tesis de maestría “Innovation policies for Inclusive Development: Building up Inclusive Innovations in Latin America” (Dámaris Contreras-Luzanilla, 2016).

En este punto es importante señalar que a pesar de las notables mejoras en la distribución del ingreso, los niveles de desigualdad que actualmente tienen en conjunto los países latinoamericanos son significativamente más altos que la de otras regiones en el mundo.

Imagen: WEF, 2016. Disponible en https://www.weforum.org/agenda/2016/01/inequality-is-getting-worse-in-latin-america-here-s-how-to-fix-it/

Este contexto de desigualdad que vive la región nos pone en un dilema: ¿Cómo podemos impulsar la innovación en un contexto donde las oportunidades no son para todos? ¿Cómo aspirar a ser el próximo cluster de innovación cuando de la mitad de la población vive en situación de pobreza? ¿Cómo generar una cultura emprendedora cuando la gran mayoría de los jóvenes no tienen acceso a una educación de calidad? Una posible respuesta la encontramos en la innovación inclusiva.

Innovación Inclusiva frente a la desigualdad

En una serie de publicaciones bajo el título Innovation for inclusive growth, la OCDE ha puesto los reflectores sobre los esfuerzos que se hacen alrededor del mundo para fomentar la inclusión de la población que se encuentra en la base de la pirámide y las políticas de innovación que pueden ayudar a fomentar dicha innovación. La organización manifiesta que el desarrollo tecnológico no es el único fin sino que debemos asegurar que los beneficios de la innovación llegan a todos.

Una situación de vulnerabilidad como lo es la falta de oportunidades para participar en la economía del conocimiento pone en clara desventaja las capacidades de innovar que tienen las personas en situación de pobreza.

Para contrarrestar esta situación, la innovación inclusiva intenta incluir a las personas que de normalmente carecen de acceso al conocimiento en los círculos creativos, de emprendimiento e innovación. Las personas en la base de la pirámide pueden ser incluidas al ser consideradas como usuarios potenciales, como participantes de los procesos de producción y distribución o, en los casos más inspiradores, al ser ellos mismos quienes llevan a cabo una innovación.

Quizá la innovación no es la única respuesta para resolver de fondo el grave problema de desigualdad que tenemos en latinoamérica, pero sin duda es una herramienta poderosa que debemos considerar al momento de trabajar para crear un mundo más justo y equitativo.