Tips para orientarse bajo el agua.

Solemos escuchar que el sentido de la orientación es una cualidad connatural de algunas personas que “nacieron con eso”.

Cómo todo axioma que excluye a quienes no poseen algún tipo de habilidad, puede ser contrarrestado con pequeñas dosis de conocimiento y práctica.

Orientarse es un resultado que obtenemos por el análisis de determinados elementos que están ahí, alrededor nuestro, a veces quietos, a veces en movimiento; pero siempre, SIEMPRE, interactuando con algo más.

Durante la práctica del buceo, el instrumento más apropiado para conseguir una buena “orientación” es un compás subacuático.

Noten que escribí la palabra “orientación” entre comillas, porque lo cierto es que el compás de buceo es un instrumento de navegación; es decir, nos ayuda a movernos de un punto A hacia un punto B, con una precisión mayor.

Esta distinción es importante porque, si prestaron atención al título, este post tiene que ver con la orientación. Para lograr una buena referencia y posicionamiento de nuestro cuerpo, es necesario poder obtener información de aquello que vemos cuando estamos sumergidos.

Quizá les cause gracia, pero el primer principio para orientarse durante una inmersión es escuchar atentamente el briefing del Dive Master. Un punto de buceo puede ser nuevo para nosotros, pero jamás será desconocido. La persona encargada de la operación de buceo tiene entre sus funciones preparar a los buzos para garantizar la seguridad de la maniobra. Un Dive Master les dará aviso sobre la topografía del lugar, la profundidad de la inmersión, qué cosas van a ver cuando estén sumergidos, les indicará cuál es la dirección de la corriente, etc. Esas primeras referencias son muy importantes, ya que si algo de lo que nos fue advertido no se condice con lo que efectivamente estamos viendo, probablemente algo no esté saliendo de la manera en que se planificó.

Cuando se realizan buceos de costa, tanto en el mar como en un lago de montaña, hay veces que no suele ser tan clara la ubicación de la orilla respecto de nuestra posición. No obstante, resulta bastante sencillo poder encontrar el camino de vuelta hacia la playa. Lo que hay que hacer es prestar atención e interpretar los movimientos del agua: cuando nos encontramos cerca de la orilla es muy probable que sintamos la fuerza del oleaje; el empuje del agua siempre será más fuerte cuando lo haga en sentido hacia la costa, que cuando regrese “hacia adentro”.

Otra cosa que ocurre cerca de la orilla es que ese mismo movimiento de agua genera ondulaciones en la arena que, siempre, se encuentran orientadas en sentido paralelo a la costa.

De lo que estamos hablando acá es de poner en juego un tipo de orientación inferida a través de la naturaleza.

Algunas veces, la ansiedad nos juega una mala pasada y es en estos casos cuando, a veces, lo evidente suele pasar desapercibido. Pero antes voy a traer al llano una idea que, hasta ahora, estuvo implícita: orientarse debajo del agua es tratar de entrar y salir en el mismo lugar; es decir, sólo sabiendo hacia dónde vamos podemos descubrir cómo volver. Ascender a la superficie para reorientarse no es un pecado, pero hacerlo repetidas veces durante la misma inmersión no está recomendado porque, se sabe, aumenta los riesgos de descompresión.

Volviendo al tema de lo evidente: cuando buceamos, hay pocas cosas más evidentes que un paredón de piedra. Este se puede extender tanto hacia el horizonte como hacia el fondo; y es importante que entendamos cómo orientarnos en este tipo de situaciones. Los paredones se bucean en extensión, o en palabras más sencillas, de ida y vuelta. A veces, la longitud de estas extensiones es muy grande y, en el entusiasmo, sólo avanzamos en una sola dirección sin considerar que tenemos que regresar con el aire suficiente. Para evitar quedarnos sin aire, un truquito muy sencillo es medir la distancia recorrida desde que comenzamos a bucear en un paredón. Las dos formas más útiles de medición son: conteo de patadas, que consiste en contar la cantidad de patadas efectuadas en una dirección; y la otra es conteo de tiempo, que para esto necesitamos algo tan simple como un reloj. En ambos casos, retornaremos al punto de inicio repitiendo el mismo número que conseguimos en la ida. Por ejemplo, si aleteo 20 minutos de A hacia B, lo más probable es que con un margen de error mínimo, me alcancen 20 minutos para volver de B hacia A (o 40 patadas de ida y 40 patadas de vuelta).

El punto débil de la técnica anterior aparece cuando buceamos contra una corriente donde, se entiende, nuestra trayectoria será más o menos rápida de acuerdo a si somos empujados por la corriente o avanzamos contra ella. En estos casos, no hay que olvidarse que siempre es mejor iniciar los buceos a contra corriente; porque en caso de que la fatiga o los calambres nos impidan seguir aleteando, el empuje de la corriente nos ayudará a retornar a nuestro punto de partida.

Cortito y elemental, pero más de lo que sabían. Hay otras formas de mejorar la tan envidiable orientación natural, pero para eso hace falta práctica y estudio. El conocimiento reduce el margen de error y aumenta la calidad de los buceos.

Por último, recuerden que una comunicación fluida y constante con el compañero de buceo aumenta no sólo nuestra seguridad, sino también nuestro conocimiento; porque ahí donde nosotros hacemos agua, un amigo puede ayudarnos a hacer la diferencia.

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