Un argentino en el campeón
Francisco Cáffaro es el primer argentino en mucho tiempo en llegar a la elite universitaria. Su equipo, el último campeón Virginia, se enfrenta a los Orange en el debut de la temporada 2019–20 de la NCAA. Cómo será la temporada de uno de los juveniles argentinos más prometedores.

Argentina logró ser subcampeón en el Mundial de China. Lo hizo en la conclusión de un proceso de recambio generacional, con el asentamiento de jugadores como Campazzo, Garino, Deck y Vildoza entre otros. En el devenir de estos nuevos valores el futuro parece asomar con un panorama alentador. Por un lado hay un grupo de nuevas estrellas (sobre todo los de Real Madrid y Baskonia) compitiendo y siendo parte importante de los equipos más grandes del Mundo FIBA y por otra parte un grupo de juveniles se empieza a hacer un lugar en las competencias de mayor nivel de exigencia.
Francisco Cáffaro forma parte de la Categoría 2000, una generación que cosecha elogios e ilusiona para el futuro. Además del hecho que el santafesino llegue al equipo campeón universitario en Estados Unidos, el base Francisco Farabello también estará en la competencia universitaria formando parte de TCU, equipo que compite en otra de las Conferencias Majors (Big XII).

Y a estos dos se suma quizás el de mejor actualidad: Leandro Bolmaro. El alero es parte de la rotación habitual de Barcelona, candidato al título en Liga de España y Euroliga. Estos tres jugadores, que juntos lograron un 11º puesto en el Mundial U19 en julio con tres victorias ante Selecciones europeas, cimientan la esperanza del actual subcampeón del mundo.
En este contexto, y en una posición como la de pivote en la cual Argentina no tiene una gran cantidad de variantes de elite más allá de Marcos Delía o su hermano Agustín Cáffaro, el hecho de que Francisco llegue a un nivel de competencia como la que va a disputar es sumamente importante para el futuro. La NCAA es el paso previo a la NBA, de ahí surgen los talentos que hoy brillan en la mejor Liga del Mundo. El roce y la competencia que pueda llegar a obtener en el primer nivel universitario es clave para su desarrollo como jugador y lo que pueda aportar al equipo de Sergio Hernández en un lugar de la cancha en la que Argentina necesita jugadores.
Virginia y la victoria del sistema
Virginia viene de ganar su primer título en la historia en 2019 tras ser el primer equipo preclasificado N° 1 en ser derrotado por un sembrado N° 16 en 2018. Esa historia de resurrección tan clásica de película estadounidense, sirvió para que el equipo que dirije Tony Bennett pueda resurgir desde la derrota más cruel hasta el éxito más grande.
¿Y cómo lo hizo? Acentuando la marca que distingue al programa de los de Charlotesville: el sistema. Por sobre todas las cosas Virginia es un equipo reconocible. Si de pronto le pusieran remeras blancas a todos los equipos, uno podría identificar rápidamente quienes son los que pertenecen a los Cavaliers. La defensa es el rasgo más identitario del equipo que ahora integra de manera oficial Cáffaro. Un dato que sirve para marcar lo estructural de la defensa de Virginia es que en las últimas dos temporadas el equipo estuvo dentro de los 5 equipos que peor hacen tirar a sus rivales en cuanto a porcentaje. Y esto tiene que ver con la intensidad del sistema, con las aceitadas ayudas dentro de las jugadas y con la incomodidad con la que hacen tirar a sus rivales.
Por todo lo expuesto, es una buena noticia el año que el argentino ha pasado como “red shirt”, siendo parte en los entrenamientos sin competir y dentro del mundo “naranja”. El equipo de Charlotesville basa gran parte de su juego en el trabajo previo, en el ensayo de los sistemas. Es uno de los equipos que, a contramano de las grandes luminarias universitarias, decide tener un ritmo de juego de pocas posesiones ofensivas. De hecho fue el equipo con ritmo más lento de los 351 participantes en la NCAA. Y en este sentido se resalta el tiempo de adaptación que Cáffaro ha podido acumular. Los interiores de los equipos de Virginia se han destacado porque el sistema mismo los hace lucir y aquí el argentino tendrá una chance para despertar miradas ajenas. Los internos Cavaliers son claves para ganar cada centímetro de espacio en ofensiva con cortinas y son vitales en cuanto a la defensa de la zona pintada, un aspecto indiscutible de los últimos campeones.
Podemos concluir en que Francisco Cáffaro se inserta en un equipo atípico para el basquet moderno. De ritmo pausado, trabajado, de movimientos casi programados. Lo positivo es que el satafecino ha pasado un año de aprendizaje y adaptación que sin duda lo ayudará a ingresar en la rotación con mayor facilidad.
El campeón con cirugía mayor
Virginia tendrá un año de recambio total. Las tres principales figuras del equipo campeón se han ido a la NBA. Kyle Guy viste ahora la camiseta de Sacramento Kings, Ty Jerome la de Phoenix Suns y De’Andre Hunter la de Atlanta Hawks. ¿Qué perdió el equipo con la ida de estos tres jugadores?. Liderazgo es la más importante. Los tres fueron elegidos en el quinteto ideal de la ACC, la Conferencia en la que compite Virginia. En términos estadísticos, acumalaban 44.2 de los 70.4 puntos que promediaba el equipo. Los tres promediaron más de 30 minutos por encuentro (se juegan 40). Todo esto expone la vital función que cumplían este trío dentro del equipo.

En este contexto la reconstrucción dependerá del tiempo de adaptación que tendrán los nuevos elementos en el equipo. En cuanto al juego interior que es el lugar de Cáffaro el principal bastión de Virginia será Mamadi Diakite. El pivote guineano, de excelentes habilidades defensivas y sobre todo en cuanto a tapones, deberá asumir el protagonismo en ambos lados de la cancha tras asumir un rol de complemento en el equipo campeón. Algo más parecido a su actuación en el Madness donde promedió 32 minutos, 9 puntos y 2 tapones por encuentro. En los minutos que deje Diakité de descanso estará el lugar disponible para el santafesino.
En gran medida a Cáffaro le tocará ocupar parte del lugar del neocelandés Jack Salt. Un pivote de estilo muy parecido al argentino. Protector del aro, poder reboteador y creador de espacio. Quizás el argentino le pueda agregar un poco más de poder ofensivo de lo que Salt aportaba.
Francisco Cáffaro se encuentra ante una oportunidad muy grande. Jugará una temporada entera contra los prospectos más importantes del básquet universitario estadounidense y muchas de las futuras estrellas NBA. La Selección Argentina tiene en la mira a un jugador interior de características poco comunes en la historia. Como la pelota naranja, Francisco tiene el futuro en sus manos.
