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Me gusta escribirlo cuando no puedo decirlo

En 55 días se acaba el año y casi que puedo hacer un balance anual. Me parece hermoso y reconfortante poder mirar en retrospectiva el tiempo que ha quedado atrás; porque es así como entiendo ciertas situaciones y sigo teniendo esperanza en el camino.

Así las cosas, si me preguntaran por el 2019 diría que estuvo lleno de vacío. Desde que comenzó el año, el vacío quiso quedarse conmigo, y cuando hablo de vacío me refiero a una sensación en el pecho que me invadía después de ciertos cambios o movimientos a los que ya no podía resistirme más.

No…


Lloremos porque la lealtad nos quedó grande. Lloremos porque no usamos la inconformidad como algo positivo sino porque esta nos vuelve infelices.

Lloremos porque la gente que creemos conocer, al final es un espejismo. Lloremos por aquellos a los que les dimos mucho más de lo que debíamos.

Lloremos por las tusas de amigas que duelen muchísimo más que las tusas de amor. Lloremos por esos que nos tienen pero no ven la grandeza de quien somos.

Lloremos por las personas que dejamos ir por estar distraídos con personas que no valen ni un centavo. …


Nos enseñaron a cuidar de todos: de la familia, de los amigos, de las parejas. Lo que nunca nos enseñaron fue a cuidar de nosotros mismos. Lo que nunca nos recordaron es que pasamos el 100% del tiempo con nosotros mismos.

Decidí escribir esto, como escribo mis tareas diarias en el trabajo, porque no quiero olvidarlo nunca. La cosa es así:

¿Cuántas veces nos hemos hecho promesas a nosotros mismos que jamás cumplimos?: “mañana me levanto temprano”, “hoy como mejor”, “este año sí ahorro”, “no me vuelvo a dejar tratar así”, “voy a estudiar más”. En fin. Mil promesas sin…


Hay momentos en que, sin buscarlo, la vida nos regala estos colores.

Hay momentos en la vida en que hay que parar.

En que queramos o no, nos toca vivir con lo que sea que la vida nos esté mandando. Hay momentos en la vida en los que tenemos que entender señales, hacerle caso a la intuición, dejar el miedo, sentir más, pensar menos, alejarnos de personas o situaciones que no nos dan tranquilidad, que nos alejan de nosotros mismos.

Hay momentos en la vida en los que es momento de aceptar: que tomamos una mala decisión, que permitimos la entrada de personas que no debíamos, que nos quedamos en un lugar…


(Pdta. Lo bueno tampoco dura cien años)

Esta la tomé cuando una gaviota iba pasando por mi lente.

Las olas se forman y en cuestión de segundos se desvanecen. Las mejores canciones y películas también tienen un final, la comida deliciosa se acaba, los viajes pasan, las mariposas en el estómago se transforman, las malas rachas cambian, las buenas igual. Perder a una persona duele, pero el dolor pasa. Las heridas físicas o del corazón se cierran, los partidos de cualquier deporte se acaban. La lluvia y el sol se alternan, no todos los días llueve a cántaros o hace un sol picante, sobretodo en Bogotá. Las enfermedades se curan o en su defecto, nos llevan a otro…


¿Cuántas veces nos hemos levantado sintiendo que no pertenecemos a la realidad que nos rodea? A mí me pasa que hay días en que me levanto sintiendo mucho y, al parecer, pensando poco… O más bien, pensando tanto que siento en exceso. No lo puedo decidir.

Me levanto con una sensación de no estar, de vivir con el cuerpo en la tierra y con el alma en el lejano y enano Plutón. De querer dormir hasta el siglo XXII. De poner la mente en blanco. De no hacer nada por distraer los pensamientos negativos que llegan con tanta fuerza como…

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